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Crítica de DUNE

La valentía genera maravillas. El miedo mata el éxito.

Pocas, muy pocas novelas, han generado un impacto tan profundo y permanente en el género de la ciencia ficción literaria como la Dune de Frank Herbert (1965).

Pocos, muy pocos directores han renovado el género de la ciencia ficción cinematográfica de manera tan madura e influyente como Dennis Villeneuve.

Por tanto, no resulta tan extraño que ambos hayan confluido en este ambicioso proyecto que parecía destinado a reconciliar ambos mundos y a entregarnos una ópera especial inolvidable. Este proyecto, lejos de contentarse con ofrecer un dinámico entretenimiento pulp con héroes y villanos clásicos y muchas aventuras divertidas, se presentó desde sus inicios como lo que siempre debió ser: un solemne monumento erigido a esa vertiente más adulta, reflexiva y metafórica de la ficción científica.

Con un director absolutamente entregado a la causa (su devoción por el libro no es ningún secreto), un reparto espléndido repleto de estrellas, unos medios técnicos apabullantes y la banda sonora del genial Hans Zimmer…

¿Qué podía salir mal?

dune-2020-timothee-chalamet - Cineycine
¿Pero es buena o no? ¡Dímelo ya por favooor!
FUENTE: https://www.cineycine.com/

SPOILER: Pues efectivamente, casi nada sale mal FIN DEL SPOILER

Así es. Dune es una soberbia epopeya galáctica inconclusa, con un apartado artístico magnífico y una prodigiosa ambientación que conjuga a la perfección las virtudes estéticas y narrativas de su particular director con la adaptación meticulosa de la valiosa novela original en la que basa su excelente guion.

No hay más. Si simplemente queréis una breve impresión, sintética y directa, pues ya la tenéis. Corred a verla al cine más cercano, porque desde Blade Runner 2049 no habréis contemplado en el cine ninguna historia futurista tan apasionante e inmersiva como la que os ofrecen Denis Villeneuve y compañía.

Sin embargo, si preferís sumergiros en todo lo que ofrece esta sobresaliente película (sin spoilers, por supuesto) y conocer sus virtudes y limitaciones para enriquecer vuestro visionado de la misma, os invito humildemente a que continuéis leyendo y os empapéis de todo lo que rodea a uno de los mejores universos de ficción de la historia del arte. Ahí es nada.

Dune: una saga, una leyenda y un desafío

Desde que la visionaria mente de Frank Herbert concibiera la historia de Paul Atreides, Arrakis y un Imperio Galáctico situado unos 10000 años en el futuro, pronto comenzaron a llegar los reconocimientos por su titánica labor.

Ganadora de los ilustres premios Nébula y Hugo, reconocida como inspiración para famosas franquicias posteriores como Star Trek o Juego de Tronos, su influjo se hizo notar en la más notoria de todas ellas: Star Wars.

Esencialmente, Dune consiste en las desventuras y peripecias de este joven Atreides, perteneciente a este linaje nobiliario. Aunque originarios del exuberante planeta Caladan, el Emperador Galáctico decide transferirles al inhóspito planeta Arrakis para reemplazar a los anteriores colonizadores de este planeta: los Harkonnen.

Una familia, de hecho, antagónica y enfrentada permanentemente a los Atreides desde tiempos ancestrales. A esta compleja situación geopolítica se une un factor adicional: Arrakis es el único cuerpo celeste del imperio galáctico donde puede extraerse un recurso esencial para garantizar el sostenimiento y el bienestar en esta vasta civilización: la especia, o melange.

Resignados a su destino, impuesto por una autoridad superior a la que rinden cautelosa pleitesía, Paul y su corte se asientan en Dune rodeados de profecías, malos augurios, conspiraciones y todo tipo de problemáticas futuristas con numerosas implicaciones severas en nuestro presente: los límites cada vez más difusos de la identidad humana, el ecologismo, el imperialismo, las artimañas políticas con repercusiones económicas a nivel planetario, las consecuencias del progreso incontrolable de la inteligencia artificial, el influjo de la religión en las sociedades humanas…

Todo esto forma parte de la naturaleza más ontológica de esta novela, pero hay mucho más. Si pensáis que un libro de ciencia ficción de casi 700 páginas, emplazado en un sólo planeta y con un aparente anacronismo tecnológico que contrasta con tecnologías casi mágicas, debe ser aburrido y redundante, os equivocáis.

