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Crítica de “El Viaje de Chihiro”: la obra cumbre de un estudio legendario

El Viaje de Chihiro

La obra cumbre de un estudio legendario

El viaje de Chihiro, una alegoría del paso de la infancia a la adultez
FUENTE: https://poptaim.com/

A veces hay películas que nos llegan al corazón siendo niños, y perduran en nuestro recuerdo durante toda la vida. En ocasiones hay films que nos cautivan desde nuestra infancia, y cuyos errores se nos hacen en exceso manifiestos conforme maduramos, hasta el punto de que el indescriptible sortilegio que un día os unió desaparece para siempre. Y esporádicamente, cuando menos te lo esperas, obras que en tu tierna infancia te resultaron indiferentes, te roban el corazón cuando vuelves a visualizarla en plena edad adulta.

Aunque pueda sorprender a algunas y a algunas, esto último es lo que me ha sucedido a mí con esta preciosa joya diseñada por el mítico Estudio Ghibli y concebida por uno de los mejores creadores culturales de todos los tiempos: Hayao Miyazaki. Os deseo una calurosa bienvenida, como siempre, a este pequeño rinconcito de frikis del cine de todas las épocas.

El Viaje de Chihiro es un regalo glorioso engendrado por la preclara mente de un Miyazaki sin el cual el cine en general no sería lo que es actualmente.

Hoy os traigo mi humilde análisis de esta obra maestra tras haber gozado de la magnífica oportunidad de verla por primera vez en una sala de cine. Y para mí el éxtasis fue doble, ya que pese a estar rodeado de personas que admitían haberla revisionado recientemente, yo no la tenía precisamente fresca. Debía andar cerca de los 9 o los 10 años cuando este prodigio de la animación apareció en la pantalla de mi televisor, y de lo poco que rememoraba en mis brumosos recuerdos destacaban dos conclusiones: la película me fascinó visualmente, pero se me hizo aburrida. Menos mal que ya no soy aquel niño que necesitaba estimulación constante y carecía de capacidad para concentrarse más de 20 minutos en algo que exigiera cierto nivel de atención (a algunos que yo me sé todavía les dura ese efecto).

Y de eso precisamente trata esta película, junto a muchas otras cosas. Porque no todos los días una película de animación japonesa recibe un premio Óscar (de hecho es la única que lo ha logrado), ni se convierte en el film más taquillero de la historia de Japón desde su estreno en 2001 (pese a haber sido recientemente superada por Kimetsu no Yaiba, cuya crítica tenéis también por aquí), ni se convierte en una de las más valoradas por la crítica especializada y los espectadores de todo el mundo. El Viaje de Chihiro es un regalo glorioso engendrado por la preclara mente de un Miyazaki sin el cual el cine en general no sería lo que es actualmente. Y me atrevería a decir que el arte en general. Pero vamos a darle duro a los SPOILERS, porque si todavía no la habéis visto ya estáis tardando 😉.

¡¡¡¡¡SPOILER ALERT!!!!!! ¡¡¡DANGER!!!

Un viaje inolvidable

El viaje de Chihiro es un viaje que, más que ser “más grande que la propia vida”, describe el propio viaje que es en sí mismo el hecho de vivir y de crecer. La adorable protagonista de este relato, Chihiro, es una niña preadolescente que está experimentando una traumática transformación, y que gracias a la aventura a la que se enfrenta termina superando el complejo reto que implica la transición desde la infancia hacia la madurez. Chihiro se ve obligada a mudarse por decisión de sus padres, y la simbología de ese ramo (último regalo de los amigos que deja atrás) degradado y languideciente nos muestra de una manera tristemente poética que una parte de la vida de la protagonista está muriendo junto a esa planta. Los progenitores de Chihiro parecen restar importancia al trance que está atravesando su hija, y son fiel reflejo de esa nueva generación postmoderna y despreocupada que prioriza su hedonismo personal antes que el bienestar emocional de sus propios descendientes.
 
