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Crítica de Shorta: El peso de la ley

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Shorta: El peso de la ley

Un frenético y sólido thriller que da donde más duele

Muchas veces el cine nos ofrece productos que se contentan con entretenernos, distraer nuestro foco de atención de las preocupaciones diarias y abstraernos a otro mundo donde son otros los que sufren y pelean por resolver sus problemas con mayor o menor éxito. En otras ocasiones las películas buscan intrigarnos, desconcertarnos o instarnos a reflexionar, prescindiendo de la adrenalina para suscitar en nosotros respuestas más intelectuales que emocionales. Y a veces, un film trata de equilibrar ambas cosas en un intrincado juego de malabares donde es fácil incurrir en el error de sobreexplotar una de estas dos vertientes a costa de hacer irrisoria para el espectador la que está menos aprovechada; pero si se logra sortear este tremendo obstáculo, la calidad de esa obra está más que garantizada. Y no, no os estoy vendiendo la última maravilla de un Christopher Nolan o de un David Fincher. Esta semana os traigo al estreno tapado de esta semana: un vibrante thriller policíaco danés que apunta a problemas sociales terriblemente actuales al tiempo que mantiene al espectador con el culete pegado a la butaca en un impresionante crescendo de tensión y violencia. Bienvenidos y bienvenidas una semana más a mi humilde rinconcito de cine en la inmensa mansión que representa Internet.

Shorta. El peso de la ley (2020) Película - PLAY Cine

Cuando vas al gym con tus colegas y de repente descubres que está cerrado. FUENTE: https://www.abc.es/

Un debut preciso y sorprendente

Ojalá y todos los primeros proyectos cinematográficos fueran igual de maduros, inteligentes e impactantes que esta Shorta. Han tenido que venir dos directores noveles de Dinamarca (Frederik Louis Hviid y Anders Ølholm) a dar un golpe sobre la mesa y de paso una lección de maestría cinematográfica a la mayoría de películas de suspense y acción policíacas de naturaleza formulaica y rutinaria que nos llegan de EEUU. En la línea de otros productos demoledoramente rompedores como la sensacional Antidisturbios o de la francesa Los Miserables (no confundir con el musical😁), esta película danesa nos demuestra que hay mucho talento emergente en cualquier lugar del mundo perfectamente capacitado para alcanzar cotas muy altas en géneros muy consolidados y con una tradición abrumadoramente escorada al otro lado del charco. Con un destacable predominio de la cámara en mano siguiendo a sus personajes (que, lejos de molestar, nos sumerge todavía más en la atmósfera de agobiante estrés que transmite el film casi desde el primer fotograma) y una planificación visual de encuadres, juegos de montaje y narrativa visual cautivadores, el film nos demuestra que los dos hombres tras las cámaras saben perfectamente lo que hacen. Una de sus cualidades más remarcables reside en que ostentan una capacidad de creación de tensión cercana a titanes del thriller de acción como David Fincher, William Friedkin o John Carpenter. Hay secuencias del film (a destacar una que implica un ascensor, no diré nada más) que desprenden tal carga de angustia e inquietud que me parecieron de lo mejor que he visto en este tipo de films en los últimos años.

En un contexto distinto, aunque con ciertas conexiones a la reciente (y muy recomendable) Hotel Mumbay, Shorta comienza con un ritmo pausado pero impregnado de indicios que nos insinúan que se esta forjando una tragedia de devastadoras consecuencias. Y cuando parece que el film está ralentizando el avance de la trama, empieza a desencadenarse una apabullante sucesión de acontecimientos donde los directores no nos dan respiro alguno hasta su magnífico colofón final. Lejos de decaer, la obra crece y crece desde un inicio algo titubeante (aunque personalmente considero necesario que este tipo de tramas se cuezan a fuego lento para ir explotando progresivamente) hasta evolucionar en pendiente siempre ascendente y con una escalada de situaciones abrumadoras y descarnadas. La puesta en escena es cruda y realista, en consonancia con la naturaleza de la propia historia; por lo que Hviid y Ølholm (tranquilos que no son dioses nórdicos ni amigos de Ragnar Lothbrook 😋) no se dejan seducir por el efectismo tan predominante en otras variantes menos inspiradas de este género y siempre colocan la cámara de manera que realmente comuniquen algo al espectador: los miedos y pensamientos de los personajes, las consecuencias de los sucesos que ocurren, la presión que se respira en el ambiente…no es un trabajo extraordinariamente vistoso, pero tiene un mérito descomunal.

Shorta', ¿Y si la muerte de George Floyd hubiera sucedido en Dinamarca?