Dune es una de las novelas más densas, adictivas, fascinantes y únicas de la historia de la literatura moderna.

DUNE (SAGA DUNE 1) | FRANK HERBERT | Casa del Libro
La novela original marcó a toda una generación de lectores, y alteró de modo sutil pero determinante el destino de una corriente aún incipiente de la ciencia ficción literaria.
FUENTE: https://www.tebeosfera.com/

Y sí, confieso que ese vínculo evidente que está implícito en cada uno de mis elogios hacia el libro de Frank Herbert existe y es muy intenso. Fue la primera novela de ciencia ficción que leí y realmente sentí que me había superado intelectualmente.

Tal vez no fuera mi primer acercamiento como lector a este género (aunque mis recuerdos están casi tan difusos como los sueños del pobre Paul), pero sí que fue el que definitivamente me hizo enamorarme del mismo junto a la sensacional Trilogía de la Fundación de Isaac Asimov.

Así que mi implicación emocional en este proyecto supone un arma de doble filo peligrosa y que ha conformado un desafío para mi todavía modesta objetividad como crítico de cine aficionado: por un lado, estaba deseando que se proyectase en la gran pantalla de una manera íntegra, capitaneada por uno de mis directores predilectos y sin intromisiones de estudios ni productores (vamos, que podría ir predispuesto a que me gustara); por otro lado, como ferviente fanático de la novela y consumidor voraz de muchos de sus libros, no iba a ser fácil que una adaptación tan personal y ominosa como ésta respondiera satisfactoriamente a mis inmensas expectativas por muy meritoria que pudiera ser analizada con imparcialidad.

Aclaro esto antes de proseguir porque, por respeto hacia vosotros como lectores, merecéis saber que mi conexión casi espiritual con esta obra no me ha condicionado en absoluto a la hora de enjuiciar su calidad. Y pronto veréis por qué con mayor detalle.

Regresando a la época pre-Villeneuve, y con semejantes precedentes, pronto se planteó la acuciante necesidad de explotar este preciado material literario en el medio cinematográfico.

Tras el prometedor y fallido intento del director y guionista Jodorowsky y múltiples idas y venidas de derechos y propietarios, finalmente fue un medio primerizo David Lynch el encargado de asumir el control creativo de la adaptación de esta exitosa novela.

Dune – David Lynch

Pese a ser un director con cierto prestigio acumulado en Hollywood y con una personalidad estilística considerable, sus persistentes conflictos con la productora (que había invertido la friolera de 40 millones de dólares para la época) desembocaron en 1984 en un desastre fílmico incompleto que no complació a nadie. Ni siquiera al propio Lynch, el cual se ha hastiado de renegar de esta película y de no incorporarla dentro de su filmografía.

Independientemente de las cualidades y méritos (sobre todo visuales y artísticos) de la versión de Lynch, varios problemas salieron a la luz que manifestaron la inviabilidad de este proyecto tal cual fue estrenado: una duración escasa (unas dos horas) para intentar trasladar casi 700 páginas a la gran pantalla, la imposición de restricciones de todo tipo a la libertad creativa de su director, la falta de confianza de todos los implicados en su guion y una pugna irresoluble entre el respeto riguroso hacia el material literario original y los propósitos innovadores y subversivos de un director en fase de experimentación constante.

Al final quedó una película irregular, que supuso un jarro de agua fría para los más aficionados a la novela de 1965 y que pasó prácticamente desapercibida para un público general que no permitió ni cubrir los costes de desarrollo del film.

Una película de culto que, gracias a la labor infatigable de múltiples fans que supieron apreciar las inequívocas fortalezas que ocultaba el metraje original que rodó Lynch, hemos podido disfrutar en versiones alternativas y más extensas que permiten hacer algo más de justicia a lo que podría haber sido una de las mejores películas de ciencia ficción de su época.