Miyazaki es un conservador, pero en la vertiente menos política y más emocional del término: todo lo que la naturaleza nos ha ofrecido a lo largo de nuestra historia como especie, y que de una manera u otra acaba cristalizando en nuestras raíces culturales, es digno de ser protegido siempre y cuando nos permita progresar como especie. Por tanto Hayao no es un viejo cascarrabias al que todo lo moderno le exaspera, sino que pretende inculcarnos su perspectiva de que el desarrollo humano debe y necesita ser compatible con la preservación de lo que nos define como humanos en primer lugar. Y, entre otras cosas, ésta es otra enseñanza que la joven Chihiro va a aprender a lo largo de su bellísima travesía.
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La exhuberancia de la imaginería visual del cine de Hayao Miyazaki está fuera de toda dura, pero tal vez sea en el Viaje de Chihiro donde brilla con más fuerza. Casi cada personaje, por aparentemente irrelevante que sea a nivel argumental, está dibujado con un mimo y un encanto susceptible de conmover hasta al corazón más impasible. El Viaje de Chihiro es una de las películas más hermosas que veréis en vuestras vidas. FUENTE: https://www.semana.com/
Desoyendo las advertencias de su hija de nuevo, sus ligeramente negligentes padres acaban extraviados y devorados por su propia glotonería. Los adultos, en contraposición a la mente soñadora y pura de los niños, habitamos en un mundo demasiado materialista y preocupado por la satisfacción inmediata; Miyazaki vehiculiza, como en la mayor parte de su obra, esta crítica al mundo moderno a través de los ojos ingenuos de los más jóvenes. Chihiro tampoco ha sido corrompida por esta nociva actitud, y por ello rechaza el cuestionable comportamiento de sus padres para lanzarse a lo que más les gusta a los niños: explorar.
 
Así es como se encuentra con el joven Haku, que le guía hacia un onírico y perturbador mundo donde ensoñación y pesadilla se interconectan para construir una bella metáfora sobre la superación de los miedos internos y de la aversión a la madurez. Chihiro regresa con sus padres, pero en lugar de permanecer junto a ellos entre estruendosos sollozos esperando una salvación que probablemente nunca llegue, es lo suficientemente valiente como para aceptar que ella es la única persona que puede intentar solventar esa situación. Como en tantas otras obras del estudio Ghibli, Chihiro es una protagonista femenina fuerte cuya valentía se hace latente de manera natural casi al principio y va incrementándose progresivamente conforme los acontecimientos y su propia personalidad van desarrollándose. Sin exabruptos, sin propaganda barata y sin demagogia, Miyazaki lleva varias décadas siendo pionero indiscutible en el arte de crear heroínas que sirvan como referentes morales para las niñas y mujeres de diversas generaciones.
Sin exabruptos, sin propaganda barata y sin demagogia, Miyazaki lleva varias décadas siendo pionero indiscutible en el arte de crear heroínas que sirvan como referentes morales para las niñas y mujeres de diversas generaciones.
 
Haku es más un aliado en apuros que un héroe salvador (en analogía con el Ashitaka de La Princesa Mononoke), y más un amigo que un interés amoroso. Tal vez Chihiro no sea tan combativa ni tan implacable como Mononoke, pero sigue siendo igual de aguerrida y de inteligente. Durante la película nuestra querida protagonista conoce el valor de la amistad, del esfuerzo, de la lealtad, del equilibrio ético, de la perseverancia y del trabajo duro. Tras aprender a controlar sus miedos más instintivos y atávicos en una icónica escena en la que la vemos cruzar un puente mientras contiene la respiración, esta Alicia en el País de Las Maravillas al estilo nipón descubre cómo es tener un trabajo arduo y mal recompensado.
 
La aparentemente perversa bruja Yubaba, siguiendo con la impecable trayectoria de su director, no es una villana al uso pese a tratarse de las pocas antagonistas de Miyazaki que realmente actúa como tal; pero sí que simboliza a esa jefa o ese jefe despiadados que trata de sojuzgarnos a su voluntad a cambio de garantizarnos una paupérrima supervivencia. En otra muestra de la poco caricaturesca visión de Hayao Miyazaki sobre la vida, su forma de mejorar su posición en esa microsociedad que constituye la casa de baños que preside Yubaba es su esfuerzo abnegado y su actitud resiliente. Lejos de prometernos un futuro fácil, donde la felicidad se alcanza de modo excesivamente naif e inocente, el director japonés nos arroja a la cara una realidad irrevocable: una parte fundamental de crecer y madurar consiste en asumir que sin dedicación y lucha continua no hay progreso personal. Una preciada lección para Chihiro que deberíamos interiorizar todos antes de que determinadas personas pretendan colmar nuestros oídos de promesas irrealizables que enmascaran su propia medra personal. Chihiro demuestra que ella es la única con el coraje suficiente para enfrentarse a dioses hediondos y a seres de pesadilla, o de embarcarse en un trayecto que (como la propia vida) sólo admite caminar hacia delante y sin mirar atrás. Así es como finalmente concluye su periplo la pequeña protagonista, en una deliciosa alusión al célebre mito de Orfeo y Eurídice. Pero esta vez Chihiro no va a volver la vista, aunque se vea tentada a ello; la pequeña dubitativa y sobreprotegida que se adentró en ese pintoresco mundo de fantasía ha cambiado, y ya no teme al cambio. Ha ganado esta batalla, que será la primera de muchas otras que tendrá que librar durante su vida.

