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Publicado el

30
junio
2021

Crítica de 1997: Rescate en New York

1997: Rescate en Nueva York

El maestro Carpenter en todo su esplendor

Esta semana os invito a revisitar una de las obras más célebres de uno de mis directores favoritos (y sospecho que no soy el único ni mucho menos): John Carpenter.

Asociado asiduamente al cine de terror y de ciencia ficción de serie B, este infravalorado realizador siempre fue menospreciado por muchos puristas cinematográficos debido a que sus proyectos parecían estar permanentemente asociados a historias sencillas de explotación de géneros; mas todo el que se atreve a profundizar sin prejuicios en la filmografía de Carpenter rápidamente advierte que pese a su irregularidad, la trayectoria de este director contiene mucho más de lo que aparenta.

Dicho esto, vamos a meternos ya en faena que me enrollo como las persianas. Bienvenidos y bienvenidas una semana más a este humilde rincón cinéfilo. ¡Arrancamos!

10 cosas que (probablemente) no sabías de '1997: Rescate en Nueva York'
Cuando sabes que molas un huevo y parte del otro, pero no te importa porque odias a la gente. FUENTE: https://www.20minutos.es/

John Carpenter: genio y figura

Nacido en Carthage, Nueva York, en 1948, constituye uno de los pilares fundamentales que contribuyó a consolidar el cine de terror y de ciencia ficción en los años 8o junto a otros dos portentos como fueron David Cronenberg y (en menor medida) Wes Craven.

Apasionado por el cine desde su juventud y con una personalidad indómita y rebelde, estudió cine y artes escénicas junto a ilustres creadores del séptimo arte como Dan O’Bannon (autor del guion de Alien, una de las mejores películas de terror y/o ciencia ficción de la historia) y pronto comenzó a despuntar como un fulgurante talento en el ámbito del cine de acción, terror y de ciencia ficción con sus primeras obras: la prometedora pero mejorable Dark Star (1974), la excelente Asalto a la comisaría del distrito 13 (1976) y especialmente la que es (junto a la que hoy analizaré en mayor profundidad y a La Cosa) una de sus obras más redondas: La noche de Halloween (1978).

Tras redefinir el género slasher, demostrar su admirable destreza para generar tensión y torturar a sus personajes en emboscadas dentro de angostos espacios cerrados, así como explorar otras alternativas dentro del género de terror sobrenatural como fue La Niebla (1980), Carpenter empezaría a acumular éxitos relativos que le erigieron como uno de los artistas más prometedores de su época.

Y fue en este contexto, consagrado como un artista con un estilo visual consolidado y propio, que tuvo la oportunidad de acometer uno de sus proyectos más personales hasta el momento.

Porque sí, en 1997: Rescate en New York tenemos de nuevo otro ejemplo de un director polifacético que se encargó hasta de llevar los cafés durante la producción de algunas de sus obras. En este caso, además de dirigir esta película, John Carpenter se encargó de componer su banda sonora (resulta conveniente recordar que su vínculo con el mundo de la música siempre ha sido muy estrecho), coescribir el guion junto a su colaborador habitual Nick Castle y producir la película. Básicamente, sólo le faltó ser el actor protagonista.

No obstante Carpenter nunca sobresalió por ser un autor proclive a pretenciosidades o ataques de ego desmesurado, y supo rodearse de los talentos apropiados para que esta película lograse un balance óptimo entre diversión, calidad y éxito comercial. Tal vez Carpenter se sintió más cómodo siempre en los turbios territorios del cine de serie B que en las superproducciones Hollywoodienses (no en vano La Cosa, una película más próxima a este modelo de película de alto presupuesto, fue un estrepitoso e injusto fracaso comercial), pero ello no conlleva que 1997: Rescate en New York sea una obra «cutre» o de recursos insuficientes. Básicamente el director neoyorkino sentía predilección por este tipo de productos a causa de que le concedía plena libertad para dar rienda suelta su fructífera creatividad.

Con un coste que osciló en torno a los 6 millones de dólares (elevado dentro de los estándares del cine de género), Carpenter y sus colaboradores consiguieron sacar adelante uno de los proyectos más icónicos e imprescindibles del cine de ciencia ficción de los años 80.

Este señor tan simpático consiguió algo que parecía poco factible: diferenciarse como un autor de cine de serie B «de gama alta». Y esta película terminó de asentarle en ese complicado terreno.

