CineCriticas

Crítica de Jinetes de la justicia

Un atípico cuento navideño sobre el caos y la redención

Muchas son las películas que versan sobre tragedias familiares que rompen su frágil estabilidad y desvirtúan sus vínculos hasta el punto de poner a sus integrantes al límite. Abundantes son los ejemplos de historias que tratan sobre un grupo de inadaptados sociales que buscan su lugar en el mundo a través planes tan geniales y disparatados como ellos mismos.

Cuantiosos son los films que nos hablan sobre enloquecidas venganzas donde un personaje devastado por la pérdida se deja llevar por sus impulsos y sacia vorazmente su sed de justicia a base de repartir estopa y plomo.

¿Pero ver todo ello simultáneamente en un mismo film, y lograr que funcione? No es en absoluto nada habitual. Y es en este precario equilibrio, donde tan complicado es acertar como sencillo es sucumbir en el intento, donde navega plácidamente la nueva obra del director danés Anders Thomas Jensen.

Independientemente de su fracaso o éxito, desde luego ha demostrado ser un artista con agallas y sin complejos. Pero…¿Realmente habrá logrado su propósito, o nos deja con un regusto amargo? Ahora enseguida os cuento. Os doy la bienvenida una semana más a este humilde rincón cinéfilo virtual.

Jinetes de la justicia (2020) - Filmaffinity
Como te atrevas a amenazar a Madds Mikkelsen, seguramente no acabes demasiado bien. Y puede que aunque no le amenaces. A ver quién se atreve a llevarle la contraria a este buen señor 😰.
FUENTE: https://www.filmaffinity.com/

Un cóctel explosivo que resulta tan confuso como gratificante

Jinetes de la Justicia es uno de esos extraños y (por desgracia) cada vez más anómalos films que destacan por su carácter inclasificable. No se puede definir exactamente como un thriller de acción, ni tampoco como un drama familiar, ni tampoco como una comedia satírica y negra.

Esta película aglutina elementos inherentes a todas estas propuestas, y las combina para ofrecer un producto encomiablemente compacto. Construida a modo de relato de Navidad encubierto, la nueva película de Anders Thomas Jensen (director de Men & Chicken o Las Manzanas de Adam) se sustenta sobre un magnífico guion repleto de sorpresas y reflexiones filosóficas y sociales; así como sobre los inmejorables pilares que conforman el reparto al completo.

Ningún actor desentona, y la mayoría de ellos aprovechan con satisfactorios resultados las oportunidades que les ofrece la historia para brillar.

Puede que la mayoría de ojos se desvíen hacia la imponente figura de Madds Mikkelsen (Markus) , buque insignia del cine danés y uno de los mejores y más ilustres actores del cine moderno; y desde luego, su trabajo en esta película no tiene nada que envidiar a los puntos más álgidos de su trayectoria como actor.

No obstante, cometeríamos un injusto y nefasto error si nos limitamos a pensar que se trata del show personal de Mikkelsen y que el resto de intérpretes se limitan a cumplir su función de ser eclipsados.

De hecho, el trío protagonista constituido por Nikolaj Lie Kaas (Otto), Lars Brygmann (Lennart) y Nicolas Bro (Emmenthaler) están tan inspirados y tan respaldados por su trasfondo argumental que por momentos logran atraer todas las miradas de los espectadores con sus espléndidas actuaciones.

Tal vez sea determinante el tono extravagante e histriónico (casi caricaturesco) de los individuos a los cuales representan; mas sea como fuere, resulta evidente que sus facultades actorales consiguen elevar a estos peculiares sujetos a un nivel casi inalcanzable.

La soberbia calidad del guion escrito por Nikolaj Arcel (sí, el de la fallida Torre Oscura) y el propio Anders Thomas Jensen es un arma de doble filo, puesto que también requiere de sus actores una versatilidad considerable que les permita resultar igual de convincentes en registros dramáticos, hilarantes e incluso desenvolverse con habilidad en secuencias repletas de acción y tensión.

