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Publicado el

10
julio
2021

Crítica de Carretera Perdida: Viaje al interior de la mente

Carretera Perdida

Viaje al interior de la mente

Por este pequeño y humilde espacio dedicado al cine han ido pasando de manera paulatina tanto genios legendarios como prometedores artistas, pero algunos de los más inclasificables y/o fascinantes de ellos todavía no habían acudido a esta cita pese a merecerse sobradamente mi modesto tributo. Uno de ellos, y tal vez uno de los más controvertidos, sea el maestro David Lynch. Venerado por muchos, denostado y tratado de pretencioso por otros, su figura tal vez sea una de las imprescindibles para entender el surrealismo cinematográfico contemporáneo. Así que, aprovechando que los cines Yelmo están ofreciendo en sus salas de cine la gran mayoría de la apreciable filmografía de este director, os traigo uno de sus films más representativos (y en mi opinión uno de sus mejores trabajos): Carretera Perdida (1997). Bienvenidas y bienvenidos una semana más La Guarida de Lockout. Vamos a darle duro, que hay mucho que contar.

Video. La incómoda intimidad de 'Lost Highway' de David Lynch - ENFILME.COM
3,2,1…¡ACCIÓN!    FUENTE:https://enfilme.com/

¿Portento o loco?

Antes de describiros brevemente la figura de este director, comenzaré advirtiendo que comparte ambas facetas. Lynch no es un artista especialmente accesible ni destinado a todo tipo de público, y éso es lo que le convierte en un icono cultural tan atractivo como indescifrable. Y esa clave de misterio absorbente se traslada naturalmente a prácticamente el conjunto de su obra, transformando la mayor parte de sus películas en un espectáculo onírico donde predominan los simbolismo y las convenciones de los géneros que toma prestados son retorcidas hasta la extenuación. El primer contacto de cualquier espectador con David Lynch suele ser intenso y complejo, distribuido en diversas fases de duración y orden variables; tal vez empieces desconcertado, y acabes cautivado por sus atmósferas (como es mi caso, he de admitir); o puede que comiences sintiendo genuino interés, y acabes hastiado del hermetismo que caracteriza a sus propuestas. Sea como sea, Lynch nunca deja indiferente. Y no lo afirmo con el tono de típico reclamo publicitario, sino como una definición relativamente precisa de la respuesta que suele generar habitualmente su cine. ¿Pero quién es este señor?, os preguntaréis algunos. Pues bien. David Lynch nació en Montana en 1946, y debido a la profesión de su padre (investigador agrónomo) vivió su infancia y adolescencia de modo itinerante y en ambientes primordialmente rurales; esto último, erigiéndose como un factor condicionante de la ulterior obsesión de David Lynch por mostrar paisajes naturales y/o boscosos y retratar a la gran ciudad como una fábrica de pesadillas. Tras su nefasto paso por la educación reglada, pronto halló su inspiración y modo de vida en el arte; en concreto, a través de la pintura. Así inició su formación y exploración de la plasmación del mundo exterior, pero pasado por el tamiz de sus inquietudes internas y su particular visión de la realidad (cualidad que siempre le acompañaría durante su posterior carrera cinematográfica, puesto que muchos fotogramas están tan meticulosamente planificados que bien podrían pasar por retorcidas obras pictóricas). No obstante, pronto advirtió el futuro director que a sus cuadros les faltaba un atributo fundamental: movimiento. Así es como el joven Lynch se sumergió en las procelosas aguas de los corto, medio y largometrajes (de hecho, a él se le atribuye la curiosa metáfora de que las ideas que germinan en películas se «pescan», y que dependiendo de que la captura sea buena o mala, así será el producto final). A partir de dos de sus primeras obras, La Abuela (1970) y Cabeza Borradora (1977), David Lynch asentó las bases de un estilo muy personal que iría gradualmente perfilando y puliendo durante las décadas sucesivas.