John Carpenter: «Soy feliz si oigo gritos en el cine»
Dicen que los viejos rockeros nunca mueren, y esperemos que tampoco se jubilen para siempre. John Carpenter es un hombre inteligente, excéntrico y con unas inquietudes y unos intereses muy definidos. Es una lástima que hace años decidiera anunciar su retirada del cine debido a su incompatibilidad irreconciliable con la decadente deriva que estaba adquiriendo el cine contemporáneo (desde su punto de vista). Ha sido tachado de simple, de sobrevalorado y de 300 cosas más, pero a él se la ventila. Porque cuando tomas un rumbo en tu vida e ignoras todo lo demás, los hechos terminan hablando por sí solos. Y los hechos demuestran que nunca fue el mejor, ni el más visionario, pero aún así nadie le arrebatará jamás su merecido puesto de honor como una leyenda de la historia del cine. FUENTE: https://www.larazon.es/

Un talento inconfundible

Desde el primer fotograma, y sólo con visualizar la secuencia introductoria, rápidamente sabemos que estamos ante una película de John Carpenter. Su efectivo manejo de la cámara, suave pero prácticamente continuo, recorre con igual delicadeza tanto los devastados exteriores de un Manhattan distópico como los lúgubres interiores de sus edificios semiderruidos o las impolutas instalaciones militares del gobierno de los EEUU. El majestuosos control de la imagen de Carpenter adquiere un poder de atracción sutil, hipnótico, que nos sumerge en la atmósfera de este extravagante futuro casi postapocalíptico otorgándole una verosimilitud que traspasa la pantalla y se sobrepone a una premisa argumental tan disparatada como sugerente.

El director neoyorkino nunca se caracterizó por ejecutar grandes cabriolas técnicas, fundamentalmente porque jamás le hizo falta. Su estilo, ya totalmente depurado en esta película, se centra en conectar al espectador con la historia y con sus personajes a través de mecanismos tan sencillos de imaginar como difíciles de ejecutar con éxito: el plano subjetivo, los planos detalle, la profundidad de campo y los largos planos secuencia o travellings.

Con estos recursos el director está logrando cuatro propósitos elementales: que el espectador examine el entorno y a sus personajes con furtiva rapidez; que sea capaz de interpretar la historia y anticipar la acción si es muy observador (atención a secuencias como la del suelo resquebrajado o la de las cintas de cassette); que perciba la tridimensionalidad de los escenarios pese a la limitación física evidente de las pantallas de cine y de TV, enriqueciendo el contenido visual de la obra; y garantizar un seguimiento persistente y dinámico de los sucesos que transcurren a lo largo del film, imprimiendo una inquietud creciente que estalla de manera impactante pero dosificada hasta culminar en un sarcástico y sensacional clímax final.

Porque sí: la principal virtud de 1997: Rescate en New York es que es plenamente consciente de su propia naturaleza, y no engaña al espectador. No es una comedia, pero tampoco pretende ser un drama trascendental que nos haga estallar la cabeza con intrincados giros de guion.

John Carpenter es plenamente consciente del relato que nos quiere contar, y partiendo de esa base articula una estructura dramática que persigue la eficacia y la coherencia. Carpenter, como otros grandes directores del cine de ciencia ficción de los años 70 y 80, sabía perfectamente lo que la audiencia esperaba y deseaba ver en una película de ciencia ficción de presupuesto modesto: diversión, acción y ciertas reflexiones filosóficas y político-sociales que nos insten a analizar nuestros males endémicos sin perder de vista que estamos ante una fábula poco realista.

Aún así, y pese a no ajustarse a la etiqueta de película de terror, hay escenas donde paradójicamente brilla el dominio de este director de la penumbra y de los sustos.

La primera mitad de la película no es terrorífica, pero sí tiene los momentos espeluznantes justos y necesarios para que la Manhattan de este film nos haga sentirnos afortunados de no tener que residir en ella.

De hecho, es tal la pericia del director de Carthage que en escasos momentos percibimos las limitaciones técnicas de esta película. Esta Nueva York nos resulta inmensa, baldía y asolada por la codicia y la inmoralidad humanas. Y a ello contribuye decisivamente la inconmensurable labor de un John Carpenter que rueda como los ángeles, y que ejerce como guía turístico de lujo a través de este infernal distrito.