Miyazaki se mantiene fiel a su estilo

El viaje de Chihiro, Cine en Oviedo » Convulsĭo
La relación que entablan Haku y Chihiro es, junto a la salvación de sus padres, el hilo conductor que vertebra las motivaciones de la protagonista para seguir adelante contra cualquier adversidad que se le presente. Ambos protagonizan una de las escenas más deslumbrantes de la película, cuando al fin se revela el nexo previo existente entre ellos. Puede que de haberse narrado de manera más plana el recurso de guion no hubiera funcionado tan bien, pero aquí resulta ser tan emocionante o más que el resto del film. FUENTE: https://convuls.io/

Durante los imborrables 124 minutos de metraje que dura El Viaje de Chihiro, Hayao Miyazaki se mantiene genuinamente fiel a los temas más recurrentes de su cinematografía (muchos de los cuales ya os comenté en mi crítica de La Princesa Mononoke, que tenéis aquí https://lockoutmag.com/critica-de-la-princesa-mononoke/). Desde sus inquietudes ecologistas (la magistral e hipnótica secuencia del dios del río, que evoca la ilustre fábula de Androcles y el León de la astilla clavada, es una clara reflexión acerca de la contaminación que vertemos sobre nuestros ríos y mares) hasta su devoción por la cultura japonesa (si os gustan los yokais y los dioses nipones, aquí tenéis hasta aburriros); pasando por la trascendencia del matriarcado como institución de poder, la inexorabilidad del equilibrio moral en nuestro mundo (las brujas gemelas, a modo del ying y el yang, no son mutuamente excluyentes sino que se retroalimentan y complementan) y las consecuencias de vicios intrínsecamente humanos como la codicia, la maldad, la manipulación y la cobardía.

Lejos de limitarse a proporcionarnos guiños gratuitos sin ningún tipo de implicación intelectual, Miyazaki utiliza el extenso material del que le proveen las criaturas propias del folclore japonés para aportar su propia destreza visual y construir a personajes que no sólo son llamativos visualmente sino que poseen un notable empaque dramático por sí mismos. De hecho, hay diversos personajes en El Viaje de Chihiro que bien merecerían una película para ellos solos pese a funcionar perfectamente dentro del film sin sentirse desaprovechados.

El viaje de Chihiro", la clásica cinta del Studio Ghibli, se adaptará al  teatro en 2022 | Hayao Miyazaki | Japón | RPP Noticias
FUENTE: https://rpp.pe/

Otro personaje al que no he mentado, pero que resulta de cierta importancia para la trama, es el del bebé grandote Bô. Este niño, mantenido entre algodones por una madre sobreprotectora (la bruja Yubaba) que sólo se muestra compasiva y cariñosa con él, también experimenta una evolución psicológica a lo largo de la película pese a la extravagancia de su apariencia física. Este peculiar ser empieza siendo víctima complaciente del comportamiento posesivo de su madre, para verse instado a acompañar a Chihiro debido a su curiosidad innata y a las ganas de “jugar” (aprender); lo cual termina llevándole a empatizar con la niña protagonista y a contrariar a su madre en favor de la muchacha como nunca habría parecido capaz de hacer.