Cosas que aún no sabes de David Lynch | GQ España
David Lynch, además de lucir uno de los pelazos más frondosos e imperecederos de la historia de Hollywood, es uno de los artistas más pintorescos de la historia del cine contemporáneo. Más afín a la narración visual que a la construcción de tramas por medios dialogados, sus películas son toda una experiencia que recomiendo vivir al menos una vez en la vida. FUENTE: https://www.revistagq.com/

Condensar el estilo inherente a Lynch en unas pocas palabras es muy dificultoso y no hace justicia a la vasta magnitud de sus planteamientos formales y argumentales, pero por el bien de vuestros ojos y de vuestros cerebros voy a intentar hacerlo. Más allá de sus proyectos más convencionales (como El Hombre Elefante y Una Historia Extraordinaria), donde demostró ser capaz de rodar películas más clásicas con una apabullante calidad, la mayoría de las películas de Lynch oscilan en torno a varios conceptos comunes: la trascendencia de los sueños, el efecto de las alucinaciones y los trastornos psicológicos en las mentes de sus personajes, el humor negro y satírico, la hipocresía de la industria de Hollywood y del cine en general, los amores imposibles, la reinterpretación del cine negro noir, los romances tóxicos, la marginalidad, la personificación de las emociones y las metáforas visuales. Porque sí, las películas de Lynch están repletas de simbologías que, si no se intentan interpretar, hacen que las cintas pierdan parte de su interés y de su capacidad de seducción. No suele existir una explicación unívoca a los acontecimientos que suceden en sus películas, pero esa finalidad es ciertamente intencionada por parte de su director y asiduamente guionista. David Lynch pretende que cada espectador perciba la película desde su propio y único punto de vista, y extraiga información a partir de todos los sentidos que pueda utilizar (tranquilos, no os pide que chupéis la pantalla para ver cómo sabe 😋). Esto, que puede parecer un pretexto para articular guiones absurdos y sin coherencia narrativa ninguna, es en realidad una estrategia muy inteligente para hilvanar historias con un carácter metafórico pero dotadas de un trasfondo dramático completamente anclado en la realidad. Sus películas sí suelen tener sentido en la medida en que Lynch sabe perfectamente qué historia nos quiere narrar, y pese a lo compleja que suele resultar su narrativa, es perfectamente posible captarla a la primera o tras varios revisionados. Además, Lynch suele implementar personajes o situaciones perturbadores o malsanas, propias del género de thriller psicológico más puro, que conforma para mí una razón de peso para considerarle uno de los directores de terror más innovadores desde Kubrick y William Friedkin pese a que tradicionalmente no se le suele adscribir a este género. A partir de ahí, y bajo el paraguas de recursos estéticos y argumentales como la esquizofrenia o las ensoñaciones, David Lynch introduce sus propias inquietudes y vivencias a través de un surrealismo abstracto aunque sin llegar a despojar de sentido a su presencia. A veces cuenta, a veces sugiere, pero este director no suele incorporar nada a sus películas que esté para rellenar. No es su estilo.

Carretera perdida y Mulholland Drive: dos ejemplos representativos (sin spoilers)

Pese a que hay varias obras de Lynch que contienen esos patrones temáticos recurrentes con los que os he dado la turra previamente, tal vez estas dos películas sean las que con mayor énfasis han calado en la cultura popular como «eminentemente lynchianas» (además de la serie Twin Peaks, que es su otro gran hit cultural). En realidad, ambas películas nos están relatando historias semejantes pero con particularidades propias que hacen que las podamos considerar hermanas pero no gemelas. Las dos poseen analogías que detallaré en la zona de spoilers; mas siendo ambas excelsas obras de arte, siempre he considerado a Mulholland Drive (2001) un insuficiente intento por perfilar y sofisticar todavía más la fórmula desarrollada en Carretera Perdida, pero sin el abrumador impacto visual de aquella. No es que Mulholland Drive esté mal dirigida (más bien todo lo contrario), sino que resulta patente que estaba concebida desde un principio como un piloto de televisión que tuvo que prolongarse en forma de película ante la falta de apoyo por parte de los productores de televisión. En Mulholland Lynch se desata argumentalmente, pero se le nota técnicamente contenido por falta de presupuesto y necesidad de reutilizar material con formato televisivo; en Carretera Perdida se preservan todas las magistrales virtudes de su posterior film, pero además la calidad de su fotografía y el despliegue de medios tecnológicos (sin ser tampoco ningún blockbuster) están a la altura de lo que exige el resto del paquete. De manera que, si Carretera Perdida no quiere ser considerada como su obra maestra definitiva, sí está muy cerca de serlo. Vamos a ver más exhaustivamente por qué.

