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Publicado el

07
abril
2021

Crítica de Nomadland

Nomadland

Volver a encontrarse con el buen cine

Bienvenidos y bienvenidas una semana más a este humilde rincón cinéfilo y friki que entre vosotros y yo hemos conseguido crear con tiempo y dedicación. Porque de esa necesidad de encontrar nuestro espacio allá donde vamos, y de otras muchas cosas, nos habla la que («SPOILER ALERT» 😋) ya es para mí la mejor película que he visto en lo que llevamos de 2021. Espero que me acompañéis en este intenso viaje que supone tanto un recorrido emocional por los sentimientos que transmite esta deliciosa película, como un tránsito por sus reflexiones y temáticas más recurrentes.

Nomadland (2020) - Filmaffinity
Cuando me pongo tan intenso en la introducción, la pobre Fern ya sabe que se viene una chapa de las buenas.  FUENTE: https://www.filmaffinity.com

Ha nacido una estrella

Y no me refiero a la portentosa Frances McDormand, que ya lleva varios años consagrada como una de las mejores actrices de la historia del cine. En este caso es la directora de este film, Chloé Zhao, la que se ha revelado a ojos del público como una de las promesas creativas más interesantes de los últimos años. Si ya en su emocionante película de 2017 The Rider (que os recomiendo encarecidamente, puesto que pese a tratar temas aparentemente lejanos logró conmoverme en más de una ocasión) demostró su llamativo talento detrás de las cámaras, es en Nomadland donde consolida su estilo personal y nos otorga un producto que sigue siendo maduro y poderoso; pero que está más pulido, mejor interpretado y resulta más hermoso que nunca. Las dotes de esta directora como narradora visual combinan sobriedad y versatilidad, siendo capaz de adaptar su estilo tanto a los angostos interiores de una caravana como a la vasta inmensidad de los paisajes estadounidenses que retrata con fascinante belleza. Chloé Zhao podría haberse limitado a producir un documental sobre las erráticas y complicadas vidas de estos nómadas, construyendo un hilo conductor sencillo que sirviera como vehículo para escuchar las historias de estos personajes (la mayor parte de ellos son, en la vida real, esas mismas personas que aparecen en el film). Sin embargo, esta directora ha demostrado ser capaz de explorar con profundidad y sutileza las interioridades psicológicas de unos protagonistas carismáticos, asaltados por la tragedia y la inquietud existencial. Los primeros planos, planos detalle y desenfoques están omnipresentes en esta historia, porque al final uno de los ejes cruciales de Nomadland reside en sus personajes; especialmente en su protagonista, interpretada por una (reitero) impresionante Frances McDormand que atraviesa la pantalla para que empaticemos con su personaje desde el primer minuto de metraje hasta el último.

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La hermosura de la mayoría de los entornos que observamos en Nomadland es sobrecogedora. Esta belleza, sin embargo, se siente cotidiana y en absoluto artificiosa. Lo que vemos es lo que podríamos contemplar nosotros mismos si nos limitamos a disfrutar de nuestro entorno natural como lo hace su protagonista. FUENTE: https://www.traveler.es/

Belleza a todos los niveles

El otro núcleo imprescindible para comprender esta película se sustenta en la naturaleza. La riqueza de paisajes que vemos pasar antes los ojos de Fern (y por ende, de los nuestros propios) es cautivadora, y ofrece estampas para el recuerdo que se ven reforzadas por el brillante trabajo de fotografía llevado a cabo por Joshua James Richards. No podía evitar recordar, mientras me deleitaba con sus deslumbrantes estampas, a los hermosos parajes que capturó Roger Deakins en Fargo (donde McDormand también nos dispensaba una actuación soberbia) o en la también apasionante No Country For Old Men. La fotografía está a la altura de los mejores, como el mencionado Deakins u otros artistas de renombre como Darius Wolfski (cuyo más reciente trabajo, Noticias del Gran Mundo, tenéis aquí https://laguaridadelockout.com/critica-de-noticias-del-gran-mundo/) y unos pocos más. La finalidad de este preciosismo visual no es simplemente estética, sino que Chloé Zhao consigue cohesionarlo con un mensaje de amor hacia nuestros ecosistemas naturales. La fusión con nuestro entorno vivo, el regreso a una vida de peregrinaje que nos invite a explorar como antaño lo hicieran los colonos fundadores en EEUU, el abandono de la codicia material en favor de una existencia en armonía con el medioambiente…todas estas son premisas que la película suscribe, pero no subraya de una manera exagerada o maniquea. En cada uno de los magistralmente ejecutados travellings o planos panorámicos la directora nos muestra a una protagonista que se enfrenta a su entorno, al mundo que le ha dado la espalda pero contra el cual pelea día tras día y cuyas incuestionables virtudes todavía no ha renunciado a disfrutar. Y si nuestros ojos no quedan lo suficientemente obnubilados, también nuestros oídos acabarán prendados por la inspiradísima banda sonora de Ludovico Einaudi (el cual también estuvo presente en la que considero la otra gran joya de este 2021, El Padre). Destacan fundamentalmente sus delicadas composiciones a piano, que refuerzan las secuencias más dramáticas y casi épicas de este film que a veces está impregnado de unos deliciosos toques de western crepuscular superpuestos a lo que en realidad es una road movie de pura raza. La selección de temas musicales con estilo blues, country y rock sureño aportan a Nomadland esa esencia de relato puramente norteamericano que (debo reconocer) tanto me satisfacen en una película de este estilo. Una selección musical, en conjunto, que refleja a la perfección lo que caracteriza a esta película: sensibilidad, tristeza, añoranza, introspección y tranquilidad.