No en vano, en El Viaje de Chihiro hay dos elementos fundamentales que atesoran una importancia capital: los nombres por un lado, y las transformaciones físicas como alegoría de la mutación psicológica por otro. Cuando Chihiro es alienada, como lo somos tantos en relativa medida en un sistema que suele premiar el gregarismo frente al libre pensamiento, se le arrebata su nombre y pasa a llamarse Sen (que vendría a ser algo así como “centavo”, que es el valor aproximado que Yubaba le atribuye como persona en ese momento); y cuando Bô experimenta su cambio físico, lo hace simultáneamente su actitud ante el mundo. Estas analogías se reiteran a lo largo de la película, y demuestran que la poesía de Miyazaki no se limita sólo a lo estrictamente estético. Cuando el joven Haku le recuerda a Chihiro que nunca olvide su nombre, realmente le está rogando que jamás olvide quién es ni de donde viene; igual que casi todos nosotros, con independencia de lo afortunada o triste que haya sido nuestra vida, no debemos olvidarnos con facilidad de nuestros rasgos impulsivos ni de las personas especiales que han marcado nuestros pasados. Haku, que hasta casi el desenlace del film se ha visto devorado por sus propias ansias de poder y por su sumisa servidumbre a la explotadora bruja  Yubaba, emerge definitivamente de su trance al recordar su nombre y la balanza de su conflicto interno (ayudar a Chihiro a la vez que cumple los encargos de su vil maestra) se inclina indefectiblemente en favor de su amiga de la infancia. Al igual que en casi todas sus películas, Miyazaki muestra a los dioses y criaturas míticas como seres falibles, imperfectos y frágiles pese a su superioridad moral o incluso física frente a los seres humanos.

 
Antonella Yadira (AntonellaYadira) - Perfil | Pinterest
Los mitos japoneses están presentes en todas partes. Incluso en el mundo real. Estos inquietantes tótems, así como las pequeñas estatuas que atisba Chihiro a un lado de la carretera, nos recuerdan que todavía hay personas que creen en la existencia de esos seres, que los reverencian y que les realizan ofrendas para honrarles. FUENTE: https://www.pinterest.es/

El viaje de Chihiro, en consonancia con el dogma imperante en la mayoría de películas de Hayao Miyazaki, es una película optimista y ferviente partidaria de la confianza en las facultades humanas para superar sus propios incentivos perversos. A diferencia de La Princesa Mononoke (cuyo tono pesimista, adulto y deprimente se erige como una rara avis dentro de la obra del genio japonés), El Viaje de Chihiro adopta una posición más vitalista sin renunciar a la irrupción de secuencias inquietantes, violentas u oscuras. A diferencia de muchas otras películas de animación occidentales, donde la cursilería y la ingenuidad se exacerban hasta niveles insoportables, Miyazaki no se amedrenta a la hora de exponer a los niños a rostros aberrantes, a formas grotescas o a situaciones moralmente ambiguas. En una tesitura muy similar a la que caracteriza a las grandes obras maestras de Pixar, El Viaje De Chihiro sabe combinar con maestría el compromiso sociocultural, la profundidad dramática y el entretenimiento para grandes y pequeños de la casa. Tal vez ese sano escepticismo de su película previa, rozando el existencialismo o la ambigüedad moral, resulte más atractivo a los espectadores “intensitos” como yo; no obstante, sería injusto minusvalorar las abundantes virtudes de este film solo por el hecho de exista un final feliz para sus protagonistas o porque la línea moral esté aquí más definida que en aquella.

Al igual que las gemelas YubabaZeniba son polos opuestos que dentro de su antagonismo se necesitan mutuamente para subsistir, las historias crueles y dramáticas y los relatos delicados y hermosos están entreverados y merecen ambos igual consideración mientras estén bien realizados y bien ejecutados. De hecho, El Viaje De Chihiro me ha hecho reafirmarme en mi convicción de que no porque una película tenga una conclusión previsible el guion ha de ser calificado automáticamente como mejorable. Puede que todos tengamos la certeza de que Chihiro volverá a ver a sus padres como humanos y que los tres retomarán juntos su vida anterior; pero la historia tiene tantos vaivenes, la imaginación de Ghibli es tan disparatadamente conmovedora y los personajes se ven sometidos a tantos cambios externos e internos, que al igual que la joven protagonista de este excelente cuento, nunca seremos exactamente los mismos antes y después de vivir este viaje.

El Viaje de Chihiro', mucho más que una película - RTVE.es
La magia es relevante en El Viaje de Chihiro, pero constituye una manifestación de los poderes sobrenaturales de los dioses. Chihiro no es maga ni lo va a ser en toda la película, porque estas habilidades especiales trazan la diferencia entre los seres “superiores” (que habitan en mundos mágicos) y los seres humanos. FUENTE: https://www.rtve.es/