David Lynch en todo su esplendor

 

Lost Highway (1997): Lynch en la era videoclub | Cinéfilos Frustrados
La película comienza de manera hipnótica con este plano subjetivo donde parecemos recorrer esta carretera tenebrosa y opresiva como lo hará fundamentalmente el protagonista de este film. A Lynch siempre le inspiró El Mago de Oz, y aquí más que nunca retrata ese camino de baldosas amarillas que nos conduce hacia nuestro destino inexorable. FUENTE: https://cinefilosfrustrados.com/

Si bien la personalidad visual y la identidad temática de David Lynch impregna en mayor o menor medida todas sus películas, tal vez sea en Carretera Perdida donde David Lynch se libera y despliega todo su arsenal de recursos. Tenemos prácticamente de todo en esta película: unos inquietantes primeros planos que transmiten curiosidad, sensualidad u horror; majestuosos y sutiles travellings que nos hacen recorrer las siniestras estancias de la mansión que comparten un más que competente Bill Pullman y una soberbia Patricia Arquette; secuencias de puro terror psicológico, empleando un magnifico juego de luces y sombras que refrenda el aura de perturbador misticismo que envuelve habitualmente a los films de Lynch; portentosos encuadres y planos panorámicos de una belleza fría pero sobrecogedora; planos detalles y desenfoques sutiles, con picados y contrapicados repletos de significado; deliciosos planos subjetivos para que empaticemos con las vivencias de los personajes… Son tantos y tan variados los mecanismos de los que se sirve Lynch para comunicarse con el espectador que puede llegar a abrumar a los recién llegados; no obstante, afortunadamente, tampoco es necesario estar reparando en todos y cada uno de ellos para encajar apropiadamente todas las piezas que componen la historia de Carretera Perdida. Lynch construye sus historias más con intención sugestiva que intelectual; quiere generar un impacto emocional en el que contempla su obra, y que éste extraiga una interpretación de las imágenes que se suceden ante sus ojos. Por supuesto que hay una trama subyacente a todo esto, ya que Lynch no permite que sus rasgos surrealistas despojen al argumento de una cierta linealidad. Aun así, y pese a ello, el director no renuncia a ser críptico y a dejar a libre interpretación bastantes movimientos de cámara, simbolismos y efectos visuales.

Otro de las excelentes peculiaridades que caracterizan al cine de David Lynch es su desconcertante método de diseño de las transiciones entre secuencias y escenas. Algunas de ellas son suaves y naturales, mientras que otras pueden resultar pretendidamente confusas hasta el punto de parecer debidas a fallos de montaje. No es así en absoluto, puesto que Lynch es uno de los directores que mejor y más astutamente juegan con el montaje de sus películas. Su forma de colocar la cámara también es indispensable para comprender su manejo de los tiempos narrativos. Si cierra el plano, está persiguiendo que nos sintamos ansiosos y asfixiados; si lo abre desmesuradamente, la extrañeza y la sensación de vacío se ven respaldados sobremanera. Lynch no se contenta con hacer homenajes manifiestos al cine negro clásico de Hollywood y a maestros indiscutibles del cine de terror, sino que aporta secuencias extremadamente psicodélicas y figurativas en las que se consagra también como uno de los directores que vertebra mundos más inmersivos. Aventurarse en una película de Lynch conlleva experimentar un ambiente propio e inimitable, con sus propias reglas físicas y donde deambulan plácidamente seres de pesadilla que caminan en el borde del sueño, la locura y la desesperación. Desde la mansión de Fred (que es, por cierto, una de las mansiones que poseía Lynch en aquella época) hasta la cabaña en medio del desierto, estos microcosmos particulares son en sí mismos biomas dotados de vida propia que parecen doblegarse a los propósitos de su director volviéndose grandes e inabarcables o pequeños y sinuosos según le convenga. El poder de distorsión de la realidad que ostenta David Lynch es sobrecogedor, hasta el punto de poder infundirnos horror o turbación ante imágenes que de manera aislada no tendrían un influjo tan fuerte en nuestra psique. Y eso es mérito incuestionable de un gran director.