Tras una miniserie y un recuerdo cada vez más distante, Dennis Villeneuve decidió hacer realidad su sueño (y el de todos los fans de Dune) de consumar por fin una versión digna que no dividiera a los espectadores y les proporcionara un entretenimiento serio y sesudo que fuera más allá de los blockbusters de acción y aventura clásicos que acaparan la ciencia ficción de cartelera.

Un director laureado y con una trayectoria impresionante, tan variopinta como infalible: desde obras maestras del thriller como Prisioneros o Sicario, pasando por el desolador drama familiar de la soberbia Incendies, hasta alcanzar excelsas piezas de la propia ciencia ficción como La Llegada o Blade Runner 2049.

Su presencia tras las cámaras después del inmerecido batacazo comercial de Blade Runner 2049 (para mí su mejor película hasta la fecha) constituye una inesperada conjunción astral que pilló por (grata) sorpresa a todos los fans de ambos mundos: del director canadiense y de Dune.

La confirmación de su reparto, el fichaje de Hans Zimmer y la designación de Greig Fraser (The Mandalorian, Rogue One, Nightcrawler) como director de fotografía no hacían más que acrecentar el entusiasmo del público en general, y de los dos segmentos que he mencionado previamente en particular.

Hasta que, por fin, tras innumerables retrasos y conjeturas, ha llegado el momento de deleitarse con esta pieza de orfebrería cinematográfica.

Dune es una soberbia epopeya galáctica inconclusa, con un apartado artístico magnífico y una prodigiosa ambientación que conjuga a la perfección las virtudes estéticas y narrativas de su particular director con la adaptación meticulosa de la valiosa novela original en la que basa su excelente guion.

Denis Villenueve y el blockbuster “de autor”

Las películas de Denis Villeneuve, ordenadas de peor a mejor - Listas -  Hipersónica
Sácame así como grabando una peli chula.
FUENTE: https://hipersonica.com/

Para entender la nueva película de Dune, resulta fundamental conocer con cierto detalle la figura de su director e impulsor: Denis Villeneuve.

Pese a sus comienzos en Canadá ejerciendo como cineasta independiente, los grandes estudios de Hollywood rápidamente repararon en su inconmensurable talento para articular historias atractivas, representarlas con imágenes potentes y agregarles una elaborada construcción de personajes que cohesiona soporte de guion y dotes de dirección de actores.

Con estos mimbres, su carrera se fue orientando progresivamente hacia proyectos más ambiciosos en cuanto a presupuesto y pretensiones argumentales, pero siempre preservando su estilo definitorio: la acción y la tensión frenética quedan supeditadas al desarrollo psicológico de sus complejos y ambiguos personajes.

Consolidado durante los últimos años dentro de esta anómala corriente de los “autores comerciales”, junto a Christopher Nolan, Steven Spielberg, Stanley Kubrick y Zack Snyder, Denis conserva algunos de sus rasgos comunes (actores ilustres, sustanciosas inversiones, apartados técnicos soberbios y fácilmente identificables, introducción de elementos extraídos del cine independiente, traslado de historias serias y ominosas…), pero introduce atributos exclusivos a su propia destreza como narrador de historias.

Su paleta de colores es viva, su fotografía opta más por la inmersión que por la espectacularidad, su ritmo es lento y reflexivo, las coreografías de lucha ocupan un exiguo tiempo de metraje, sus tramas tienden a ser menos ampulosas y más humanas…

Tal vez por estos motivos nunca haya dirigido ninguna película de superhéroes, ni falta que le ha hecho. Su impoluta trayectoria le acreditaba sobradamente para aventurarse con éxito en una empresa tan desafiante como la que conlleva reintentar la adaptación cinematográfica de Dune, pero con un enfoque diametralmente opuesto al de un excepcional pero principiante David Lynch. Y vaya si lo ha logrado.

La dirección de Dune es una completa barbaridad. Villenueve siempre ha mostrado una superlativa capacidad para captar imágenes imperecederas y asombrosas, pero lo que ha logrado en esta película está a otro nivel.