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No voy a descubrir ahora a la insuperable Frances McDormand, pero es que en esta película nos regala una de las mejores interpretaciones de su ya de por sí meteórica carrera. Más contenida y taciturna de lo que nos tiene acostumbrados, su desempeño como esta mujer fuerte e independiente es uno de los valores más potentes de esta película. FUENTE: https://noescinetodoloquereluce.com/

Una aventura que no deja indiferente

Una espléndida Frances McDormand interpreta a la introvertida y resiliente Fern. Esta mujer intenta dejar atrás un pasado tortuoso, tras haber perdido primero a su marido y después su medio de sustento principal; y la decisión que adopta para ello consiste en desprenderse de cualquier atisbo de estabilidad y echarse a la carretera en una vida nómada en su furgoneta. Esta premisa, que podría parecer orientada a conducirnos a través de una sencilla trama de autodescubrimiento y redención buenrollera mil veces vista, está agradablemente retorcida por sus dos pilares esenciales: la sólida actuación de todo su reparto, y un interesante guion que esconde muchas más reflexiones de lo que se intuye en un comienzo (aderezado con unos sensacionales diálogos). Si destaco tan insistentemente a Frances McDormand es porque se lo merece. Pese a la impresionante labor de dirección, musical y de fotografía, esta película no tendría la fuerza y el empaque que termina mostrando sin la expresividad que desprende esta actriz. Alejada de exabruptos o sobreactuaciones, McDormand abraza con naturalidad la complicada psicología de su fascinante personaje: una mujer resolutiva e independiente, que prioriza su libertad frente a la seguridad del hogar sedentario tradicional pero que todavía no ha sido capaz de superar el dolor que arrastra consigo. En esta apasionante travesía de 108 minutos, que es a la vez física y espiritual, McDormand funciona como vehículo de lujo para que conozcamos la vida y costumbres de otros nómadas (muchos de ellos interpretados por nómadas reales). Esta decisión implica un riesgo nada despreciable, pero Chloé Zhao ya ha demostrado desde los inicios de su trayectoria su brillante capacidad para dirigir a actores noveles o con escasa experiencia delante de las cámaras. Todos ellos tienen algo que aportar a la historia, sus trasfondos son hermosos a su manera, y todos ellos vienen y van en la vida de Fern dejando su huella y su enseñanza. Está todo tan compactado, tan cohesionado en esta película, que te deja una sensación de vacío al terminar porque estás deseando saber más sobre algunos personajes; mas incluso esto es algo pretendido por su guion. Fern también ha llegado a nuestras vidas como espectadores para que conozcamos su historia, aprendamos de ella y nos despidamos con una amplia sonrisa y los ojos empañados en lágrimas que son a la vez de pesadumbre y de agradecimiento por habernos dado tanto en tan poco tiempo.

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Este plano define la película en gran medida. Quedaos con esto, y si ya la habéis visto sabréis a qué me refiero. Esto es el buen cine: cuando una sola imagen, una sola escena, puede significar tantas cosas a la vez. FUENTE: https://quenoticias.com/