LOST HIGHWAY BY DAVID LYNCH – desistfilm
Los primeros planos de David Lynch, a menudo emergidos de una oscuridad insondable, acrecientan la sensación de intriga permanente que predomina en Carretera Perdida. Pocos directores establecen sus atmósferas con tanta destreza como el director estadounidense. Un plano muy Kubrick éste, por cierto. Lynch no oculta sus influencias, y éso habla bien de su humildad como creador.  FUENTE: https://desistfilm.com/

Si el poderío visual de Carretera perdida es la principal virtud de esta espléndida película, es en parte gracias al enorme trabajo de Peter Deming como director de fotografía. La imagen es mucho más nítida que en la posterior Mullholland Drive, más cinematográfica, y la paleta de colores reserva los tonos cálidos para los momentos pasionales (violentos, sensuales, románticos, bellos) al tiempo que destina las tonalidades frías a escenarios sórdidos como la prisión o la mansión de Fred. El uso de la iluminación para enfatizar las imágenes es soberbio, y nos proporciona algunas de las estampas más icónicas y/o acongojantes de la historia del cine contemporáneo. Cuando surgen los bucólicos planos panorámicos paisajísticos, su arrebatadora hermosura casi nos hace olvidar durante unos instantes la decadente historia con la que David Lynch nos está torturando. En definitiva, un trabajo sobresaliente.

En cuanto al apartado sonoro, la banda sonora de Carretera Perdida es tan ecléctica e imprevisible como la propia película. Compuesta fundamentalmente por Angelo Badalamenti (un habitual en los trabajos de David Lynch) y un jovenzuelo Trent Retznor  que ya comenzaba a despuntar junto a su banda Nine Inch Nails (antes de consagrarse con otros directores como David Fincher o en sus colaboraciones con Pixar), reserva prioritariamente estos temas para desempeñar una función más atmosférica a través de sonidos desasosegantes y ruidos estridentes. Por otro lado, la presencia de temazos noventeros de unos Rammstein admiradores de Lynch(atent@s a cuándo y cómo aparece el tema que les da nombre), Lou Reed, Marilyn Manson (que tiene un cameo tan extravagante como su propia persona en la propia película), David Bowie o Smashing Pumpkins proveen a la película de un encanto desbordante que sigue acompañando a la perfección a las imágenes a las que asistimos. Como parte de su trabajo como director, la mezcla de sonido que ejecutan Badalamenti y Lynch es tan impecable que si el film logra absorbernos completamente es en buena medida gracias a ello.

La Filmoteca proyecta en Cáceres la película 'Carretera perdida' | Hoy
¿Carretera Perdida es un thriller psicológico? Tal vez. Pero también es un drama carcelario, es una película de terror, es una obra neo-noir, es una comedia negra… En definitiva, es David Lynch. De los pocos directores que trasciende géneros con total naturalidad sin que resulte molesto o inconsistente. FUENTE: https://www.hoy.es/

Un reparto coral entregado a la causa

David Lynch es uno de esos directores cuyas obsesiones no oscilan precisamente hacia la captación de grandes estrellas. De hecho, muchos de los actores que han trabajado en sus proyectos (véase Nicholas Cage, los propios Bill Pullman o Patricia Arquette, Kyle MacLachlan, Naomi Watts) comenzaron a adquirir renombre y visibilidad tras involucrarse en las obras de Lynch. Su construcción de personajes carismáticos y complejos, asediados por la angustia existencial y golpeados por dramas y conflictos emocionales epatantes, garantizan que sus intérpretes van a poder dar lo mejor de sí mismos y utilizarlo como trampolín para proyectar sus carreras hacia delante. No todos los que han rendido a gran nivel con este director han conseguido este estatus (Laura Harring es un triste ejemplo de ello), pero estando a sus órdenes siempre han sido capaces de brillar en sus respectivos papeles. Y en Carretera Perdida no son excepción.

