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Road to Snyder Cut: Crítica de “El Hombre de Acero”

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El héroe que vino del espacio

Bienvenidos una semana más a este humilde rincón cinéfilo que, esta vez más que nunca, se convierte también en uno de los más frikis (🤓). Con motivo del esperado estreno de la Liga de la Justicia de Zack Snyder en las plataformas HBO y HBO Max el día 18 de Marzo, tengo a mi disposición una excelente excusa para recuperar algunas de las películas que contribuyen a construir ese irregular y apasionante universo cinematográfico que ha intentado construir Warner DC durante los últimos años. Un recorrido accidentado y tortuoso, repleto de grandes logros e impactantes tropiezos, que tras muchos rumores y una batalla infatigable por parte de los fans y del propio Snyder, al fin encontrará recompensa con esa reunión tan esperada de varios de los principales superhéroes de DC comics. Y para comprender la magnitud de lo que viene, resulta imprescindible entender su origen. Sé de antemano que esta crítica no va a dejar indiferente a nadie, y que va a constituir probablemente el primer gran jardín en el que me voy a meter como aficionado al cine de superhéroes; pero sin duda considero que la ocasión lo merece. Vamos al turrón.

MAN OF STEEL 2 and THE FLASH Reportedly "Lose Momentum" at Warner Bros. —  GeekTyrant
-¿Oye, te has enterado de lo del Snyder Cut?
-Sí, tengo entendido que en ésa no me van a deformar la cara con CGI cutre.
– Pues a mí me han dicho que vas a ponerte un traje gótico y que vas a ser un Superman muy malvado.
-¿Cuántas veces tengo que repetirte que no les hagas caso a los señores malos de Warner, nene?
– Vale Supertío .
FUENTE: https://geektyrant.com/

El héroe y el mito

Superman es una de las figuras literarias más relevantes de la historia cultural de la humanidad. Lo digo sin rodeos y sin matices, porque es la realidad. Aunque no hayamos leído un cómic en nuestra vida, o ni tan siquiera hayamos visto ninguna de sus películas (que ya tendrías que haber estado viviendo durante 50 años en una casa en mitad del monte, pero podría pasar 😜), todos sabemos a grandes rasgos quién es Superman y lo que representa: un señor sonriente con capa roja, traje azul, superfuerza y el estereotipo de la perfección absoluta.

En realidad, Superman es un héroe de acción creado por el escritor Jerry Siegel y el artista Joe Shuster, y cuya primera aparición tuvo lugar el 18 de abril de 1938 en Action Comics. Este todopoderoso ser extraterrestre, llegado a la Tierra desde el planeta Krypton como una especie de salvador para liberar a nuestro mundo de la villanía (y en su tiempo libre bajar gatitos de los árboles y ligar con Lois Lane), pronto se erigió como un icono popular que pese a representar inicialmente los ideales de la idiosincrasia estadounidense como se desprende de los patrióticos colores de su traje (la libertad, el sueño americano, la lucha contra la corrupción, la justicia, la bondad…) progresó hasta transformarse en un símbolo mundial de todos los valores universales que los seres humanos (fundamentalmente occidentales) consideramos deseables y satisfactorios. Sus poderes, su psicología, su biografía e incluso su aspecto físico se han enriquecido y han experimentado innumerables variaciones y reinterpretaciones a lo largo de las décadas, pero perduran indelebles en la memoria popular la mayoría de los rasgos definitorios que he enumerado previamente. Todo parece muy bonito, pero aquí hemos venido a hablar de cine. ¿Qué tal le ha ido a Superman en el cine?

Amazon.com: Action Comics #1 (50th Anniversary Reprint Edition): DC Comics:  Books
La portada de este cómic ha sido recreada muchas veces en el mundo del cine y la televisión, y tal vez sea la imagen más importante de la historia de esta modalidad literaria.
FUENTE: https://www.amazon.com/

Pues como suele ocurrir en la vida, Superman y la industria cinematográfica han tenido sus altibajos. Su primera adaptación al celuloide se produjo allá por el año 1979, cuando se le encomendó al exitoso director de La Profecía Richard Donner que construyese un proyecto fílmico que trasladara las afamadas viñetas superheroicas a una película comercial con expectativas de convertirse en un éxito. Y vaya si lo logró. Con un reparto magnífico repleto de estrellas y jóvenes promesas (Marlon Brando, Gene Hackman, Christopher Reeve, Glenn Ford, una irreconocible Margot Kidder…), unos efectos especiales abrumadores para la época que todavía hoy deslumbran, una excelsa fotografía, una portentosa banda sonora y por supuesto un extraordinario trabajo de dirección por parte de Donner, Superman: The Movie logró consolidarse como la primera gran película de superhéroes de la historia. Fue tal su éxito que muchos aficionados a este subgénero del cine fantástico consideran al notable equilibrio entre solemnidad y comedia alcanzado en este film como el patrón ineludible que debe seguir toda gran película de superhéroes; no siendo hasta que grandes renovadores como Bryan Singer (por sus X-Men) y sobre todo Christopher Nolan (cuya repercusión fue determinante en este nuevo enfoque que abraza El Hombre de Acero) decidieran que otro tipo de películas con personas en pijama viviendo aventuras eran posibles.