Si en Blade Runner 2049 os deslumbraron sus imponentes planos panorámicos aéreos y generales, sus perfectos encuadres y sus delicados pero efectivos movimientos de cámara, en Dune tenemos todo éso pero multiplicado por diez.

Casi cada fotograma de Dune podría ser perfectamente inmortalizado como un cuadro por sí solo, y no supondría exageración alguna.

El retrato que hace Denis Villeneuve de los principales planetas que se exponen en la película (Caladan y sobre todo Arrakis) es detallado y se sirve de planos muy abiertos en exteriores, con la pretensión de transmitir esa sensación de vastedad y grandeza que incorporó en trabajos previos como Sicario y que ha ido perfeccionando con el tiempo.

En interiores los planos son mucho más cerrados para imponer angustia y reclusión, y predomina una gama de colores austera y prácticamente monocromática; con la finalidad de remitirnos a esa falta de humanidad.

Respaldado por la estupenda fotografía de un Greig Fraser en estado de gracia, los tonos más apagados y fríos de Arrakis no desmerecen para nada su habilidad para estar más que a la altura del titánico desempeño del maestro Roger Deakins en Blade Runner 2049.

La imagen es en términos generales menos vívida y más árida porque así lo requieren el tono del film y la naturaleza de los paisajes que retrata: Los Ángeles de Blade Runner eran una metrópolis bulliciosa y decadente, repleta de estímulos que en realidad servían como una pátina que ocultaba el declive de una civilización hiper tecnificada; Arrakis es un planeta agreste e indómito, muchos más desértico que aquel asolado depósito de chatarra que vimos en su película previa.

Y eso no le resta un ápice de calidad a las imágenes de Dune, sino todo lo contrario; reafirman su impronta visual, alcanzando de nuevo una simbiosis óptima entre dirección y fotografía.

La frialdad e implacabilidad del universo de Dune se observa en prácticamente todos los decorados, personajes y localizaciones de la película, hasta el punto de que las escasas islas de emocionalidad que deja entrever el director (inauditamente reducidas teniendo en cuenta su filmografía) parecen baldías e insuficientes para empatizar con aquellos personajes que carecen de un tiempo significativo en pantalla.

Nuevo tráiler de 'Dune' (2021)
Planos como éste hay cientos en Dune, a cada cual más preciosista y repleto de significado visual.
FUENTE: https://www.elespoiler.com/

Puede que el único aspecto en el que Dune fracase sea en su irregular puesta en escena durante las secuencias de batalla; en concreto, las que tienen lugar cuerpo a cuerpo.

Este film, por su tono oscuro y adulto, exigía una violencia dura y contundente que aquí queda claramente enmascarada e interrumpida con cortes de plano innecesarios y un montaje demasiado torpe y acelerado.

Pese a que sí que haya algunos momentos donde las peleas brillen, son predominantes los instantes donde queda claro que a Villeneuve no le ha importado complacer a Warner en su afán de obtener una calificación por edades más baja con escenas más rutinarias, para poder recrearse en los pasajes más narrativos y ambientales.

En Dune, Arrakis y las intrincadas tramas geopolíticas que la rodean son las protagonistas; y la maravillosa pericia de Denis para sacar el máximo partido a unos excelentes diseños de producción y entornos reales logra contrarrestar esos breves desencuentros con la consistencia tonal del film. E

l director canadiense está más desencadenado en su faceta visual que nunca, pero no llega a optar por el esteticismo vacío; comprende perfectamente que el medio audiovisual necesita las imágenes para relatar aspectos que la novela únicamente puede transmitir con palabras, y lo aprovecha con una astucia sin precedentes desde la también atmosférica y paisajística Nomadland.

No obstante, donde aquella era minimalista en su trama y conflictos, en Dune nunca dejan de suceder cosas importantes.

Dando un acusado golpe de timón respecto de Blade Runner 2049, en esta película apenas habrá momentos meramente contemplativos que no estén seguidos de varios acontecimientos relevantes que involucren a uno o varios personajes y donde los giros de guion, las traiciones y los peligros acechan desde cualquier recoveco.