Comenzando con una deslumbrante Patricia Arquette(Renee), formidable femme fatale de manual del cine negro que resplandece con luz propia dando un recital de interpretación que se come la pantalla; pasando por un notable Bill Pullman (Fred) en el que probablemente sea su papel más completo, siguiendo con un sorprendente Balthazar Getty (Pete Dayton), y culminando con las aportaciones de secundarios de lujo como un maravilloso Robert Blake como el Hombre Misterioso (cuya turbia personalidad le provocó un fatal desenlace), un excelso Robert Loggia (como el violento y «tarantinesco» Mister Eddie) y un buen Michael Massee. Todos están geniales en sus puestos, pese a que sea Patricia Arquette la que se robe la función con su exigente interpretación. Es difícil diferenciar en qué medida le corresponde mérito al magnífico desarrollo de personajes y al talento innato de ambos actores, por lo que en este caso resulta más que evidente que se materializó una sinergia única entre ambos factores.

Carretera perdida (Lost Highway, 1997), de David Lynch. – Esculpiendo el  tiempo 2.0
La distancia entre Fred y Renee es tanto física como emocional. Esta pareja protagonista es uno de los principales reclamos de Carretera Perdida, pero hay mucho más por descubrir. FUENTE: https://esculpiendoeltiempo.com/

Para hablar del cautivador y enigmático guion de Carretera Perdida me veo en la obligación de meterme de cabeza en la zona de spoilers, así que avisados quedáis. Quien avisa no es traidor. Voy a intentar desmenuzaros mi visión particular de este film tan críptico a nivel argumental que, tal y como el propio Lynch ha reivindicado sistemáticamente para casi todas sus películas, admiten múltiples interpretaciones aparentemente contradictorias. Vamos a recorrer la carretera perdida que lleva hasta Ciudad Turra 😋.

¡¡¡¡¡SPOILER ALERT!!!!!! ¡¡¡DANGER!!!

Acto 1: Un hombre y su locura

Fred es un individuo que parece tenerlo todo. Todavía es joven, está sano, es un músico de éxito, le apasiona su trabajo, habita en una gran (aunque extraña) mansión, está casado con su bella esposa Renee y parece estar en su plenitud física y mental. Rápidamente observaremos que casi todo ello (espacialmente lo de su estabilidad mental) es una mera ilusión momentánea, ya que a la vez que siniestros fenómenos amenazan la tensa tranquilidad familiar de esta pareja, Fred comienza a manifestar varios de sus severos problemas: no es capaz de satisfacer sexualmente a su esposa (ese plano contrapicado de su rostro frustrado, esa humillante palmada en la espalda…), sospecha una infidelidad por su parte, está completamente absorbido por su trabajo, los celos le devoran y, para colmo, padece sueños y visiones pavorosas. Durante la primera de las tres partes en las que se divide el film presenciamos el proceso de degradación mental de Fred, al tiempo que un ente desconocido (que posteriormente sabremos que se trata del Hombre Misterioso) parece estar grabándoles en su propia casa y les entrega cintas de vídeo para demostrarlo. Consumido por la locura y tras haberse topado con el Hombre Misterioso y con uno de los amantes de su esposa (Andy), Fred termina asesinando a su esposa en un cruel arrebato de histeria. En una clara inspiración (consciente o inconsciente) del célebre caso de O.J.Simpson, el desquiciado Fred es arrestado y conducido a instancias judiciales, donde deciden condenarle a muerte. Ya en prisión, y con la obra transformada en una suerte de película carcelaria, el músico empieza a experimentar horribles dolores de cabeza y a padecer alucinaciones que se materializan en una especie de rapto. Fred parece haberse esfumado, y haber sido reemplazado por el joven Pete. ¿O no es así realmente?

Lost Highway and the Paranoia of Intimacy
Fred pasa de ser un hombre apasionado y resolutivo, a convertirse en una piltrafa contraída por el sufrimiento y el sentimiento de culpa. FUENTE: https://filmschoolrejects.com/

En este segmento del film acontecen algunos de los eventos más definitorios de Carretera Perdida. La mansión de Fred es turbadora y arquitectónicamente incómoda, y David Lynch se esfuerza en que paulatinamente la vayamos percibiendo como más vacía, confusa y escalofriante. Prácticamente incapaz de diferenciar entre realidad y desvarío, el personaje interpretado por Bill Pulman se estrella permanentemente contra su propia impotencia (tanto real como metafórica), viviendo una relación turbulenta con Renee donde la tensión y la frialdad son sutiles pero palpables. Esas inoportunas cintas de vídeo, como puede que incluso el propio Hombre Misterioso, escenifican esa «realidad fría» que Fred prefiere desechar para recordarla a su manera (en un breve pero significativo diálogo con unos policías que tampoco parecen estar demasiado preocupados por la seguridad de la pareja):

