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Publicado el

17
febrero
2021

Crítica de “Bajocero” de Netflix, con Javier Gutiérrez

Una despiadada lucha por la supervivencia y la justicia

Bienvenidos una semana más al rincón más friki, y por lo tanto sensual, (😁) de toda la Internet. En esta ocasión volvemos una vez más a películas exclusivas del catálogo de Netflix; concretamente, a una producción española inicialmente concebida para su proyección cinematográfica pero que ha terminado distribuyendo nuestra querida plataforma de streaming por las razones que ya os imaginaréis. ¿Estamos ante un producto intrascendente de los que pueblan su extenso catálogo, o se trata de un film que realmente merece la pena? Vamos a verlo.

¡Deja la crítica ahí donde yo pueda verla! ¡Como nos vuelvas a cascar otro tostón más largo que la Biblia te abro un agujero nuevo entre los ojos!
FUENTE: https://www.filmaffinity.com/

El auge del cine español

Todo el que me conoce sabe que, al menos en lo que al mundo cinematográfico respecta, no suelo considerar el factor de la nacionalidad de origen de una película como un factor relevante a la hora de valorarla. Y, por supuesto, con Bajocero no haré ninguna excepción. Sin embargo, sí que me gustaría aprovechar esta crítica para hacer un pequeño inciso sobre el que para mí es un fenómeno agradable que (ojalá) no se vea también devastado por la pandemia. Y esta reflexión se basa en el argumento de que el cine español lleva unos años (tal vez décadas) experimentando un crecimiento descomunal en la cantidad de productos cinematográficos de calidad.

Sin tener en cuenta el mundo de las series de televisión (recientemente hemos disfrutado de auténticas obras maestras como Patria, Antidisturbios o La Unidad que bien se pueden colocar perfectamente entre las mejores de los últimos años a nivel mundial), la industria fílmica española lleva un tiempo trayéndonos infinidad de proyectos que atesoran unos valores de producción cuya limitación presupuestaria se ve compensada por un conjunto de grandes actores, directores y guionistas. Desde obras ya míticas como Abre Los Ojos, Volver, El Orfanato, Hable Con Ella o Celda 211, hasta peliculones más recientes como La Isla Mínima, Quien a Hierro Mata, La Trinchera Infinita, El Hoyo, Tarde para la Ira o El Reino; para todos aquellos que durante años han reivindicado el estereotipo de que en España «solo se hacen comedias malas» (obviando más de medio siglo de productos memorables que han marcado nuestra historia cultural), el cine nacional continúa dándonos una alegría tras otra. Y en este contexto, donde muchas obras españolas compiten indiscutiblemente en calidad y cantidad (aunque desgraciadamente no en premios) o bien con el mejor cine independiente, o bien con los más bombásticos estrenos de Hollywood, aparece Bajocero. ¿Está dentro de esta categoría de obras nacionales que merecen la pena para el público general? Seré claro:, aunque no esté al nivel de las mejores producciones cinematográficas españolas de los últimos años.

Este peculiar grupo de prisioneros aporta más de lo que parece a la historia. Algunos serán carne de cañón, mientras que otros participarán en algunos de los mejores momentos del film.
FUENTE: https://www.filmaffinity.com/

Un producto con un envoltorio más que correcto

Lluís Quílez, director para mí completamente desconocido, se encarga de trasladar esta historia a la pequeña pantalla con gran eficacia e inteligencia. Alejado de virguerías técnicas (aunque algunos planos secuencia cortos evidencian una nada despreciable calidad técnica), su trabajo tras las cámaras se focaliza en intensificar la sensación de opresión que pretende transmitir durante la mayor parte de la trama. Aunque sería injusto no mencionar que algunos de sus planos aéreos son atractivos y también cumplen una notable función atmosférica, es en los planos más cerrados y angustiosos donde más se percibe el notable trabajo de planificación que existe en esta película. No resulta sencillo dirigir en el interior de vehículos y que todo no se vuelva genérico y confuso. En Bajocero la tensión y el suspense están presentes casi en cada momento, y la dirección de Lluís Quílez se encarga de enfatizarlo constantemente. A veces su narrativa visual puede llegar a ser demasiado explícita; pero si es capaz de pulir esta falta de sutileza en el futuro tendremos ante nosotros a otro nuevo talento emergente detrás de las cámaras.