35 Things You Might Not Know About Escape From New York | Movie-Blogger.com
Ver a Snake Plissken transitar (subfusil en ristre) por las sinuosas calles y pasillos de esta Manhattan de pesadilla es tan perturbador como apasionante. Esa cautivadora sensación de fascinación, de no saber cual será la siguiente bizarrada con la que su carismático protagonista se va a topar en la siguiente esquina, es una de las cualidades más destacables de esta película. Y este sentimiento puede explicarse, en gran medida, gracias a la funcional y atrapante manera que tiene Carpenter de expresar los sucesos más con imágenes que con diálogos. Hay mucho oculto en 1997: Rescate en Nueva York, y John Carpenter nos lleva de la mano a través de este particular tour que hará evolucionar tanto al bueno de Snake como a nosotros mismos: nunca veremos el cine de serie B de la misma forma. Serie B no es solo gore, argumentos absurdos o palabrotas: aquí es mucho más que éso, pero sin renunciar a lo otro del todo. FUENTE: https://www.movie-blogger.com/

 

Pese a todo lo anterior, y tal y como he enunciado previamente, Carpenter supo seleccionar con astucia a un conjunto de diseñadores y narradores que reforzaron la atmósfera de esta película hasta conferirle una esencia única que ha sido imitada y referenciada hasta la saciedad por películas y videojuegos posteriores. La magnífica fotografía de Dean Cundey, sucia y tenebrosa durante casi todo el film (reflejando a la perfección el ambiente lúgubre de esta Nueva York postapocalíptica) se ajusta a la perfección a las sensaciones que pretende transmitirnos John Carpenter.

Incluso en esos interiores asépticos, o en esas tecnificadas infraestructuras militares, el juego de tonalidades nos muestra las dos caras de la deshumanización: una artificial e impoluta, la otra violenta y genuina. Puede que la imagen a veces asemeje estar demasiado difuminada o sombría, pero es tan brillante el uso de la oscuridad en 1997: Rescate en New York que en todo momento sabemos qué esta sucediendo y cómo. Y cuando no, es porque a Carpenter no le interesa que lo sepamos. Cuando quiere, puede ser un troll de cuidado.

El diseño de producción de esta película, a pesar de su moderada financiación, es encomiable. Gran parte de las escenas se rodaron en St Luis este (Missouri), cuyo estado como urbe en declive se correspondía idealmente con la New York sometida a un Estado Policial que pretendía exhibir Carpenter. Desde sus sinuosas y degradadas calles y callejones, hasta sus otrora emblemáticos edificios, muchas películas de ciencia ficción presentes o futuras ambicionarían sin éxito alcanzar el nivel de inmersión que consigue 1997: Rescate en New York. Sí es cierto que tanto Los Ángeles como la propia New York (el hecho de que les permitieran grabar escenas en las inmediaciones de la Estatua de la Libertad fue toda una proeza en su época) albergaron determinadas secuencias indispensables, pero el conjunto arroja una homogeneidad espacial pasmosa.

Escenarios míticos como el ring o el teatro de variedades son ya localizaciones que perduran y perdurarán indelebles en la memoria colectiva. También son más que correctos sus efectos especiales, en los cuales estuvo implicado un tal J. Cameron (no confundir con M.Rajoy) que posteriormente saltaría a la fama como uno de los directores más prolíficos de esa década y de las siguientes. En definitiva, una obra que pese a ser de serie B goza de unos decorados y un apartado artístico sobresalientes (incluso en su diseño de vestuario apenas flojea, con atuendos tan reconocibles como la chaqueta de Snake o la extravagante indumentaria de El Duque).

Hechos Futuristas de Rescate en Nueva York
La interacción entre estos dos personajes está bien aprovechada, aunque no se desarrolle con excesiva profundidad. Snake desprecia a la humanidad gracias a personas tan poco fiables como Brain. Si veis o recordáis esta película, averiguaréis por qué. FUENTE: https://www.flipada.com/

Otro apartado donde la película destaca es en su excelente banda sonora. Tanto John Carpenter como Alan Howarth componen pistas primordialmente electrónicas y minimalistas, con predominio de los sintetizadores y una preeminencia clara de sonidos ambientales estridentes que enfatizan la tensión y la intriga.