POLICIA-¿Tienen cámara de vídeo?
RENNE-No, Fred las odia…
FRED-Me gusta recordar las cosas a mi manera
POLICIA-¿Qué quiere decir?
FRED-Las recuerdo a mi modo, no necesariamente como hayan pasado…

Tras encontrarse de nuevo con este horripilante sujeto en una fiesta que Fred menosprecia y que supone una tortura al lado de sus vehementes ensayos y actuaciones de jazz, el músico participa en la que probablemente sea una de las mejores y más impactantes escenas del film. En una insigne conversación, el Hombre Misterioso le está revelando discretamente que no se trata de otra cosa que de una proyección de su propio ser:

FRED-¿Cómo ha entrado en mi casa?

HOMBRE MISTERIOSO-Usted me ha invitado. No es mi costumbre ir donde no me quieren.

Pese a parecer interactuar con otros invitados e incluso ser responsable de los sucesos paranormales que azotan la casa de Fred justo tras regresar de la fiesta, todo ello no es más que un artificio creado por la fértil imaginación del músico. Perturbado por el asesinato de Dick Laurent, Fred no es capaz de controlar su mente hasta el punto de que, en uno de los más inteligentes ejercicios de narrativa metafórica de toda la película, éste se sumerja definitivamente en un camino de no retorno hacia las tinieblas y descuartice a su mujer. ¿O puede que sólo desee hacerlo, y ante la culpabilidad que siente decide escaparse y huir?

Ya en la prisión, y aquejado por una patología mental exteriorizada con una sintomatología similar a la esquizofrenia, la psicosis o incluso las crisis epilépticas, Fred termina de perder su capacidad de diferenciar la realidad de la ficción y le invade un batiburrillo de recuerdos, fantasías y…¿rayos?¿electricidad?¿Es aquí donde se simboliza la muerte de Fred en la silla eléctrica, o más bien es un síntoma del torrente de pensamientos e impulsos eléctricos que se agolpan en el cerebro del personaje al que da vida Bill Pullman? Ahí nos deja el recadito David Lynch, para que lo resolvamos nosotros mismos. Y no es el último, ni mucho menos.

Acto 2: Un hombre y su perdición

There's So Much Darkness, So Much Room to Dream”: David Lynch on Lost  Highway | Filmmaker Magazine
Pete (Fred) sabe que Renee es su condena y el origen de su sufrimiento, pero no puede evitar amarla y sentirse ineludiblemente atraído por ella. En el mundo real sucumbe ante su disfunción sexual y la infidelidad casi forzada, mientras que la otra Renee juega con sus sentimientos y añade a la infidelidad su instrumentalización para convertirle en herramienta que la libere de su círculo vicioso de sexo, explotación y cosificación. Aunque ambas coinciden en algo: Andy les ofreció un trabajo. ¿Es la Renee real también una actriz pornográfica? Al menos eso se teme e imagina un Fred enloquecido, que busca desesperadamente racionalizar sus cuernos. FUENTE: https://filmmakermagazine.com/