La factura técnica de Bajocero es en general muy buena, y no tiene nada que envidiar a cualquiera de los buenos thrillers estadounidenses o coreanos que llevamos viendo desde hace bastantes años. La película rezuma elementos de John Carpenter (Asalto a la Comisaría del Distrito 13, concretamente) y de otras películas de intriga y acción en vehículos como la sensacional Snowpiercer (hay una secuencia nevada que me recordó a este film); y pese a que se nota claramente que la película no goza de un presupuesto boyante, es capaz de contrarrestar estas puntuales deficiencias de calidad de efectos visuales con un diseño de producción excelente y un tratamiento excepcional de los espacios cerrados.

Algunas secuencias del film (especialmente en su tramo intermedio) nos pueden recordar a clásicos del slasher o de películas de secuestros como Saw. Pese a ello, el film termina transitando por otros derroteros completamente distintos.
FUENTE: https://www.elespanol.com/

La fotografía de Isaac Vila es oscura y nebulosa, con un granulado muy setentero que contribuye perfectamente a reflejar con sus tonos fríos la crudeza de la violencia que emerge en pantalla. Incluso en las escenas que transcurren a plena luz del día el tono de la imagen permanece apagado y grisáceo, en correlación con la ambigüedad moral de la práctica totalidad de sus personajes. Un genial trabajo en este apartado.

La banda sonora de Zacarías M. de la Riva es ambiental y enormemente inmersiva. En determinados instantes se mantiene en un segundo plano, acrecentando la tensión y manejando los silencios con destreza; para estallar en las situaciones de mayor frenesí con muros de sonido y efectos que me han recordado a grandes compositores afines a este tipo de recursos como Hans Zimmer, Junkie XL, Lorne Balfe o el tristemente fallecido Johann Johannsson. Un buen trabajo que, sin deslumbrar, cumple su cometido con eficiencia y sobriedad.

En Bajocero la tensión y el suspense están presentes casi en cada momento.

Un reparto coral reforzado por un duelo interpretativo impactante

No se puede hablar de esta película sin tener en cuenta su sensacional duelo interpretativo entre dos grandes titanes españoles actuales: Karra Elejalde y Javier Gutiérrez. Pese a que una vez vista la película se puede concluir que el protagonismo de ambos no es tan omnipresente como cabría esperar, ello se debe más a un acierto de guion que a un hipotético mal desempeño de sus actores. El libreto pretende proporcionar a (casi) todos sus personajes un mínimo trasfondo y arco dramático que nos facilite empatizar con ellos como espectadores. Finalmente, son los personajes de Elejalde y Gutiérrez los que salen más beneficiados en este reparto de peso argumental (no en vano son los «pesos pesados» del proyecto); pero en diversas ocasiones su imponente presencia en pantalla se debe más a mérito de los actores y menos a un acaparamiento de metraje. Javier Gutiérrez es un actorazo siempre sólido y con personalidad, capaz de levantar incluso los más insulsos papeles concebibles (me viene a la mente aquel capitán Torquemada de Assassin’s Creed tremendamente desangelado) con su carisma y sus dotes gestuales. Su personaje, Martín, comienza siendo el típico policía disciplinado y ferviente respetuoso de la Ley; pero rápidamente veremos que su personalidad es mucho más compleja de lo que parece.

Karra Elejalde, por su lado, es un actor clásico del cine español. Al igual que Gutiérrez, es capaz de participar en proyectos de muy variada índole (aunque es más asiduo a proyectos de comedia). Desde mi desde mi humilde punto de vista es en estos papeles dramáticos y moralmente ambiguos donde más destaca, aunque inequívocamente es un actor todoterreno que siempre garantiza un buen desempeño. Tras deslumbrarnos en la reciente Mientras Dure La Guerra de Amenábar interpretando a un sensacional Miguel de Unamuno, aquí adopta un papel más próximo al de villano antiheroico. No es hasta bien avanzado el film que nos ofrece una actuación en todo su esplendor; pero cuando lo hace, se come la pantalla con su naturalidad y camaleónica habilidad para hacer creíbles a sus personajes. No desvelaré nada más acerca de su personaje para evitar los temidos spoilers; me limitaré a deciros que conduce la trama con habilidad, y que es responsable de levantar el ritmo de la trama cuando ésta (por desarrollo de guion) decae ligeramente.