Y todos ellos, junto al resto de un reparto más secundario pero igualmente sólido, acreditan que estos hombres y mujeres atesoran un gran talento del que su director ha sabido sacar todo el jugo posible.

La intrincada mixtura de géneros que hilvana Jinetes de la Justicia no impide que el tono del film sea más o menos consistente durante sus 116 minutos de duración. Y es que una innegable aureola de sarcasmo, amargura y realismo casi mágico impregna casi toda la película sin abandonar nunca ese terreno (si exceptuamos su segmento inicial, durante el cual impera la faceta más trágica y triste).

Los protagonistas de esta película son parias sociales, en mayor o menor medida, y sus traumas y experiencias pretéritas les impiden aceptar sus singulares identidades y poder mirar hacia el futuro con optimismo: Markus es un militar estoico e instintivo, cuya frialdad y desapasionada actitud le confronta permanentemente con una vida civil que desprecia y una familia por la que apenas se preocupa; Otto es un meticuloso soñador que concibe el mundo y la existencia humana como la agregación de un conjunto de sucesos discretos y computables que puede ser predicho mediante algoritmos matemáticos a la vez que carga con un intenso sentimiento de culpa; Lennart es una especie de pirata informático que oculta las dolorosas heridas que le fueron infligidas durante su juventud con un aire de intelectual engreído; y Emmenthaler es un audaz prodigio de la informática y la estadística con un severo trastorno alimentario que subsana su falta de autoestima (debida esencialmente al abuso al que es sometido por su forma física) con una rabia y un rencor que parecen inducirle a buscar una venganza más genérica y todavía más indiscriminada que la de Markus.

El detonante de esta historia, que involucrará a estos personajes y también a otros como la hija del propio militar (una Mathilde muy solvente) o al desafortunado Bodashka (Gustav Lindh), surgirá como consecuencia de un accidente de tren que provoca la muerte de la esposa de Markus y el descubrimiento por parte de Otto de los que interpreta como indicios claros de una conspiración que da sentido a la devastadora catástrofe.

Y es justo este concepto, el de dar sentido a la vida, el que pivota sobre varios de los conflictos morales y emocionales que se plantean durante la película.

Sea a partir de explicaciones espirituales, de argucias criminales o de postulados científicos (en concreto de la teoría del caos, que establece que en un sistema no determinista y dadas unas determinadas condiciones iniciales, pequeñas perturbaciones en algunas de sus variables implicarán transformaciones que pueden alterar el propio sistema hasta que sea muy complicado predecir su evolución futura), todos los personajes de la cinta luchan por hallar una justificación a todo lo que les ocurre en la vida.

Una necesidad primigenia que, en última instancia, nos remite a la consustancial inquietud humana por entender los misteriosos engranajes que mueven el mundo en el que vivimos.

No obstante, la película no recurre a una verborrea densa o a incomprensibles metáforas visuales para interrogar al espectador con estas incógnitas; su inclusión es natural, muy orgánica, y permite que sólo reparen en esta cuestión vertebral aquellos que estén interesados en esta disyuntiva filosófica que tanto nos asalta a todos varias veces en la vida.

Crítica de 'Jinetes de la justicia'
La colaboración entre el trío de amigos freaks y el personaje de Madds Mikkelsen es tan inconcebible como eficaz. Su personalidad taciturna y violenta contrasta enormemente con el carácter más ingenuo y hablador de sus compañeros. Esta disonancia de personalidades alimenta algunos de las mejores escenas cómicas del film. FUENTE: https://www.20minutos.es/

Pese a ello, no se puede eludir el hecho de que en ocasiones la película desconcierta por la aparente brusquedad con la que pasa de la pesadumbre a lo ridículo o a lo cruento, sin apenas dejar tiempo al espectador para sentirse cómodo en ninguno de estos niveles.

Sus personajes son demasiado extravagantes para ser creíbles, y a la vez están demasiado bien construidos y desarrollados como para que los infortunios que les ocurren nos hagan soltar una carcajada sin detenernos a valorar antes el impacto emocional que están teniendo en ellos.