Para todos aquellos que se teman una obra tan metafísica y plácida como la secuela de la obra maestra de Ridley Scott, pueden ir tranquilos al cine; Dune es mucho más dinámica (salvando el último tercio, donde hay cierto barullo narrativo que ralentiza levemente el ritmo), y la trama es argumentalmente más directa.

Mención aparte merece la descomunal banda sonora de un Hans Zimmer desatado y más experimental, étnico y atronador que nunca. Su acompañamiento a las imágenes es total, hasta el punto de que las refuerza para abrumar simultáneamente tanto el sentido del oído como el de la vista del espectador.

Hay temas icónicos, sí, pero en esta ocasión la épica no proviene del lado de los lemas (que los hay) sino más bien de composiciones donde las voces y la estruendosa percusión lo son todo.

La música resplandece siempre, pero es paradójicamente en las secuencias más inquietantes o incluso terroríficas (atentos y atentas a cómo rueda esas escenas, porque son de escándalo) donde más se percibe el embrujo irresistible de unas notas que sirven a la vez como música y como efecto de sonido.

El insigne “muro de sonido” del que se vanagloria el propio Zimmer está aquí más presente incluso que en la prodigiosa Interstellar.

Aunque aquella banda sonora me parezca mejor y me guste más, el laureado compositor ha sabido de nuevo dar con la tecla y escoger las partituras apropiadas para la historia que está narrando.

Dune' se muestra espectacular en un nuevo tráiler con más acción y más  gusanos gigantes - Noticias de cine - Hipersónica
La amenazadora presencia de los gusanos de arena es una baza que Villeneuve sabe dosificar, hasta el punto de que cuando los vemos emerger plenamente nos quedamos tan embelesados como los propios protagonistas. El diseño de arte de esta película es simplemente perfecto. Aunque esperemos que en la segunda parte se profundice más en su biología, porque es fascinante.
FUENTE: https://hipersonica.com/

Una historia de profecías y Elegidos bastante poco convencional

Vamos con el plato fuerte del banquete. Por muy hermosas y epatantes que sean sus imágenes, lo que hace tan especial y tan valiosa a esta saga es su historia.

Y en este caso, el trabajo de adaptación que han ejecutado Eric Roth, Denis Villeneuve y Jon Spaihts está a un gran nivel e (incluso) se permite la licencia de mejorar la narrativa de la novela de 1965.

Teniendo en cuenta que aquella es una leyenda de la literatura contemporánea, no es nimio el mérito que ello conlleva. De hecho, Dune es una adaptación tan fiel que incluso la manera tan rápida y parca de adentrarnos en este nuevo mundo, con sus culturas y su lore propio tan particular, se asemeja al modo inmisericorde en que el propio Frank Herbert iba introduciendo conceptos y lugares; hasta el punto de que fuera necesario incluir un glosario al final de la misma para facilitar su comprensión.

Es cierto que el tratamiento de algunos temas relevantes en la obra original (el ecologismo, la organización política del Imperio Galáctico, el comportamiento de los Mentats y la Orden Bene Gesserit…) no está tan desarrollado como algunos fans hardcore querríamos, pero debe admitirse que condensar ni tan siquiera media novela en 155 minutos de metraje no es tarea fácil.

Sobre todo, teniendo en cuenta que resulta ostensible que ha habido recortes nada desdeñables del mismo para adaptarlo a una duración asumible de cara al espectadores medio. Villeneuve podría haber prescindido de algunos minutos meramente contemplativos, pero entonces muy probablemente Dune perdería gran parte de su inconfundible esencia.

No temáis a un Villeneuve formulaico o funcional, porque aquí pone toda la carne en el asador para que la película nunca se sienta ni impersonal ni deudora de ninguna de las adaptaciones pretéritas.

Ignoro si Villeneuve está más interesado en el deleite visual y en las controversias políticas y familiares que subyacen cual envoltorio de lujo a la trama principal que en todo el núcleo filosófico, climático y religioso que realmente define y eleva a Dune a los altares de la ciencia ficción; o si simplemente se está guardando un mayor peso de estos ingredientes para su secuela (que esperemos que la haya).