Lo de Javier Gutiérrez empieza a ser escandaloso. Papel que recibe, papel que borda. Su carrera ha ido en ascenso meteórico desde aquel icónico papel en águila Roja, y en esta película encuentra la horma de su zapato con un también sobresaliente Karra Elejalde. FUENTE: https://www.filmaffinity.com/

No obstante, lo que más me sorprendió de Bajocero fue la inesperadamente crucial aportación de algunos de sus actores secundarios. Comenzando por un magistral Luis Callejo (su personaje es oro puro, y sus diálogos de granuja son cautivadores), continuando con un sorprendente Isak Férriz y llegando a un Patrick Criado que pese a repetir esquema de personaje con respecto a Antidisturbios, vuelve a hacer un muy buen trabajo. El resto de actores tampoco desentonan, aunque sus personajes se vean más perjudicados por la bidimensionalidad del cliché.

Una historia sencilla pero potente

La premisa de Bajocero se plantea con más enjundia visual que argumental: Martín es un policía recién llegado a su nueva comisaría que recibe como primer cometido la supervisión y el transporte de un traslado de presos en un furgón policial. Lo que parecía destinado a ser un trabajo arduo pero rutinario, se transforma en una pesadilla que forzará a todos los implicados a luchar por su supervivencia en unas condiciones opresivas y angustiosas.

Cuando sales de fiesta con tus amigos y la policía os pilla haciendo botellón.
FUENTE: https://www.filmaffinity.com/

Bajocero no está exenta de errores desde una perspectiva estrictamente narrativa. La película muestra sus cartas demasiado rápido, y revela información esencial para la trama con excesiva antelación. Esta decisión creativa provoca que a partir de ese momento su capacidad de sorpresa decaiga, y por tanto el resto del film pierda (sólo en parte) su tensión y la intensidad de su intriga. La película sigue siendo adictiva y sus personajes atrayentes, pero intuimos qué personajes van a resultar más relevantes y cuáles van a ser sus trasfondos y motivaciones. Este problema, que sin ir más lejos también encontramos en películas de inmensa calidad con excelsas interpretaciones como esta Bajo Cero (de hecho, me recordó a la notable Todos Lo Saben), que fundamentan el interés de su trama en el enigma de descubrir al autor o autores de los hechos y las circunstancias que los rodean, es una equivocación muy recurrente. Hallar el equilibrio entre ofrecer demasiadas pistas demasiado pronto al espectador o mantenerle en la inopia hasta una apresurada y torpe revelación final sin construcción dramática previa es frágil y complicado de encontrar; pero cuando una película resulta tan destacable en otros muchos apartados, debemos exigirle ser capaz de dominar también los tiempos narrativos y saber elegir la mejor manera de contarnos la historia. Todo ello, unido a varias inconsistencias o situaciones inverosímiles que por su escasez y relevancia limitada podríamos considerar perdonables; pero que, si las añadimos a las mencionadas pérdida de interés y bajón de ritmo a poco más de la mitad de la historia por contarnos demasiado y de una manera sobreexplicativa en demasía, nos queda un guion con problemas específicos y explícitos que no se pueden obviar.

Y desconciertan más los errores anteriores si asumimos que, por todo lo demás, Bajocero realmente está asentado sobre un guion sólido y directo que le sienta de maravilla a su cruda historia de venganza y sed de justicia. La evolución del personaje de Javier Gutiérrez (Jaime) es convincente y está respaldada por un desarrollo dramático maduro y tortuoso; el dilema moral que plantea el personaje de Karra Elejalde no deja de ser atractivo y comprensible pese a plantear un conflicto que ya está un poco visto (solo basta con recordar la prodigiosa Prisioneros, de Denis Villeneuve, que si no la habéis visto os la recomiendo encarecidamente); la tensión dramática se mantiene durante la mayor parte del film gracias a un por lo general impecable sentido del ritmo (sus 106 minutos de metraje se pasan rápido) que pese a ello permite respirar a sus personajes lo suficiente como para que adquieran interés de cara al espectador; e induce reflexiones suficientemente elaboradas acerca del sentido de la moral, de la justicia, la ética profesional, la rectitud ética y el eterno conflicto amor-racionalidad-disciplina.