Es complicado empatizar con esta gente, y lo más meritorio de todo es que la película lo consigue en líneas generales. Es posible que en momentos puntuales lo que se ve en pantalla resulte tan inverosímil que nos haga esbozar o bien una sonrisa (así es el humor danés) o bien una mueca de desaprobación; y no obstante, terminamos apreciándolos e identificándonos con ellos como si fueran nuestros amigos o nuestros familiares.

Desde las espléndidas interpretaciones de sus actores hasta el excelente retrato que ejecuta el guion, los personajes de Jinetes de la Justicia no son fáciles de olvidar ni de encasillar.

A la inmersión en la historia contribuyen de manera determinante la sensacional dirección de Anders Thomas Jensen y la buena labor de fotografía llevada a cabo por Kasper Tuxen.

El primero recurre a técnicas como los desenfoques, los primeros planos, los planos generales y los encuadres, muy perspicaces y pulidas, administrando las dosis de acción, suspense, humor y drama sabiamente para que nada sature y todo quede relativamente bien explicado.

Jensen narra soberbiamente sin necesidad de grandes alardes, aunque en un primer vistazo la película pudiera pecar de impersonal o de falta de inventiva visual.

Kasper Tuxen, por su lado, captura unas imágenes cuyo realismo y crudeza resalta especialmente cuando las extravagancias de sus protagonistas originan situaciones hilarantes.

Los tonos predominantemente fríos y oscuros sólo abren paso a variedades cromáticas más alegres y cálidas en tres segmentos cruciales del film: su idílico comienzo, las exiguas escenas de camaradería desenfadada entre los protagonistas y en el desenlace de la obra.

Un final que tal vez merecía conservar algo del espíritu transgresor y el descarnado realismo que tan presente está en determinados pasajes del film, pero que adopta una posición más conservadora que otorgue un cierre más compasivo con el espectador ansioso de los cuentos con final feliz.

Crítica de 'Jinetes de la justicia': del duelo a la venganza
Este grupo de marginados sociales urdirá una intrincada trama de estratagemas para desvelar las incógnitas que se ocultan tras el fallecimiento de la esposa de Markus. Con inesperados resultados.
FUENTE: https://www.elperiodico.com/

Adicionalmente, la banda sonora compuesta por Jeppe Kaas supone otro acierto inexcusable. Desde sus bellas melodías a piano hasta los temas operísticos repletos de solemnidad utilizados para acompañar a las secuencias de catarsis dramática, la música es otro atributo significativo de esta Jinetes de la Justicia; una película adulta, divertida, cautivadora, emocionante, siniestra, demoledora, y mil adjetivos más para una obra con tanta diversidad y tan bien conjugada.

Es apta para todo tipo de espectadores, sobre todo si no buscan historias sencillas ni que se les tome por idiotas. Estamos una película con mucho estilo, un argumento apasionante, un encomiable equilibrio entre humor negro y drama familiar, unas interpretaciones ejemplares y una notable dirección centrada en potenciar al máximo su portentoso guion. Lleva mucho tiempo en cartelera y puede que sea difícil de localizar actualmente, pero os recomiendo encarecidamente que vayáis a verla; o al menos, que la sigáis de cerca.

Una de las mejores historias de lo que llevamos de año, repleta de reflexiones interesantes y escenas memorables. Y además, os puedo garantizar que la extrañeza inicial se elimina por completo tras un segundo visionado donde se puede apreciar mejor la enorme cantidad de detalles que enriquecen la experiencia cinematográfica. Si queréis, podéis acompañarme en la zona de spoilers para los que ya la hayáis visto. A los que no, muchas gracias por leerme como siempre. Se os quiere 😘

VALORACIÓN: 9

TRÁILER

¡¡¡¡¡SPOILER ALERT!!!!!! ¡¡¡DANGER!!!

Las casualidades y el orden dentro del caos

Hay una frase pronunciada en el funeral de la esposa de Markus que resume brillantemente la tesis esencial sobre la cual se asienta el film:

“¿Pero si todo son meras coincidencias, no es la reacción natural entonces la de sentir que nada importa?”