Pocas pegas se le pueden poner a esta sublime película, más allá de algunas transiciones demasiado bruscas en forma de elipsis que pueden llegar a desorientarnos hasta que nos acostumbramos a ellas. Pero hasta en éso mejora progresivamente, llegando a ofrecernos momentos de gran belleza en este sentido. Tal vez su ritmo pueda resultar excesivamente lento o pausado para algunos, lo cual entiendo pero no comparto. Siempre he sido partidario de que cada película, según su estilo, cómo y qué desea contar, ha de tener su tempo. Y el de Nomadland está perfectamente medido. Te relata lo que quiere relatarte, ni más ni menos, y lo hace con una economía narrativa encomiable que huye de la artificiosidad y se centra en sus personajes y en hacer un preciso diagnóstico de algunos de los problemas más acuciantes de nuestra sociedad en crisis (hasta en eso, por culpa de la Covid-19, se hace vigente esta película). Así que poco más me queda por decir si no quiero destriparos nada de su jugosa trama. Tampoco es que sea ésta una película de grandes quiebros o sonados giros de guión, pero está rebosante de mensajes y de valiosas enseñanzas. Nomadland es una película sincera en su sobria austeridad, pero hermosa como solo la vida puede serlo cuando nos hace disfrutar de buenos momentos: tanto en soledad, en comunión con la naturaleza y con lo que nos hace felices, como con las personas que nos rodean. Siempre merece la pena volver a una sala de cine sólo para disfrutar de momentos como los que nos ofrece esta película. Mucha salud, mucho cine, y si no queréis tragaros ningún SPOILER, nos volveremos a ver a lo largo del camino.

Foto de Nomadland - Foto 6 sobre 21 - SensaCine.com
FUENTE: https://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-271687/fotos/detalle/?cmediafile=21787970

VALORACIÓN: 9.5

TRAILER:

Y ahora tened cuidado, chicos, que vamos a entrar de lleno en territorio SPOILERS a cuchillo y sin piedad ninguna.

¡¡¡¡¡SPOILER ALERT!!!!!! ¡¡¡DANGER!!!

Una historia de muchas historias

Nomadland es una historia sobre vidas quebradas, que intentan recomponerse gracias a la vida aventurera y solitaria. Sus personajes buscan la belleza fuera de esos estándares tan manidos que nos imponen nuestras sociedades urbanas modernas. No es el dinero, la fama, la autocomplacencia o la apariencia vacía lo que ansían encontrar, sino mucho más: la coexistencia pacífica con el medio natural que tanto maltratamos, la búsqueda de la soledad para permitirse meditar y alejarse del mundanal ruido, la superación de un trance emocional por medio del aprendizaje y el descubrimiento, …cada personaje tiene unas motivaciones diferentes que les impulsan a recorrer EEUU de punta a punta en sus caravanas. La biografía de Fern ( Frances McDormand) es similar a la de muchas personas de nuestro entorno social que alcanzan la edad madura: repleta de claroscuros, con recuerdos preciosos que se entretejen con experiencias trágicas, dolorosamente verosímil y cruelmente certera en cuanto a lo que en ella se describe. Fern lo ha perdido prácticamente todo, y ya nada le ata a una vida sedentaria compartida con su fallecido marido. Como mujer aguerrida que es no se da por vencida, y en lugar de ofrecerse en los brazos de la autocompasión decide viajar permanentemente por el país buscando medios de subsistencia aquí y allá, mientras trata de convivir con la pesadumbre que le provoca la ausencia de su marido al que todavía no ha podido olvidar (todavía lleva su anillo); y pese a que se le ofrece la posibilidad de rehacer una vida familiar con otro hombre, ella se niega. ¿Y por qué Fern no acepta abandonar su estilo de vida, cuando recibe varias veces la propuesta de hacerlo para recobrar su vida familiar o amorosa? Porque cuando su marido, la persona más especial en su vida y con el que llega a entablar un amor infinito murió (es muy hermosa la metáfora sobre la infinitud de la circunferencia de su anillo), algo se rompió en ella para nunca poder volver a recomponerse plenamente. Sacrificar su independencia innata por otras personas supondría engañarse a sí misma y negar la felicidad a ella y a los que la aprecian. Tan sólo logra entablar relaciones sinceras y afectuosas con personas como ella: errantes, con una compleja historia a sus espaldas (su mejor amiga en el film) y deseosas de gozar de una libertad y una autonomía semejantes a la suya propia. Parte importante de su redención personal acontece cuando el líder de los nómadas le hace ver a Fern que no debe culpabilizarse por haber podido evitar el sufrimiento de su marido; sino más bien recordar con cariño que él se aferró todo lo que pudo a vivir unos últimos instantes junto a la mujer a la que amaba. Y por ello, después de aceptar lo inexorable de su nueva condición, Fern decide rendir un último homenaje al gran amor de su vida acudiendo a la antigua casa que compartían juntos. Allí se despide para retomar su camino, y de paso cumplir esa bella profecía de que en algún lugar del camino, siempre volverían a encontrarse.