Tras la demoledora irrupción de esta primera incursión del kryptoniano comenzaron los problemas. En una situación compleja y lamentable que presentó muchos paralelismos con la actual coyuntura profesional de Zack Snyder, los productores de Superman decidieron prescindir de los servicios del talentoso Richard Donner y contratar al reputado director de comedia Richard Lester para concluir su secuela y encargarse de proyectos sucesivos. Aparte de que los fans de Superman tuvieron que esperar a 2006 para visualizar algo parecido a la idea original que Donner quería transmitir a la audiencia (y que, pese a estar incompleta, supera holgadamente lo exhibido en cines en su momento con la entretenida aunque fallida Superman II), la harmonía alcanzada se resquebrajó. Superman II no triunfó tanto en taquilla, pero fracasó todavía más en su ambición por articular una franquicia duradera y valiosa. Cada una de sus secuelas fue deteriorando su calidad cinematográfica hasta el punto de convertirse en absurdas comedias de serie B sin apenas relevancia, y la andadura del superhéroe parecía abocada al olvido pese a los encomiables intentos de Warner por resucitarla con algún que otro remake encubierto en forma de secuela (ejem…Superman Returns…ejem), en el mundo de la animación y en la estimable serie de televisión Smallville. Hasta que un tal Christopher Nolan puso definitivamente patas para arriba el mundo de las adaptaciones de superhéroes.

Superman: The Original Superhero Movie Isn't Really a Superhero Movie -  Paste
Con independencia de lo que le ocurriera a su saga, el inolvidable Superman de Christopher Reeve marcó a una generación y a varias de las que estaban por venir. Probablemente el mejor actor que ha interpretado a Superman, y el Superman más adorado por los fans. La vida le fue injustamente adversa, pero su carisma innato y su presencia física estarán siempre en la memoria de todos los que amamos el cine.
https://www.pastemagazine.com/

¿Las películas de superhéroes pueden tomarse en serio?

Mi opinión personal es: . Hay bastantes espectadores que contemplan el cine de superhéroes como un simple pasatiempo, que no se puede permitir el lujo de ser profundo, inducir reflexiones o plantear dilemas morales ante el riesgo de resultar «pretencioso» o «melodramático». Al parecer, el mero hecho de que estas cintas se encuentren protagonizadas por señores y señoras disfrazadas o con habilidades sobrenaturales invalida que su argumento pueda ser complejo, o que sus personajes puedan experimentar un arco dramático maduro. Desde mi punto de vista, esta perspectiva constituye una visión demasiado reduccionista y superficial, y es precisamente ese prejuicio el que me alejó durante gran parte de mi vida de darle una oportunidad a este subgénero. Al igual que todos vosotros, hasta bien avanzada mi adolescencia disfruté de películas que hoy en día me parecen infantiles, ñoñas, pueriles, planas o directamente malas. Es totalmente comprensible, porque a esas edades solo buscas productos que te entretengan, te hagan reír y que te cautiven visualmente. Y mientras pasen ese filtro, cualquier cosa vale. No obstante, como os habrá ocurrido a muchos de vosotros, una de las cualidades que se adquieren conforme nos hacemos mayores es la capacidad de poseer un «criterio», conformado mitad por elementos estéticos relativamente objetivos y mitad por impresiones y preferencias estrictamente subjetivas; que nos permiten valorar las virtudes y defectos de las películas que vemos y vimos en el pasado de una manera más racional y menos instintiva. Cuando inicié este proceso vital inexorable terminé descartando muchas películas de mi infancia que ahora sencillamente habían dejado de interesarme. En aquella fase «protocinéfila» buscaba películas que me estimularan intelectualmente o me obnubilaran visualmente, instándome a invertir mi tiempo en ellas y alejándome de productos mediocres. Tampoco todas las películas que hubieran acusado el paso del tiempo debían ser necesariamente malas, terminé reconociendo con el tiempo; simplemente, ya no me atraía verlas. Y eso pensaba de mis vagos recuerdos de personajes con capas y superpoderes surcando la pantalla del televisor, hasta que Batman Begins me dio un buen sopapo de realidad.