Un apartado audiovisual de primer nivel

A la susodicha ambientación contribuye de manera esencial la sublime banda sonora de un Joe Hisaishi que se consagra aquí como uno de los mejores compositores de la historia del cine. Tanto sus partituras más intimistas como los temas sinfónicos y épicos siguen siendo excelsos como siempre; pero además en El Viaje de Chihiro Hisaishi nos brinda canciones donde predominan los sonidos apagados y misteriosos, con campanas y sonidos que oscilan entre lo tétrico (la presencia del piano es inquietante cuando aparece) y lo surrealista (esos instrumentos de viento tan portentosamente introducidos). Esto último auspicia que la banda sonora de El Viaje de Chihiro sirva tanto para un roto como para un descosido; es decir, que emociona cuando tiene que hacerlo, nos comprime el corazón de tristeza o desasogiego cuando lo necesita, nos llena de felicidad cuando corresponde narrativamente y refuerza la inmersión cinematográfica de manera superlativa. Así que sí, no tengo duda alguna en calificarla como una de las mejores bandas sonoras de la historia del cine de animación. Y qué diablos. Del cine en general. Ya iba siendo hora de que os reconociera que esta banda sonora me enamoró casi instantáneamente y no me soltó (como el resto de la película) hasta el desenlace de la misma. A los que ya no la tengáis tan reciente, os sugiero que veáis la película de nuevo; pero si no es posible o no os apetece, al menos os recomiendo que la escuchéis tranquilamente y os dejéis embelesar por ella. No os arrepentiréis.

El Viaje de Chihiro es una obra magna de tal calado que su impacto cultural se ha extendido a todo tipo de obras posteriores; desde otras películas de animación como la española Klaus o el cine de Pixar, hasta videojuegos como el excelente Little Nightmares.


Temáticamente es una obra muy rica y repleta de mensajes y referencias, pero además de ello es que visualmente es una apoteosis que prácticamente tocó techo en lo que la animación tradicional podía exhibir hasta el momento de su estreno.

La imagen es colorista y vibrante en las secciones más alegres del film, e incluso en tonos más apagados y nocturnos el nivel de contraste es considerable para se identifiquen con nitidez las diferencias entre los personajes y su entorno.

Y por si fuera, como he mencionado previamente, su particular e indistinguible diseño artístico ha influido a multitud de animadores, diseñadores de videojuegos, dibujantes y demás artistas.

Si no os lo creéis, os aporto un dato más: John Lasseter, uno de los fundadores y más insignes creadores de Pixar, quedó tan fascinado con esta película que se encargó él mismo personalmente garantizar su apropiada y merecida distribución internacional.

Y de ahí podréis deducir por qué varias de las obras de este estudio comparten ingredientes en común con esta obra de El Estudio Ghibli (y con otras anteriores).

Cuando una película te abruma sentimentalmente, te abstrae de tu entorno hasta niveles casi oníricos, revoluciona tan drásticamente la cultura popular y la percepción de un director y de un estudio, atesora tantas virtudes argumentales y artísticas y compatibiliza con tanta destreza logros tan complicados como el entretenimiento y la promoción de la reflexión intelectual por parte del espectador (por ejemplo ese lúgubre tren poblado por unas sombras que nos recuerdan a los pasajeros casi sin rostro definido que nos acompañan en el metro o recorriendo las calles de una gran ciudad), queda claro que nos encontramos ante una obra maestra irrefutable.

Obviamente no es perfecta, porque en algunos tramos puede perder el rumbo narrativo o hacerse ligeramente espesa en cuanto a su simbología para algunos niños o espectadores poco pacientes; y pese a la increíble calidad de sus diálogos, algunas alusiones o expresiones de sus personajes quedan sin explicar o sirven como pretextos argumentales forzados para hacer avanzar una historia que parece al borde del estancamiento.

Pero es realmente tan complicado, y tan injusto minusvalorar una grandiosidad cinematográfica de tal calado sólo por tres o cuatro minucias rebuscadas, que se merece que le encasquete las 5 estrellas sin ningún remordimiento de conciencia.

El Viaje de Chihiro es una película que conquista, conmueve y sorprende a partes iguales, ocupando un hueco indeleble en los cerebros de todos aquellos que de una manera u otra se encuentran con ella y logran sintonizar con su estilo y sus intenciones.

Y creedme que (casi) todos lo haréis en algún momento de vuestras vidas, con mayor o menor intensidad, porque el viaje que transita Chihiro es el mismo que hemos recorrido, recorremos y recorreremos todos cada vez que tenemos que superar una adversidad y enfrentarnos a nuestras propias limitaciones para emerger más fuertes.

Puede que no siempre completemos esa última fase, pero al menos intentémoslo sin mirar atrás y confiando en nuestros amigos y en nuestros seres queridos. El esfuerzo invertido merecerá la pena. Os deseo, como siempre, mucha salud y mucho cine. Hasta la semana que viene 😉.

VALORACIÓN: 9,8

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