Gran parte de los personajes de Jinetes de la Justicia llegan a admitir, explicita o indirectamente, que la impotencia ante la concurrencia de hechos incontrolables que desencadenan un drama desolador les impulsa a sentirse vacíos e inútiles. Para aplacar esa desgarradora frustración optan por aferrarse a la creencia en alguna entidad, bien religiosa (la hija del personaje de Mikkelsen) o bien matemática, para encontrar sentido a fenómenos en apariencia inexplicables. Y es que, al final, la moraleja de este inaudito cuento es que, simplemente, hay cosas que no podemos explicar. Simplemente suceden, y cualquier causa que queramos darles nunca va a poder describir plenamente la consecuencia que terminó acaeciendo. Encontrar sentido a las casualidades, intentar pasarlas por el tamiz de la lógica sin admitir la facultad del azar para que se materialicen fenómenos imposibles de predecir, es un vicio muy humano que suele generarnos tanto placer como sufrimiento. Y es este dolor el que, tarde o temprano, los protagonistas de esta película se ven obligados a afrontar; no sin antes toparse con las consecuencias de su arrogancia y de su actitud imprudente.

En el fondo, todos los protagonistas de la cinta se ven confrontados a sus miedos e incertezas y son urgidos a reconciliarse con ellos y superarlos.

Jinetes de la justicia | Profundamente humana | Crítica de FilaSiete
La relación entre Markus y su hija es el eje central de la parte sentimental del film. Pero no es la única en absoluto.
FUENTE: https://filasiete.com/

Markus intenta complacer a su hija y cuidar de ella, pero dado su escaso conocimiento acerca de sus inquietudes y de su vida personal (fundamentalmente por su persistente ausencia del hogar familiar) parece estrellarse siempre contra un muro inexpugnable y nutrir todavía más el desapego de la joven hacia su distante y severo progenitor. Refugiado en el alcohol (referencia dudosamente intencionada a su papel en Otra Ronda) y en la venganza silenciosa, Markus confunde disciplina con frialdad y hostilidad frente a aquellos que realmente se preocupan por él y solo persiguen su felicidad. Un nihilista Markus que, además de redimirse de cara a ella de manera estruendosa (y con una supervivencia demasiado forzada e innecesaria), constata de camino que no es ningún bruto estúpido pese a la dificultad que le supone saber gestionar sus emociones. Sólo hay que detenerse a analizar su diálogo durante la crispada cena entre él, su hija y su recientemente agredido novio, y asistir a cómo cuestiona el discurso pseudointelectual del amable chico (con matices de psicología conductual muy rigurosos, todo hay que decirlo) y desmonta su argumento con intachable contundencia tras haberse mantenido en silencio y escuchando. Qué buenos son los diálogos de Jinetes de la Justicia, y qué grande es el bueno de Madds Mikkelsen.

Lennart, por su parte, queda impactado al encontrarse con el joven Bodashka en posición de clara sumisión y de abuso sexual, puesto que le hace evocar su propia e infeliz niñez. Un horror que va superando paulatinamente conforme su relación con Bodashka le permite empatizar con él y aprender de su tristemente necesaria virtud de saber convivir con esas horripilantes experiencias sin que ello le suponga un trauma inenarrable que le condicione de por vida. El personaje de Bodashka es otra de las sorpresas positivas que emergen del gravísimo error que perpetran los protagonistas con su perspicaz ardid (además de gozar de uno de los mejores momentos del film, resumiendo las andanzas de sus compañeros con una sencilla historia muy bien interpretada y con toques de comedia que, eso sí, funcionan a medias). Puede que lo pintoresco de su inusitada relación de falso psicólogo con la hija de Markus sea excesivamente ridícula e inverosímil (aunque forme parte de la pretensión humorística del film), pero surte mucho mejor efecto en el plano de comedia que en el dramático.