Con la trilogía de El Caballero Oscuro de Christopher Nolan descubrí que otro cine de superhéroes era posible: uno donde las tramas eran adultas, los personajes no eran estereotipos ridículos, la comedia estaba adecuadamente dosificada o era inexistente y se podían plantear cuestiones filosóficas para aplicarlas a nuestra realidad como hace el buen cine fantástico. Si podemos ver a un tipo de metro y medio corriendo descalzo con espadas mágicas o a un actor con armaduras espaciales estrafalarias pilotando una nave, y que las aventuras en las que están inmersas nos resulten verosímiles y sus analogías con el mundo real interesantes…¿Por qué no pueden serlo las películas de superhéroes? ¿Qué son el T-800 de Terminator 2 o Gandalf el Blanco sino superhéroes de la literatura o con base tecnológica? Ese Joker ácrata y cínico de El Caballero Oscuro me demostró que una película protagonizada por los héroes de mi infancia podía mirar de tú a tú a las mejores películas de cine negro sin pestañear. De ahí me condujo a otras películas maravillosas que, siendo más o menos adultas, preservan esa preocupación por mantener el interés del público aficionado al buen cine sin renunciar al entretenimiento: la saga de X-Men de Bryan Singer, el Spiderman de Sam Rami, Joker, muchas de las películas del universo Marvel, Logan, Deadpool, Hulk, El Protegido, Watchmen… Tal vez ese despertar de pasión por el cine de superhéroes fue posible gracias a que en los últimos años estamos viviendo la mayor época de esplendor de este subgénero en la pantalla grande y en la pequeña, tal y como el cómic de superhéroes empezó a acumular obras de arte atemporales dirigidas a un público más adulto a partir de los años 70. Y así es como llegué al universo DC.

10 cosas de Batman que Nolan hizo mal en 'El Caballero Oscuro'
Esta magnífica escena de El Caballero Oscuro recrea perfectamente el mensaje que pretendo transmitir. El interrogatorio de Batman al Joker no tiene nada que envidiar a secuencias similares en películas de Michael Mann, David Fincher o Alfred Hitchcock. Mi yo de 12 años habría flipado.
FUENTE: https://www.fotogramas.es/

Y aquí es donde comenzó mi experiencia personal con el DCU. La reciente salida al mercado del corte del director de Batman v Superman y el hecho de que críticos profesionales y fans se disculparan públicamente con Zack Snyder al haber contemplado el metraje original de su película, suscitaron mi atención por un proyecto que cuando se estrenó pensé que sería el típico crossover excesivo sin ninguna aportación cualitativa al género. Antes de verla averigüé que era secuela de una película del año 2013 protagonizada por Superman, así que respiré hondo y me preparé para sumergirme de nuevo cara a cara contra otro de los titanes de mis «años mozos».

Y es que, pese al inmenso cariño que conservaba (y conservo) al Superman de Richard Donner y Christopher Reeve, su espíritu desenfadado y romántico no ha envejecido del todo bien para un espectador de mi generación. Aprovechando que volví a ver la versión extendida de Superman the Movie hace poco tiempo (la que era, hasta el momento, la mejor película protagonizada por Superman) corroboré que tenía partes que me cautivaban: su grandioso comienzo en Krypton, las escenas de Superman en Smallville, el rescate al helicóptero de Lois Lane, las secuencias que transcurrían en la Fortaleza de la Soledad… Sin embargo, y aunque sigo valorándola como una sobresaliente película entendida en su contexto histórico (que es como me gusta juzgarlas al fin y al cabo), no todo me seguía funcionando igual de bien. Las escenas de Lex Luthor y sus secuaces, pese a la sensacional interpretación de Gene Hackman, me resultaban pueriles y ridículas (y a pesar de ello me siguen haciendo gracia); el desenlace me parece una aberración narrativa, sin paliativos; algunas secuencias románticas siguen siendo bellas y emotivas, pero otras se me antojan demasiado moñonas; y la profundidad del relato o de la psicología de sus personajes es prácticamente nula. Agradezco que me siga encantando, pero ya no es lo que busco en este género. Esta apreciación refrendó mi temor a que Superman siempre sería para mí un superhéroe cuyas historias evitaría en el futuro por ser excesivamente naif e intrascendentes. Y aquí es a donde, después de semejante turra, quería llegar: Man of Steel se me reveló justamente como todo lo contrario. Y gracias a ella, pese a sus fallos, mi visión sobre Superman cambió para siempre.