Sea como fuere, el guion prioriza que gradualmente asimilemos este mundo y sus excentricidades; mientras están transcurriendo paralelamente una serie de intrigas palaciegas que, si suprimimos su componente espacial y tecnológico, se aproximan a un medieval viaje del héroe convencional en el que Paul Atreides (Timothée Chalamet) debe enfrentarse a mil y una adversidades con la única ayuda de su madre Jessica (Rebecca Fergusson) , la Bene Gesserit y concubina del duque Leto (Oscar Isaac), de su audacia innata y de los frutos de su propio adiestramiento.

La historia de esta Dune es todavía más misteriosa y siniestra que en la novela de Frank Herbert, y a ello contribuye su tono oscuro y dramático.

No hay apenas espacio para el humor en este mundo baldío y hostil, donde los colonizadores imperiales (primero los Harkonnen, ahora los Atreides) extraen sin piedad el recurso más preciado del desierto arrakeeno mientras sus dispersos residentes nativos (los Fremen) subsisten en condiciones muy desfavorables formando una suerte de estructura social tribal menos salvaje de lo que sus conquistadores creen.

El agua es un auténtico privilegio en un planeta tan árido, y los seres humanos se ven exhortados a exprimir al máximo las posibilidades de la tecnología y de las técnicas de superviviencia para impedir que el desierto les derrote.

El libreto se esfuerza en distanciar al espectador de sus personajes, que están retratados de un modo efectivo aunque sensiblemente esquemático en algunos casos, todo con una finalidad evidente: que percibamos la desesperación, la frialdad e incluso la malicia de este futuro tan extraño donde el material más anhelado del universo se obtiene de un mundo casi inhabitable que se convierte en el terreno de juego de disputas políticas que parecen ancladas en tiempos más brutales y menos civilizados.

Como veis, Arrakis no es un planeta agradable para vivir. ¿Entonces por qué molestarse en poseerlo o colonizarlo? ¿Tan trascendental es esta “melange”? Ved la película y saldréis de dudas.

Dune (2021)
Paul y compañía no lo van a tener fácil para adaptarse a la extrema forma de vida que impone Arrakis a sus habitantes.
FUENTE: https://www.phenomena-experience.com/

Un reparto estelar que cumple a las mil maravillas

Pocas veces he podido asistir a un puzzle actoral que se ajuste con tanta minuciosa precisión a los roles que les corresponden en sus respectivos papeles.

De hecho, hay algunos (Jason Momoa como Duncan Idaho, Dave Bautista como la bestia Rabban) cuyo carisma sobrepasa las limitaciones de sus pequeños papeles y les erigen por encima de su prácticamente testimonial participación en la porción de novela que Denis Villeneuve ha decidido adaptar; logrando articular personajes interesantes y sugerentes.

Adicionalmente, Oscar Isaac está más que convincente interpretando a un Duque Leto Atreides que parece sacado del libro de 1965. Con su disciplinado y casi hierático rostro nos transmite perfectamente esa noble determinación que irradian personajes adultos tan honorables como Obi Wan Kenobi, Eddard Stark o Aragorn.

No es su mejor papel, porque las restricciones de tiempo le impide explorar en mayor profundidad a este líder de la casa Atreides; y, pese a ello, tira de oficio y talento como solo los grandes actores pueden hacer. Junto a él, deviniendo en su despreciable antagonista, Stellan Skarsgård constituye un espléndido Barón Vladimir Harkonnen cuya perturbadora apariencia resulta más elegante que la atroz parodia que tan bien retrató David Lynch.

No es que el villano de la función goce de un excesivo desarrollo ni profundidad psicológica, mas al curtido genio que es Stellan Skarsgård le hace falta poco para crear mucha magia a su alrededor. Contribuye, eso sí, su magistral estética y vestuario.

Tampoco desluce en absoluto la Chani de Zendaya, parca en palabras pero con una presencia notoria en pantalla. Sharon Duncan-Brewster es una Liet Kynes que poco tiene que envidiar a su homólogo masculino en la novela de Dune, y una Charlotte Rampling (Gaius Helen Mohiam) tan venerable y pavorosa como cabría esperar de una Reverenda Madre de las Bene Gesserit. Todos estos intérpretes se ven refrendados por un trabajo encomiable de maquillaje, diseño de indumentarias y decorados.