Otto es, tal vez (junto a la hija de Markus y su novio) de las pocas personas que siempre se mantienen en una clara tesitura moral recta y compasiva. De hecho, el arrepentimiento y la culpabilidad son las lacras que instan a Otto a fijarse como objetivo la anticipación del futuro para evitar que vuelvan a ocurrir accidentes como el que deformó su cuerpo y destruyó su vida ¿Cuándo alcanza Otto la paz mental? Jugando al ajedrez, donde nada depende de la aleatoriedad y todo está estrechamente conectado a las decisiones individuales. Ahí estribará gran parte del viaje emocional del personaje: descubrir que la vida no es exactamente como una partida de ajedrez. Pese a sus discrepancias con Markus (llevadas el extremo de recibir un puñetazo), su especial conexión con el personaje de Mikkelsen es tan obvia que, cuando se consuma en una magistral conversación final, ésta brota de manera natural y conmovedora.

Emmenthaler arrastra un complejo de inseguridad física desde su más tierna infancia, infundiéndole una rabia que cree ser capaz de canalizar en forma de una venganza inexorable similar a la de Markus; hasta que averigua violentamente lo que comporta asesinar a un ser humano. Y de nuevo regresan las dudas. Esa baja autoestima se vuelve tan limitante que le impidió poder mostrarse resuelto en público con algo que adoraba con devoción: tocar su instrumento de viento favorito. Un logro que finalmente consigue, y que tal vez sea la metáfora menos elegante de toda la historia. Aún así, el cierre con una melodía idéntica a la que abre la película (y que a su vez precede a una última escena con los mismos personajes iniciales, el abuelo y su nieta), conforma uno de los momentos álgidos de una de las películas mejor escritas de lo que llevamos de año.

Cuando la intriga de acción se convierte en mcguffin

Admitámoslo: en gran parte, toda la trama de suspense y violencia de la película no es más que un pretexto argumental que sirve como terapia cognitiva forzada para que Markus alcance cierta estabilidad mental. La conspiración entretejida a partir de sospechas infundadas, probabilidades estadísticas, dogmas irracionales y suposiciones erróneas aparenta ser el motor de la historia, a pesar de que desde el principio intuimos que algo no va bien. Todo parece ser demasiado rebuscado, excesivamente preciso. Para un guionista incompetente o apasionado de las conjuras retorcidas, esta previsible trama de venganza habría sido el detonante que propiciara la reconciliación entre padre e hija. O, desde una perspectiva más melodramática, que conllevara la pérdida definitiva de todo lo que ama. Jinetes de la Justicia opta por una vía alternativa, anclada en un mayor empirismo, y por tanto más interesante que las dos anteriores. La vorágine de sangre, violencia y sufrimiento que se deriva de la investigación y ulterior persecución se ve abruptamente interrumpida, despojada de sentido, por la inexactitud cometida por tres personas tan inteligentes como intelectualmente arrogantes (aunque el pobre Emmenthaler se oponga inicialmente a aceptar la hipótesis de partida de que el presunto autor intelectual de la catástrofe resida en Dinamarca). Todos ellos, Markus incluido, padecen en mayor o menor medida el hostigamiento de unos demonios internos que les impiden pensar con claridad y priorizar la sensatez frente al instintivo sesgo de confirmación.

Así que ya sabéis, gente: si os sentís dolidos, tristes, dubitativos o simplemente necesitáis ayuda externa o alguien con quién hablar que pueda comprenderos, no hace falta que os metáis en problemas con una peligrosa banda mafiosa. Basta con derribar absurdos prejuicios sociales, y acudir a un psicólogo o psiquiatra con la misma naturalidad con la que acudimos al médico o al peluquero. Otro punto a favor de este film, y puede que uno de los más relevantes teniendo en cuenta la agitada etapa que hemos vivido durante esta terrible pandemia. Y sin pretensión de enrollarme más todavía, aquí termina mi análisis de esta sobresaliente película. Un abrazo a todos y a todas, mucha salud y mucho cine. Hasta la semana que viene.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mira también
Cerrar
Botón volver arriba