El Superman más espectacular de la historia

Man of Steel 2 llegaría en 2020 | Trend
Pese a no ser tan marcada como en la mayoría de sus proyectos, la identidad visual de Zack Snyder en esta película rebosa originalidad y desborda la pantalla con su portentoso despliegue técnico y narrativo.
FUENTE: https://www.smashmexico.com.mx/

Zack Snyder es uno de los directores más controvertidos de la historia. No tanto por su vida personal o por sus excentricidades (siempre ha sido contemplado como un hombre sencillo, simpático, agradecido y trabajador incluso por parte de sus detractores), sino más bien por su trayectoria profesional. Como auténtico friki que es de la cultura pop y del mundo nerd de cómics y cine, Zack Snyder comenzó haciendo un excelente remake de una de las mejores películas de zombies de la historia (desarrollada por el genio George A. Romero), y antes de llegar a la silla de director en Warner DC ya se había atrevido a adaptar a la gran pantalla a dos grandes titanes de la industria del cómic (Frank Miller y Alan Moore, nada menos), en dos películas que, con independencia de su éxito comercial, habían evidenciado que Snyder sabía y entendía cómo trasladar el lenguaje de las viñetas a los cánones cinematográficos. De la mano de Christopher Nolan, Zack Snyder tomaba las riendas de un universo cinematográfico de superhéroes que tendría que competir con el ya consolidado y exitoso Universo Cinematográfico de Marvel.

Y aquí es donde me descubro, y donde probablemente los pocos haters de este director que hayáis llegado hasta este punto dejaréis de leer: adoro el estilo de Zack Snyder como director. Es cierto que a veces abusa del slow motion en sus escenas de acción, que tiende a congregar tantos elementos en sus escenas y en sus películas en general que sus metrajes suelen ser más propios de una miniserie que de una película hollywoodiense tradicional (la versión del director de Watchmen y de Batman v Superman duran unas 3 horas), que le falta sutileza para plantear conflictos dramáticos y que sus relatos no suelen ser aptos para aquellos que esperan chistes cada 10 minutos que aligeren los momentos de tensión (es bastante seriote el señor). Pero esto no suele molestarme, sino más bien todo lo contrario; y cuando lo hace, queda ensombrecido por las numerosas virtudes que les suelo encontrar a sus trabajos. Como queda patente también en El Hombre de Acero, es un excelso contador de historias. Cada plano, cada fotograma, cada objeto o gesto, contiene un significado oculto y una historia asociada. Suele acusarse a este director de trabajar con malos guiones, pero en general lamento tener que discrepar profundamente con esta opinión. De hecho, se maneja como pez en el agua transmitiendo con imágenes las tramas crudas, «realistas» y adultas que suele retratar. Sus guiones pueden ser más complejos o más sencillos, pero las capas de profundidad que aporta a sus películas para todo el que esté interesado en explorarlas le convierten automáticamente en un director al que siempre reservo un espacio para seguir sus proyectos. Todo ello por no hablar de su paleta de colores oscura tan característica, su granulado cinematográfico (que en Man of Steel está omnipresente para que no nos olvidemos de que estamos presenciando cine de acción con mayúsculas), su imbatible capacidad para rodar secuencias de acción y su destreza con multitud de recursos cinematográficos (planos secuencia, planos panorámicos, primeros planos, giros de cámara, desenfoques, planos detalle, encuadres…), heredados como otros grandes autores del séptimo arte de su antigua carrera como director de videoclips musicales.

টুইটারে WB Shop UK: "Earth's sun is younger & brighter than Krypton's was.  Your cells have drunk in its radiation, strengthening your muscles, your  skin, your senses. Earth's gravity is weaker, yet
Hay tantos planos emblemáticos en esta película, y tantas escenas que darían para enmarcar y poner en un cuadro, que me quedo con una tan sólo por pertenecer a mi secuencia favorita de la película. Ese primer vuelo de Superman, enmarcado en el vasto y desolado (pero hermoso) paisaje del Polo Norte, e iluminado por el lánguido sol naciente, me conmovió como muy pocas películas han conseguido en mucho tiempo. Y ahí sigue, ocupando un lugar imborrable en mi corazón, junto a aquellas primeras secuencias de vuelo del inolvidable Christopher Reeve.

Y si bien Zack Snyder mantiene muchos de los elementos distintivos que he mencionado previamente, también cabe destacar que en esta película hay una mayor presencia de la peligrosa steady cam (cámara en mano), con el propósito de introducirnos en primera persona en las andaduras del pobre Clark Kent/ Kal-El (cuya simbología religiosa y dualidad humano/alienígena está más desarrollada que nunca). Por suerte Snyder logra emplear este recurso sin que moleste demasiado, pese a que en momentos puntuales pueda resultar ligeramente confuso. La inteligencia de este director para colocar la cámara, uniendo imagen, música, actores y colores a la historia para integrar un todo cohesionado, es digna de admirar. En algunos momentos, incluso, me hizo recordar a esas grandes obras épicas del cine clásico de William Wyler, John Ford o Cecil B. DeMille.