Con un tema principal casi tan insigne como el de La Noche de Halloween, Carpenter sigue evocando a sus obras anteriores (el tema de la librería es muy similar al de la obra protagonizada por una Jamie L. Curtis que pone la voz a las computadoras del ejército estadounidense) sin dejar de lado la innovación sonora que proporcionan los instrumentos de cuerda o la mezcla de ruido para generar música.

Su aire retro futurista, próximo al cyberpunk, sus matices rockeros y sus toques de western encubiertos (no en vano, Carpenter es un apasionado confeso de este género y en particular de la figura de Howard Hawks) le confieren a esta banda sonora un carisma especial que la erigen como una de las más potentes de toda su filmografía.

Un reparto sólido y a pleno rendimiento

1997: Rescate en Nueva York es una de esas rara avis integrada dentro del cine de culto donde no fue necesario un plantel repleto de estrellas emergentes o consagradas para que sus interpretaciones fueran dignas de mención.

Un Kurt Russell (Snake Plissken) procedente de comedias ligeras y que previamente ya había trabajado con John Carpenter en Elvis (1979) nos obsequia con una maravillosa actuación como el magnético «Snake» Plissken; un antihéroe cínico y descreído que, lejos de experimentar un arco de transformación previsible o maniqueo, se topa con lo mejor y lo peor que el ser humano puede ofrecer.

Rusell tuvo que impostar su voz y adoptar una actitud diametralmente opuesta a su trabajo hasta el momento, proponiendo incluso la incorporación del parche en el ojo como otro rasgo de su personalidad; pero sin duda todo ese trabajo abnegado mereció la pena.

«Snake» es uno de los personajes más afamados de la historia de la ciencia ficción, y otros grandes artistas como Hideo Kojima (Metal Gear Solid, Death Stranding) lo consideraron como referencia inexcusable para recrear a sus propios antihéroes de acción e infiltración.

No obstante, aquí este Snake es notablemente más granuja y menos chico bueno que el agente de FOXHOUND: miente, insulta y asesina lo que haga falta para salirse con la suya. Así de simpático es el chico, aunque le queremos igualmente.

RESCATE EN NUEVA YORK noticia: Precuela en forma de trilogía - Web de cine fantástico, terror y ciencia ficción
«Snake» Plissken es uno de los ingredientes más definitorios de 1997: Rescate en Nueva York. Insurrecto, puñetero, silencioso, huraño y sorprendentemente leal con los que se lo merecen, nada sería lo mismo sin la esplendorosa actuación de un Kurt Russell pletórico. Pocas veces ha estado tan brillante como aquí, puesto que este perfil se convirtió desde entonces en uno de los registros que más ha interpretado a lo largo de su carrera. FUENTE: https://www.diariodevenusville.com/

Y si bien Kurt Russell es lo mejor a nivel actoral de la película, el resto del reparto tampoco le queda demasiado lejos.

Un físicamente comprometido Lee Van Cleef (villano habitual en muchos spaguetti western, que forzó a Russell a asumir un rol comparable al de Clint Eastwood) contrarresta esta incapacidad física con su inmensa presencia en un papel secundario pero relevante; Ernest Borgnine (Cabbie) rebosa expresividad en un increíble derroche de entrega que le esculpe como uno de los personajes y actores más interesantes del film; Donald Pleasence es un Presidente poco convencional y a la vez dolorosamente real; Isaac Hayes convence en una posición muy distinta a sus papeles más asiduos, y la dupla Adrienne Barbeau(una Maggie muy Sigourney Weaver)-Harry Dean Stanton (el ladino Brain) funciona a las mil maravillas.

No son personajes profundos, psicológicamente complejos ni deslumbran por su evolución dramática, pero tampoco lo necesitan; son rudos, son moralmente ambiguos, poseen caracteres atrayentes y sirven a su propósito con contundente eficiencia.

Al igual que en su guion, para valorar positivamente el desempeño de los actores en este film hay que interpretar en qué contexto se mueve y cuál es su finalidad. 1997: Rescate en Nueva York no es una obra maestra introspectiva de Ingmar Bergman, un drama criminal de Scorsese ni un prodigio inclasificable de Kubrick; es una película de distracción, entretenimiento y mala leche que los actores asumen y recrean de manera insuperable.