Este capítulo tal vez sea la primera disrupción realmente tajante de Lynch con la trama relativamente lineal que estaba evolucionando hasta el momento. Fred experimenta lo que el propio Lynch denominó «fuga psicogénica», y que clínicamente se le califica como «fuga disociativa». En ella, el paciente desvirtúa total o parcialmente su vida pasada mediante el mecanismo de la amnesia, y es capaz de construirse una nueva identidad y de abandonar su casa. ¿Está Fred evadiéndose de la realidad en su celda, o simplemente se ha fugado de su vivienda tras sentir el impulso de querer matar a su esposa? Sea como fuere, esta especie de película de cine negro clásica con la que nos obsequia David Lynch se halla tan repleta de tópicos intrínsecos a este género que rápidamente nos damos cuenta de que no termina de encajar con el metraje previo hasta el punto de parecer un film nuevo: el chico trabajador y talentoso con un trauma del pasado, el benefactor mafioso e implacable que le adopta como a un hijo pero del que pronto empieza a sospechar, la mujer fatal que es tanto pecado prohibido como tentación irresistible, los padres comprensivos pero preocupados por la conducta cada vez más extraña que exhibe su hijo… Claramente Fred está concibiendo una vida distinta (puede que basada en su propia juventud, puede que íntegramente fabricada) donde él es un hombre viril, igualmente superdotado en su ocupación, rodeado de personas que le aprecian (una novia, amigos, progenitores…) y que únicamente se ve importunado por aquellos detalles (su virtuoso solo de saxofón en la radio, flashbacks del pasado, la voz de el Hombre Misterioso…) que le hacen rememorar efímeramente la vida que está intentando dejar atrás en su propia cabeza; es decir, preserva todas sus cualidades pero sus defectos o bien desaparecen o bien son culpa de otros. De hecho, la causa de su descenso a los infiernos es de un hombre celoso y posesivo (Mr Eddie) y de una mujer egoísta y manipuladora que le utiliza para sus propios fines pese a sentirse sexualmente atraída por él (es decir, su mente intenta justificar el odio a una Renee prácticamente opuesta a la real).

En este tramo intermedio, que concentra una proporción mayoritaria del metraje, contemplamos a un Pete que despierta desorientado en la celda de Fred y que es recogido por sus padres. Incapaz de recordar los sucesos de la funesta noche de su desaparición (de la cual apenas se insinúan algunos flashbacks y comentarios, pero de la que tampoco sabemos demasiado), el chico intenta retomar su plácida existencia pese a los agudos dolores de cabeza (idénticos a los de Fred) que le inflige estar en contacto con estímulos evocadores de la vida de su alter ego músico. No obstante, la policía ficticia continúa recelando de la presunta inocencia de Pete; y además de ofrecernos algunos de los alivios cómicos más divertidos del film contribuyen a mantener esas sospechas del propio espectador sobre el idilio vital de este personaje. Tras granjearle la animadversión de su antiguo protector (un mafioso Mr Eddie que es tan pronto para la amistad como para el odio), costarle el rechazo de su antigua novia y proponerle un arriesgado plan para abandonarlo todo y escaparse con ella, la Renee imaginaria y Pete logran con relativo éxito librarse de Andy (amante de ambas versiones de Renee) y desvalijarle para poder escabullirse con cierta solvencia económica. Aquí es donde Pete constata que la Renee ficticia es una mujer astuta, que se sirve del sexo y de su voluptuosidad para obtener de los hombres el placer erótico y la consecución de sus objetivos personales (a diferencia de la Renee real, que simplemente engaña a Fred debido a su insatisfacción sexual y emocional). Fred y su «super ego» asumen esta condición, pero no pueden evitar seguir amando a Renee y permanecen junto a ella. Así es como, tras consternarse ante el ambiente inmoral, perverso y obsceno en el que se mueven tanto Renee como los propios actores y productores cinematográficos (de nuevo otra crítica al cine, esta vez al pornográfico), la insólita pareja feliz acude al encuentro de un contacto de Renee que presuntamente les va a ayudar a escapar definitivamente de todo. ¿Y quién es ese aliado de incógnito? Nada más y nada menos que el Hombre Misterioso, aguardándoles en esa cabaña que la mente perturbada de Fred ya había anticipado en los primeros compases el film. Tras oír de labios de Renee que nunca sería suya, y cerciorarse de que su amor es imposible, el Hombre Misterioso retoma su rol de materialización física de la conciencia de Fred y le conmina a abandonar su locura y a volver a ser quien verdaderamente es. Porque sí, Pete al fin ha dejado de existir. Ya sólo queda Fred.