Al soberbio trabajo de Zack Snyder en la dirección le acompañan la sublime fotografía de Amir M. Mokri (con un predominio de los tonos grises, negros y azulados para el presente, y de colores más cláros y vivos para los flashbacks del pasado) y un monumental despliegue de medios técnicos que combinan con astucia efectos prácticos y digitales para proporcionarnos un espectáculo visual que está a la altura (llegando a superar puntualmente) al avasallador espectáculo que unos meses antes habían ofrecido Los Vengadores. La película comienza por todo lo alto con el legendario nacimiento de Kal-El y la frenética destrucción de Krypton, y tras tomarse un respiro para dejar crecer a sus personajes comienza una escalada de escenas de acción a cada cual más impresionante que sigue dejándonos atónitos a día de hoy pese a que hayamos contado con peliculones que han pulverizado ese techo técnico (Avengers Endgame, sin ir más lejos). Adicionalmente, la estética propia de H.R. Giger (las semejanzas con la saga de Alien son manifiestas) y del modernismo que caracteriza el diseño de Krypton, el vestuario y la estética combina la apariencia de los cómics (especialmente los de la etapa de John Byrne) y una identidad visual propia mediante la cual Zack Snyder pretende resaltar la condición alienígena y tecnológicamente decadente de una sociedad mucho más avanzada que la humana.

Man of Steel", Feet of Clay | Far Flungers | Roger Ebert
El carácter mesiánico de Superman y las constantes referencias religiosas de su mitología están en el El Hombre de Acero todavía más acentuadas que en el clásico de Richard Donner. No obstante se disfrutan de igual manera seas creyente o no, porque la obra no hace apología de la religión cristiana sino que más bien enriquece su contenido con simbolismos culturales e históricos. FUENTE: https://www.rogerebert.com/

Un análisis aparte merece la banda sonora de Hans Zimmer. Aquí si que admito ser absolutamente incapaz de ser objetivo, porque además de parecerme uno de los mejores compositores de la historia del cine (a la altura del que compuso la otra banda sonora mítica del personaje, el insuperable John Williams) creo que aquí nos obsequió con uno los mejores trabajos de su carrera. La música ensalza ese tono operístico y épico que impera a lo largo del film con una calidad desmesurada; pero es que en los momentos intimistas, cuando vemos a un Superman vulnerable y capaz de expresar y percibir sentimientos humanos muy intensos, la música de Zimmer también sube enteros a la película. El tema «Flight», la música de Kal-El, los temas que suenan cuando Clark Kent está con sus padres biológicos o adoptivos… ésta es de esas bandas sonoras que elevan una película y sin la cual no serían lo que son. Hans Zimmer demostró de nuevo en esta película que es una incombustible máquina de obras maestras.

Un reparto de lujo con un prometedor Henry Cavill

Imitando la astuta estrategia llevada a cabo por Richard Donner en su clásico de 1978, Zack Snyder decide seleccionar a un actor joven relativamente desconocido (Henry Cavill) para interpretar a Superman; construyendo a su alrededor un elenco de estrellas y actores maduros consagrados de los que quitan el hipo para bien 😮. Junto a un más que competente Henry Cavill, que representa con dignidad y respeto a un Superman algo más hierático de lo que nos habituó Christopher Reeve, gozamos de la presencia imponente de auténticos veteranos de la interpretación como Russell Crowe, Kevin Costner, Diane Lane, Michael Shannon, Lawrence Fishburne o Amy Adams. ¿Qué podía salir mal?

Pues efectivamente, pocas cosas. Sin menospreciar el meritorio trabajo de Zack Snyder para conseguir que interioricen sus papeles y den lo mejor de si, la habilidad innata de todos ellos para desenvolverse delante de las cámaras es tan abrumadora que, de no ser por la inconmensurable fuerza iconográfica de Superman, acapararían toda la atención del espectador cada vez que aparecen. Y es que contar con una magistral Diane Lane (cuyas emotivas escenas consiguen hacernos evocar a los mejores momentos de la Martha Kent de Superman The Movie y de los cómics) y con un inspiradísimo Kevin Costner (en uno de sus mejores papeles en años como Jonathan Kent) para interpretar a los padres del bueno de Clark conforman una garantía de éxito. Tampoco se quedan atrás Russell Crowe y Ayelet Zurer (Jor-el y Lara, respectivamente), que poseen una notoria química en pantalla y ambos representan con eficacia sus trágicos y a la vez hermosos personajes. Ni que decir tiene que Amy Adams, una de las mejores actrices del momento, logra por fin su sueño de representar a Lois Lane y lo ejecuta con maestría y una personalidad avasalladora en pantalla (aunque su relación con Henry Cavill no siempre funcione igual de bien); y que Lawrence Fishburne le da la réplica perfectamente en un Daily Planet que respeta la estética del que nos mostró Richard Donner pero confiriéndole una pátina de modernidad.