Pero afortunadamente, la trama de Fern no es la única que Chloé Zhao (adaptando la novela de Jessica Bruder) logra hacer que nos importe como espectadores. Cuestión distinta y más subjetiva es resaltar cuál o cuáles de ellas nos han impactado más de entre todas ellas, pero en Nomadland no hay personajes de relleno. Desde mi punto de vista estrictamente subjetivo me conmovieron especialmente dos de ellas: la emotiva historia de esa mujer que nos relata con meticulosa exactitud el momento más hermoso que ha vivido en su vida, y que tras aceptar el inevitable destino al que le aboca su enfermedad termina compartiendo con Fern su último momento de catarsis con la naturaleza antes de morir; y el desalentador pasado del líder de los nómadas, cuando nos explica (porque constituye un personaje extraído de la vida real) cómo el suicidio de su hijo le exhortó a intentar ayudar a otras personas a encontrar su espacio en un estilo de vida diferente y alejado de las imposiciones y los estigmas sociales. También hay algunos nómadas que descubren que lo idóneo para ellos es retornar con sus familias y dejar de rehuir sus dudas y responsabilidades; e incluso otros abrazan este particular estilo de vida siendo todavía muy jóvenes.

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La conexión humana con la naturaleza es fundamental para muchos de los personajes de Nomadland. Alejarse del bullicio artificial de las grandes ciudades y recuperar las sensaciones únicas que siente el ser humano cuando recupera el contacto con su medio ambiente es lo que anhelan la mayoría de los nómadas cuando escogen este estilo de vida. FUENTE: https://www.semana.com/

Las víctimas de un sistema imperfecto

Cuando argumento que los personajes de Nomadland están quebrados, adquiere notable relevancia el fuerte componente de crítica socioeconómica que reverbera en muchas de sus imágenes y diálogos. El líder de los nómadas la sintetiza muy claramente con su discurso inicial en contra de la sociedad de capitalismo de Estado en la que vivimos, donde el consumismo alocado ha devorado a la mentalidad de prudencia y de respeto por la naturaleza; también el personaje de Fern y otros con los que se encuentra en su camino han sido despojados de su estatus social a causa de una crisis económica (la de la década pasada, aunque resulta perfectamente aplicable a la que sufrimos y sufriremos durante la pandemia actual) que les ha arrebatado todo salvo su dignidad. Estos personajes continúan su lucha, reivindicando sus principios y viviendo al margen de una sociedad que les ha dado de lado y que les ofrece migajas para tratar de regresar a un sistema en el que ya no se encuentran cómodos. Esta película nos demuestra lo delicado que es el equilibrio aparentemente estable en el que habitamos: basta con una quiebra, un despido o una tragedia familiar para que nuestra realidad se resquebraje y quedemos expuestos a la pobreza y la miseria; bien sea a la fuerza, o bien a causa de una revelación personal propiciada por algún evento traumático. Fern no ha perdido un hogar (su hogar es su caravana, porque le acompaña allí a donde va), sino que ha ganado libertad e independencia.

Una última apreciación a destacar atañe a la singular perspectiva que adopta Nomadland acerca de la soledad y la introversión. Para muchos de sus personajes, estas situaciones no son una condena sino una elección; rompiendo el casi incuestionable dogma de que los seres humanos necesitamos convivir permanentemente unos con otros, ellos precisan de mucho tiempo a solas con sus pensamientos. No menosprecian el contacto con otras personas con las que puedan sintonizar emocionalmente, pero su manera de «recargar las pilas» mentalmente hablando es viajar de un lado a otro, recorrer largas distancias con la única compañía de la naturaleza y de su propia psique. No se ajustan al tópico de individuos antisociales, sino que realmente son personas que por un motivo u otro prefieren vivir apartadas de la sociedad «casera» y aferrarse a nuestro pasado ancestral como especie nómada que vivía de lo que la Tierra pudiera ofrecerles. Resulta paradójico que la propia Fern financie su modo de vida trabajando en algunas empresas que enarbolan el estandarte del capitalismo corporativo más puro (como Amazon); pero es que Nomadland tampoco es un panfleto marxista o de cualquier otra doctrina política o económica. Esta película es gris en su discurso, y nos está confesando que estos personajes simplemente han encontrado su propio estilo de vida aprovechando aquello que más les satisface de lo que nuestro mundo puede ofrecerles. Cualquier sistema, por muy eficiente y justo que sea, tiene sus deficiencias; y tanto Fern como muchos de sus colegas nómadas han descubierto que no sólo hay una forma posible de vivir (que es, en realidad, la raíz de muchos de estos problemas). Al final esta película también nos habla de respeto y de empatía: respeto a los que escogen voluntariamente una manera de vivir que no coincide con los estándares mayoritarios, sin que ello implique que nos quieran más o menos (no cabe duda de que Fern ama a su hermana, pero no puede ser la persona que a ella le gustaría que fuese); y empatía hacia los que lo han perdido todo, y sólo buscan una oportunidad para encontrar su lugar en el mundo pese a las adversidades. Sólo las grandes películas pueden hablarnos de tanto en tan poco tiempo. Y sólo los grandes viajes, y la vida es el más representativo de todos ellos, son los que nos cambian y nos definen.

 

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