En consonancia con la novela, los papeles que más evolución experimentan (y, por tanto, los más exigentes en términos interpretativos) son los de Rebecca Ferguson y Timothée Chalamet, como Dama Jessica y Paul Atreides respectivamente.

La primera continúa en una estela ascendente que la reivindica cada vez más como una de las actrices más regulares y dotadas de la industria de Hollywood; al tiempo que Chalamet se revela como una elección de casting simplemente perfecta. P

uede que por edad no pareciera a priori el actor idóneo para desempeñar este papel (tampoco lo pareció en su momento Kyle MacLachlan), en ambos casos su apariencia física y su talento actoral derriban cualquier prejuicio en su contra.

De hecho, la interacción entre Paul Atreides y su progenitora es tan o incluso más creíble y emocionalmente intensa que en la obra de Frank Herbert; en parte gracias a unos excelentes diálogos (muchos de ellos replicados escrupulosamente de ella), pero también gracias a la superlativa química que existe entre ellos. Timothée Chalamet, pese a lo que puedan aducir sus detractores, posee unas aptitudes innatas muy estimables.

Se carga a sus espaldas el protagonismo del film, y durante varios pasajes del film se come a todos los demás personajes que no sea su propia madre en la ficción.

No ocurre así con un Javier Bardem discreto, muy correcto pero cuyo personaje clama a voces una secuela en la que pueda desenvolverse más cómodamente; al igual que un Thufir Hawat (Stephen McKinley Henderson) que pasa muy desapercibido y un Gurney Halleck del cual el siempre estupendo Josh Brolin saca un petróleo que nos deja con ganas de más.

Dune confirma fecha de estreno en España: llegará más de un mes antes que  en Estados Unidos - MeriStation
El reparto de Dune no defrauda, pese a que las expectativas ya de por sí estuvieran muy altas. A pesar de todo, considero necesario aclarar que Dune es una obra sesuda y cerebral que apela más a la inteligencia que a la emoción más genuina. No esperéis secuencias melodramáticas extenuantes ni actuaciones que bordean el histrionismo. Todos están algo contenidos, en mayor o menor medida, para que sea el fulminante aparato visual, sonoro y narrativo el que lleve en volandas la película.
FUENTE: https://as.com/

En definitiva, Dune es la gran película de ciencia ficción de 2021, y una de las obras más completas y visualmente arrebatadoras de los últimos años.

Muy pocas son sus flaquezas en comparación con su abundante reserva de cualidades, y triunfa tanto como adaptación como en lo que respecta a su funcionalidad estrictamente cinematográfica.

Denis Villeneuve lo ha vuelto a hacer, y sigue sin tambalearse ni lo más mínimo; más bien todo lo contrario. El director canadiense parece haber hallado su musa en la ciencia ficción filosófica y madura, y está ofreciéndonos algunas de las imágenes más hipnóticas y hermosas de la historia del género.

Tal vez una mejor planificación de sus escenas de acción, un menor edulcoramiento de la violencia y pequeños ajustes en el guion habrían transformado a Dune en la epopeya espacial definitiva; nos queda, sin embargo, una magnífica ópera espacial tan embriagadora como profunda y cuya secuela podría terminar de consagrarla como una obra cumbre del género.

Hay mucho más en Dune de lo que sugiere con un primer visionado, aunque seamos ávidos lectores de la saga de libros; y ello es mérito único y exclusivo de un Denis Villenueve que sigue sin permitir que su pasión por la espectacularidad doblegue su consustancial interés por los detalles.

No os perdáis Dune este 17 de septiembre, porque se aproxima a vosotros uno de esos eventos cinematográficos que, esperemos, se conviertan en rotundos fenómenos de masas y no en incomprendidas obras de culto como lo fue la pobre Blade Runner 2049.

Id a verla, y me contáis vuestra opinión. Un abrazo tan cálido como las tierras de Arrakis, y disfrutad de una gran semana. Mucha salud y mucho cine.

VALORACIÓN: 9,3

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