Man Of Steel: 10 Reasons It's Better Than You Remember
Zod es un personaje carismático y arrebatador, y gran parte de la responsabilidad recae en las portentosas manos de un Michael Shannon que se sale en cada una de las escenas que le proporciona el metraje. Sus miradas, sus expresiones y sus palabras son fulminantemente intensas. ¿Qué pasa cuándo un actor con talento se ve respaldado por un guion a la altura? Pues que surge uno de los mejores villanos de la historia del cine de superhéroes. El conflicto entre él y Superman es memorable, a todos los niveles.
FUENTE: https://screenrant.com/

Y me dejo lo mejor para el final. Sin detrimento de las sobresalientes actuaciones que he mencionado previamente (en especial la de una brillante Martha Kent, que consigue comunicar mucho sólo con una mirada o con una sonrisa triste) y del resto del más que competente reparto, hay uno de todos ellos que sobresale espectacularmente: Michael Shannon. Zod es un personaje que en muchos aspectos se erige como el antagonista natural de Superman (donde el primero es un guerrero implacable, autoritario, decidido y xenófobo, el segundo es un chico sensible, diligente, dubitativo y tolerante), y que lleva a sus espaldas gran parte del peso dramático del film a partir de la mitad del mismo. Pese a que en sus pasadas encarnaciones cinematográficas (Superman II fundamentalmente) Terence Stamp había un notable trabajo, su personaje carecía de un transfondo psicológico complejo. Se limitaba a ser un villano malvado y vengativo, sin otro afán que el de doblegar a Superman y a todos los humanos a causa de su exilio y de la destrucción de su planeta de origen. En Man of Steel, el general Zod es un individuo tridimensional y complejo, con motivaciones comprensibles (algunos dirían que incluso justificables, pese a que no sea mi caso), un comportamiento regido más por el honor y la predestinación social que por la pura malicia, y dotado de un arco de desarrollo psicológico casi igual de completo que el del propio Superman. Sustentado en este maduro soporte de guion, sin incurrir en histrionismos pero logrando transmitir emociones con genuina solvencia, Michael Shannon se revela como el monstruo de la interpretación que siempre ha sido. Es tal su atractivo como personaje que por momentos eclipsa a Henry Cavill y a todo el que se le ponga por delante. Un 10 incuestionable para uno de los mejores actores del Hollywood contemporáneo.

Nos queda profundizar en Henry Cavill como Superman. ¿Está a la altura del imborrable legado de Christopher Reeve? Sin duda. ¿Le supera? En absoluto. Sus acercamientos al personaje son diametralmente opuestos (el de Reeve era un Superman más divino, más ingenuo y encantador; mientras que el de Cavill es más taciturno y humano), pero tampoco podemos olvidar que Christopher Reeve era además de un gran Superman un tremendo actor. La comparativa se me hace muy injusta, y por tanto me limitaré a afirmar que Henry Cavill ES Superman: un Superman distinto, con un enfoque más adulto y oscuro y con una identidad más incompleta, pero en cada fotograma le vemos actuar y hablar como lo harían Superman y Clark Kent. No exhibe unas dotes interpretativas deslumbrantes, ni tampoco las necesita: la imponencia de su personaje reside en su presencia física, la fortaleza de su trasfondo y su naturaleza de salvador imperfecto de la humanidad. Y de todo ello anda sobrado el bueno de Henry Cavill, que aunque aquí se atreve a desatar sus sentimientos muy de vez en cuando (lo cual es de agradecer, puesto que puede sacar de quicio a los que le encuentren inexpresivo), consigue ajustar sus capacidades a los rasgos introvertidos, reflexivos e indómitos de Superman- Clark Kent. Al igual que les sucedió a los que vivieron el apogeo de Superman en los años 80, no concibo otro Superman en la pantalla grande que no sea el de Henry Cavill. Cumple escrupulosamente con las exigencias del guion, y se asegura de convencernos incesantemente de que estamos delante de un superhéroe maravilloso e inolvidable como es Superman.

Zack Snyder defiende el final de 'Man of Steel' - Diario de Ibiza
Cuando escribes un tweet ofensivo y se enteran las autoridades.
FUENTE: https://www.diariodeibiza.es/

A la gente le da miedo lo que no comprende.