Una historia lineal y sencilla con mucha enjundia

Parafraseando al propio John Carpenter, el guion de 1997: Rescate en Nueva York emana pura linealidad; pero no entendida desde la perspectiva de lo simple o de lo previsible, sino del autorreconocimiento de sus ambiciones temáticas y de la dudosa seriedad de su argumento.

Esencialmente la historia parte de que a mediados de los años 80 EEUU está siendo consumida por una oleada de criminalidad sin precedentes, que exhorta a sus dirigentes a transformar el otrora próspero barrio de Manhattan (vete tú a saber que se fumó el bueno del tito Carpi para pensar en este barrio, más allá de subvertir el barrio rico en un nido de miseria pero igualmente inhumano) en una suerte de ciudad prisión de máxima seguridad. Varios años después, en 1997, el Presidente de los EEUU (de camino a una cumbre internacional con los otros dos contendientes de la guerra, China y la URSS) se estrella en pleno Manhattan tras haber sido secuestrado su avión por parte de un grupo terrorista; y casualmente (las conveniencias del guion brillan más que la calva de cierto luchador grandullón) anda por las inmediaciones uno de los rufianes más prestigiosos del país: «Snake» Plissken.

Veterano de guerra caído en desgracia, está tan invadido por la decepción y el descreimiento ante un Estado que le dio la espalda que sólo busca boicotearle y destruirlo. Irónicamente, Plissken es obligado (siguiendo métodos poco ortodoxos y todavía menos honestos) a efectuar en soledad y de incógnito la operación de rescate del Presidente.

Carpenter formuló esta trama como un pretexto para disfrazar de divertimento lo que en realidad es una crítica velada a la Norteamérica de la era Reagan (aunque muchos de sus lastres endémicos perduran a día de hoy), y a las progresivas y crecientes militarización social y represión política. Y la jugada le salió redonda.

26 SNAKE PLISSKEN ideas | snake plissken, john carpenter, kurt russell
FUENTE: https://www.pinterest.com

El guion moldeado por John Carpenter y Nick Castle opera con éxito a dos niveles: como historia de ciencia ficción distópica es furibundamente entretenida, con personajes estrafalarios y pequeños giros de guion que derriban algunos de los clichés de la serie B mientras preserva otros que hay que pasar por alto para disfrutar de la película como se merece; por otro lado (y aquí es donde 1997: Rescate en Nueva York retoma el legado de la ciencia ficción especulativa previa a la revolución que impuso Star Wars), la historia está impregnada de reflexiones acerca de temas sociales tan relevantes como la corrupción política, el compromiso moral, la misericordia, la pérdida de los valores éticos humanos, las consecuencias de la guerra, el anarquismo como alternativa política al autoritarismo, la degradación del individuo y del colectivo y el enfrentamiento perpetuo entre el capitalismo de Estado y el socialismo. Resulta evidente que estos elementos argumentales no están tan desarrollados como en una película de serie A con trasfondo filosófico, pero es incuestionable que Carpenter las introduce para instar al espectador a extrapolar detalles de la trama al mundo en el que habita.

En los simples y directos diálogos esto solo se insinúa, pero el director se encarga de exponerlo al espectador con su elegante puesta en escena. La cohesión entre texto e imagen es total, y John Carpenter sabe ofrecer esta doble lectura sin que una haga resentirse a la otra en ningún momento.

En conclusión, 1997: Rescate en Nueva York es una fantástica película de ciencia ficción distópica de serie B que pese a haberse visto parcialmente afectada por los envites del tiempo (su limitado presupuesto se deja notar en contadas ocasiones) y a verse restringida en cuanto a complejidad por las limitaciones de su propuesta, sigue igual de vigente a día de hoy y se erige como una de las mejores obras de su talentoso director.

Es dinámica, es frenética, es disparatada, es metafórica y gestiona con habilidad el delicado equilibrio entre lo paródico y lo crítico. El cine de acción y de ciencia ficción actual no se entiende tan bien sin el bagaje preliminar de esta cinta, así que os recomiendo a todos que le deis una oportunidad.

Si la visualizáis con la actitud adecuada, sin esperar un blockbuster descerebrado pero tampoco una película de autor intrincada e indescifrable, iréis por buen camino. Es cine de evasión con mensaje y con una personalidad avasalladora. Ni más ni menos. Espero que la disfrutéis tanto como hago yo cada vez que la veo. Mucha salud y mucho cine. Hasta la semana que viene.

 

VALORACIÓN: 9

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