FUENTE: http://www.elblogdecineespanol.com/

¿Es Bajocero una película perfecta? No, para nada. ¿Es una película recomendable? Sin duda alguna, especialmente si sois amantes del thriller, del western urbano (su tramo final es muy propio de este género), del cine con toques de terror y de las películas serias, ásperas, oscuras y de acción inteligente. No engaña a nadie: no estamos ante una película metafísica acerca del sentido de la vida, ni tampoco ante un producto de acción condescendiente para toda la familia. Es cine de acción e intriga para adultos. En una panorama internacional tan proclive al cine de acción palomitero y familiar sin apenas indicios de originalidad o riesgo, Bajocero supone un nuevo soplo de aire fresco que confirma la tendencia ascendente del buen cine español. Y ojalá se mantenga durante muchos años.

VALORACIÓN: 8

TRAILER:

Y ahora tened cuidado, chicos, que vamos a entrar de lleno en una breve sección de SPOILERS a cuchillo y sin piedad ninguna. Los que aún no hayáis tenido el placer de disfrutarla ya estáis tardando en entrar en Netflix a echarle un buen ojo.

¡¡¡¡¡SPOILER ALERT!!!!!! ¡¡¡DANGER!!!

Dos antagonistas que se retroalimentan

El que para mí constituye el giro más interesante del film es el que implica a la evolución del personaje de Martín (Javier Gutiérrez). Al principio del film se muestra como un hombre pacífico, respetuoso de la Ley e implacable con las sistemáticas transgresiones del reglamento que comete su compañero. Ello se refleja en la actuación contenida de este sensacional actor. Nada hace presagiar que un hombre tan determinado a ser ejemplo de conducta intachable, vaya a plantearse seriamente en ningún momento vulnerar su código moral en favor de un desconocido. Asumo que muchos pensaréis que la resolución final (antes de ese maravilloso cierre donde emergen los créditos) resulta demasiado previsible conforme avanza la película, pero…¿acaso no estamos hartos de historias donde los héroes siempre se muestran moralmente virtuosos frente a los villanos, y éstos casi nunca son realmente apoyados por los «héroes en sus justificaciones? En mi humilde opinión, y aunque hayamos disfrutado de finales tan rompedores en lo que a «gama de grises» respecta como los de Wind River o Comanchería, este desenlace no pierde ni un ápice de valentía ni de madurez.

Y a pesar de sus notables diferencias, la abrumadora influencia del personaje de Karra Elejalde (Miguel) provoca una mutación paulatina pero irreversible en la personalidad de Martín. Como se deriva de otras obras similares en cuanto a tono y «moraleja final» (poniendo ejemplos recientes, Joker o No Matarás), el hecho de haber sido sometido a un estrés psicológico y físico extremo propicia que incluso personas moralmente admirables se conviertan en lo contrario a lo que representaban. Martín no comparte el turbulento pasado de Miguel en cuanto a historial profesional (o así nos advierte el personaje de Patrick Criado), pero dos hechos auspician que termine empatizando con él hasta el punto de culminar su venganza y quebrantar sus propios preceptos morales: por un lado, Martín también tiene hijas y admite que él también haría lo mismo por ellas; por otro lado, el personaje de Patrick Criado se reivindica como un ser despreciable que se sirve de la buena voluntad de los policías como Martín para no recibir su justo castigo por las aberraciones que perpetran. Esta dinámica de justicia oficial frente a justicia moral nos conduce a una trascendental reflexión acerca de casos tan deleznables como los que hemos sufrido en los últimos años (Marta del Castillo, Mariluz Cortés, violaciones en grupo y similares). ¿Contribuye la actitud reformadora a solucionar este problema, o sólo incentiva a los delincuentes a que reincidan en su comportamiento al no haber recibido un castigo ejemplar? Lo dejo a vuestro buen criterio, como siempre. Que paséis una gran semana- Mucha salud y mucho cine.

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