Muchos de los que sean mínimamente aficionados al personaje conocen sobradamente el ilustre relato del origen de Superman: Jor-El y Lara engendran un niño en condiciones inauditas en su planeta Krypton, el cual está dando sus últimos estertores antes de colapsar y destruirse. Antes de morir, ambos progenitores envían a su hijo (Kal-El) al planeta Tierra, donde son conscientes de que adquirirá poderes inconmensurables debido a las condiciones atmosféricas y medioambientales que va a experimentar en su nuevo hogar. A continuación su astronave impacta en las inmediaciones de la granja de la familia Kent, ubicado en la localidad de Smallville, y es adoptado por ellos para convertirse en su hijo. Así es como comienza la leyenda de Superman.

No obstante (y aquí reside uno de los principales aciertos de Man of Steel), aunque la historia sea prácticamente la misma que ya harto conocida por muchos espectadores, no son tan convencionales ni la estrategia narrativa adoptada para contarla ni la densidad y profundidad psicológico-filosóficas que impregna el relato (sin llegar por descontado al nivel de Un Caballero Oscuro, pero sí aportando una madurez inusitada para lo que nos tenia acostumbrados Superman en cine y televisión). La influencia de Christopher Nolan se hace notar no tan sólo como fuente de inspiración, sino también con su implicación directa en el proyecto a través de la escritura de la historia y como productor: aquí encontramos dilemas morales; un perspicaz juego con el tiempo que nos hace rememorar otras obras de este excelente director como Batman Begins (de cuya esencia se impregna esta El Hombre De Acero pero imbuida de su propia personalidad) a través de flashbacks que rompen la linealidad de la trama; y un tratamiento de personajes y acontecimientos que reinterpreta la fantasía para anclarla a la realidad y plantear un escenario hipotético en un mundo dolorosamente parecido al nuestro. David Goyer, Nolan y Snyder subvierten varios hechos hasta el momento inamovibles de la biografía de Superman (la mayoría con acierto, aunque no todos), adaptándolos a nuestros tiempos y a un público que puede que lleve años o décadas disfrutando de películas y cómics más adultos. Esta valentía que caracteriza particularmente al propio director de El Hombre de Acero exaspera a muchos fans nostálgicos y/o férreos defensores de ciertas etapas de los superhéroes en los cómics; pero para los que amamos las visiones diferentes y con identidad propia de nuestros superhéroes favoritos, películas como ésta las recibimos con los brazos abiertos. Para que me cuenten las mismas historias que en los cómics o que en las películas clásicas, no necesito que me las vuelvan a mostrar con un lavado de cara visual. Para eso tengo las fuentes originales, que son geniales como ya son. Tanto Marvel como DC (pese a que DC lleve unos años sin rumbo fijo) propusieron sus estrategias para abordar el cine de sus personajes más relevantes; ambas válidas, atrayentes y disfrutables. Es una lástima que Warner Bros haya presionado a directores, actores y showrunners para intentar imitar a la competencia y abandonar lo que mejor le ha funcionado siempre a esta compañía: dejar libertad plena a sus directores (cosa de la que Disney y Marvel no siempre han podido presumir). Mientras que Kevin Feige lleva décadas liderando y organizando un proyecto colosal en Marvel que, pese a sus baches, ha generado enorme éxito y productos con un estándar de calidad mínimo siempre moderado o alto, el DCU parece que va a convertirse en un eco del pasado de lo que pudo ser. Salvo que los fans consigan obrar el imposible milagro de revitalizar lo que Snyder, Nolan, Ayer y otros directores tenían en mente cuando gestaron el proyecto surgido a partir de esta primera película, Man of Steel continúa siendo una joya imperfecta que reimagina el mito de Superman con las dosis justas de épica, sentimiento, complejidad y riqueza estética y argumental. Le pese a quien le pese.

Referencias? Las cartas de amor entre Man of Steel y Aquaman - La Tercera
Cuando sales de la ducha después de hacer deporte y te crees el put* amo.
FUENTE: https://www.latercera.com/