Acto 3: Un hombre y su realidad

The David Lynch Retrospective: 'Lost Highway' | Movie Mezzanine
El rostro de Fred termina transmitiendo la determinación y la certidumbre de un individuo que es consciente de que lo ha perdido todo y al que únicamente le queda el consuelo de la venganza. FUENTE: http://moviemezzanine.com/

En este desenlace, que es a su vez comienzo del bucle narrativo que es realmente Carretera Perdida, Fred acepta la revelación a la que le somete el Hombre Misterioso y decide asesinar a otro de los amantes de su esposa: Dick Laurent, alias Mr Eddie. Complacido, El Hombre Misterioso lo presencia todo y «ayuda» a un Fred cada vez más poseído por la violencia y la desesperación; es decir, alejado de la negación de su realidad, Fred se enfrenta a ella con más recursos y habilidad de la que había gozado hasta el momento. A Renee sin embargo la vemos esfumarse, porque realmente no ha estado allí ni es ya foco de interés del músico. Tras haber consumado su venganza frente a sus principales «adversarios» por el amor de su esposa, es el propio Fred el que se sorprende a sí mismo anunciándose el fallecimiento de Dick Laurent con el que abre el film; tras lo cual es interceptado por la policía, y se sume de nuevo en un viaje sin retorno a través de una carretera perdida hacia la locura. ¿Se reinicia el bucle? ¿La vida de Fred por fin ha terminado y ha sido ejecutado? Puede que alguien más observador o más cinéfilo que yo conozca la respuesta, pero en mi caso estimo más satisfactoria la conclusión de que la historia de Fred finaliza aquí. Independientemente de que esta no sea la conclusión del relato, porque para mí es en su ejecución en la prisión donde en realidad finaliza su relato. El resto no es más que un trayecto mental que combina recuerdos desvirtuados, delirios y sueños; en el cual Fred atraviesa varias fases (negación, culpa, aceptación…) hasta asumir su destino y convertirse en el tipo de persona que está abocado a ser.

Carretera perdida y Mulholland Drive: dos ejemplos representativos (con spoilers)

A modo de epílogo, y por si no os he hecho estallar el cráneo lo suficiente, os aporto esta reflexión acerca de los cuantiosos paralelismos y analogías entre Mulholland Drive y Carretera perdida. Aparte de ser dos de las mejores obras de su director, ambas películas comparten multitud de elementos en común: un/una protagonista angustiados por una realidad desoladora, que les fuerza a inventarse (en sueños o en desvaríos mentales) una realidad paralela donde son todo lo que desearían ser; una mujer fatal a la que aman tanto como temen y odian; una historia que transcurre en un mundo de fantasía onírica y sigue los esquemas del cine negro clásico; la pérdida (directa o indirecta) de la persona amada a la que se estima y se detesta simultáneamente; la inacción de unas autoridades (policiales, industria cinematográfica) más preocupadas por sus vicios y sus corruptelas que por reparar en las vidas que se destruyen a causa de la corrupción que impera en Hollywood; las carreteras y los caminos nocturnos, excitantes y peligrosos, como metáfora de los caminos que recorremos en nuestras vidas; el surgimiento de grotescos personajes metafóricos que reflejan la consciencia y el verdadero ser de sus protagonistas; el inexorable y funesto desenlace de estos sujetos que son víctimas y verdugos de su frustración y su locura; y el subjetivismo de unos relatos que se narran desde el punto de vista de los protagonistas, con ingredientes irracionales y absurdos para la perspectiva objetiva de un espectador racional, pero perfectamente compatibles en el mundo mental de unos protagonistas psicológicamente enfermos. Sea como fuere, y pese a las numerosas virtudes de Mulholland Drive (tal vez la analice en otra ocasión con mayor detalle, porque también presenta un trasfondo excelso), Carretera Perdida es un viaje fascinante y perturbador que puede que cambie vuestra percepción acerca de lo que es el cine y de lo que es capaz de generar como arte. No la desmenucéis como haríais con un puzzle, tratando de encajar todas las piezas y desesperándoos por no ajustarlas todas. Disfrutad de la travesía, aferraos a ese hilo conductor que Lynch os arroja para que entre tanto surrealismo y metáfora haya una historia de fondo que podéis seguir y de la que siempre descubriréis cosas nuevas o reinterpretaréis cosas; y, por supuesto, nunca olvidéis que nadie es de vuestra propiedad ni tampoco tiene derecho a esperar que vosotros lo seáis de él o de ella. Un abrazo, mucha salud y mucho cine. Hasta la semana que viene 😘

VALORACIÓN: 10

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