Si Superman The Movie era fundamentalmente una película de catástrofes y terroristas con Superman de por medio (con un fuerte componente de fantasía espacial en su excepcional comienzo), El Hombre de Acero es una revisión de los relatos clásicos de invasiones extraterrestres que tan asiduos son a la ciencia ficción literaria y audiovisual (La Guerra de Los Mundos, Encuentros en La Tercera Fase, Ultimátum a la Tierra, La Llegada,…). Pese a tratarse de una premisa argumental de por sí inconcebible (que un extraterrestre adquiera superpoderes tan descomunales por el hecho de cambiar de ecosistema vital es un despropósito científico), casi todos los sucesos y fenómenos que acontecen en el film intentan presentar un mínimo de rigor dentro de los estándares de la ciencia ficción más ligera. Superman y los kryptonianos son alienígenas, y su presencia en la Tierra debería suponer una auténtica revolución social y cultural. Este análisis sociológico de la existencia de superhéroes y supervillanos en un mundo como el nuestro, prácticamente ausente en la mayoría de las adaptaciones superheroicas clásicas en el cine (en el cómic se lleva haciendo varias décadas), está cada vez más presente en el cine de este género: y es una tendencia que personalmente agradezco. Aunque haya superhumanos semidivinos campando a sus anchas, esa verosimilitud permite que muchas de las desavenencias y disyuntivas sociales que se observan en el film puedan extrapolarse a nuestro mundo real, e incluso enriquecer reflexiones que están a la orden del día (xenofobia, libertad individual vs control político, justicia social, ética científica, futilidad de la guerra y del enfrentamiento entre iguales, la naturaleza humana y la importancia de la razón, las consecuencias de la planificación social por parte de los gobernantes, la predestinación, la envidia, el miedo…). Obras como el Hombre de Acero (y Civil War, y Batman v Superman, y Joker, y Watchmen, y varias más) nos instan a replantearnos ciertos dogmas mientras lo pasamos en grande viendo a nuestros personajes favoritos lograr hazañas portentosas mientras se enfrentan a problemáticas que no nos son tan ajenas. Este componente es uno de los que más han favorecido que se revitalice mi interés por el cine de superhéroes después de tanto tiempo alejado de ellos. Y yo que me alegro de que este tipo de películas no sean solo para frikis inmaduros, como algunos (críticos de cine incluidos) siguen pensando todavía, sino

No todo son virtudes en este guion, pese a que sí se trate de una de las más consistentes y elaboradas historias de origen de un superhéroe de los últimos años. Determinadas decisiones argumentales sobre el pasado de Clark Kent (el momento tornado sigue sin encajarme del todo, pese a la soberbia interpretación de Kevin Costner que te vende lo que sea) y lo embarullado que se vuelve el plan original tanto de Zod y sus acólitos como de Jor-El lastran sensiblemente una historia que, por lo demás, es fácil de seguir pero exigente si se desea profundizar en ella. Un ejemplo perfecto de los atributos que representa el Hombre de Acero: es arriesgada, excesiva, impactante, con diálogos escuetos pero sobresalientes, oscura, humana, emotiva, crítica y solemne. Comprendo perfectamente que los fans de un Superman más idealizado no empaticen con este Superman que no deja de ser un reflejo de lo que supone ser un niño con capacidades especiales en un mundo que puede ser cruel e intolerante con él, pero también llegar a admirarle y amarle cuando se esfuerza por comprenderle. Pero para mí este es el Superman con el que me siento identificado; éste es el universo superheroico que más me atrae y el que más me estimula en dos vertientes: al niño que guardo en mi interior y que busca fascinarse y divertirse, y al adulto que quiere reflexionar y mejorar su entendimiento del mundo y de otras personalidades muy diferentes. Las reacciones tan enconadas y polarizadas que el «Snyderverso» en general, y el Hombre de Acero en particular, han originado y todavía originan, son a su vez una constatación de uno de los mensajes que la película más se afana en reivindicar: debemos respetar la libertad de los demás seres humanos para ser, sentir y vivir como deseen, amándolos por lo que son y no buscando forzarles a ser como nos gustaría que fueran. Y lo que no sea compatible con nuestra forma de pensar, lo respetamos y a otra cosa. No debemos ser un Zod despiadado, que recibe un mandato social para actuar de determinada manera y que, sin ese propósito vital, no es nada; deberíamos más bien ser un Superman altruista, amable, que pese a cometer errores humanos (venganza, rabia, misantropía,…) termina fraguando una personalidad independiente y humanista. Porque estas premisas, la libertad y la justicia, son tanto los ideales de Superman como los que a tantos fans del personaje intentamos que guíen nuestro día a día. Tropezaremos, caeremos, pero al final tengo fe en que la humanidad seguirá a Superman y sus sencillas pero vitales enseñanzas hasta ese hermoso sol que nos da la vida de la que gozamos y que tanto nos cuesta valorar en toda su dimensión.

Liga de la Justicia (Justice League, 2017, Zack Snyder) - Página 203
Y terminamos con esta preciosa e icónica estampa. Como siempre, una buena imagen vale más que mil palabras.
FUENTE: http://www.mundodvd.com/

NOTA: 9.25

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