El conflicto eminentemente racial entre el exasperado Mike y el joven y subversivo Amos es el desencadenante principal de la escalada de violencia y caos en la cual se van a ver inmiscuidos los protagonistas. Aunque, en realidad, la película nos deja claro desde el principio que el problema es mucho más grave y global de lo que pueda parecer. FUENTE: https://www.rtve.es/

El increíble pulso en la dirección viene acompañado por una excelente dirección de fotografía a cargo de Jacob Møller. Las tonalidades imperantes son frías y neblinosas de día, infundiendo en el espectador la misma sensación fúnebre y desesperanzada que padecen los habitantes del aciago gueto de Svalegarden. De noche la oscuridad es densa e impenetrable, y resaltan extraordinariamente los colores tenues procedentes de las luces trémulas de las calles, los edificios o las linternas. Fotografía y dirección se compenetran a la perfección para sumergirnos en su agotadora atmósfera, transformando el gueto en una trampa mortal en la cual los propios espectadores se sienten igual de presos que sus protagonistas. Los efectos visuales no son necesarios ni abundantes, pero el comedido diseño de producción y sobre todo la ambientación son impecables. El distrito donde transcurre casi toda la película es ficticio, pero se siente terroríficamente real. No penséis que esta película será cutre o transcurrirá en un único edificio por falta de presupuesto, porque tendréis movimiento y espectacularidad de sobra. Sólo que Shorta decide conscientemente transitar por el camino de la verosimilitud y la perspectiva más descarnada y humana de la violencia, y vaya si lo logra. No esperéis que esto sea un despliegue de explosiones o tiroteos, pero cuando éstos tengan lugar podéis echaros a temblar.

La banda sonora de Shorta: El Peso de la ley alterna pasajes agitados y con un tempo muy rápido que nos lleva en volandas a través de la convulsa vorágine que es casi todo el metraje del film, con composiciones tétricas y misteriosas que anteceden a los estallidos de violencia y hacen crecer paulatinamente la tensión en nuestros cuerpos. También queda lugar para algunos temas sosegados o emotivos, aunque son escasos y se limitan a cumplir su función con solvencia. Buen desempeño el de Martin Dirkov, cuya labor sobresale especialmente en algunas secuencias de acción furibunda que parecen sacadas de un Hans Zimmer o un Junkie XL.

Un elenco de actores muy entregados a la causa

Shorta': en el laberinto de la xenofobia | Cultura | EL PAÍS

La interacción entre estos tres personajes es la base dramática sobre la cual se articula la trama principal de Shorta. Y funciona con mucha eficacia. La química entre ellos es tangible, y se originan intercambios verbales y situaciones que nos pondrán los pelos de punta y la inquietud por bandera. FUENTE: https://elpais.com/

Una de las bazas ocultas de Shorta es la tríada que forman Jacob Lohmann (Mike Andersen), Simon Sears (Jens Høyer) y Tarek Zayat (Amos Al-Shami). La dinámica que se establece entre los dos primeros al comienzo del film puede parecer tópica y previsible, pero en realidad la película está preparándonos meticulosamente una trampa y jugando con nuestras expectativas. Jacob Lohmann representa con naturalidad a un policía veterano, xenófobo y de convicciones bastante particulares que le llevan a sortear permanente las trabas del sistema para poder actuar en coherencia con su propio código moral; mientras que Simon Sears se erige como el típico «poli bueno», silencioso y moralmente intachable, que desprecia internamente a Lohmann pero cuyo recto sentido de la profesionalidad le facilita evitar la confrontación directa con él. La convivencia entre ambos recorrerá un sendero tan angosto como el camino físico que realizan a lo largo del film; y pese a que ambos están a un gran nivel, Jacob Lohmann disfruta de más escenas donde lucir una amplia gama de registros: humorístico, sarcástico, agresivo, dolorido, apesadumbrado… Refrendado por un genial desarrollo de guion, Lohmann se luce con una excelsa interpretación que le convierte en el personaje más complejo e interesante. Ello no implica que Sears no tenga sus momentos para brillar, particularmente en el (no me cansaré de repetirlo) portentoso final de Shorta. Merece la pena quedarse embelesado mirando la pantalla hasta el último plano, no cabe duda.

La participación de Tarek Zayat, lejos de obstruir o perjudicar al avance de la trama, establece una atractiva interacción entre los tres personajes que propicia algunos de los mejores diálogos y secuencias de toda la película. Amos es un chico rebelde e inteligente, perfecto conocedor de sus derechos y situado en el límite entre el pacifismo hostil y el vandalismo más peligroso. Gradualmente conoceremos sus convicciones y su trasfondo, enriqueciendo el contenido temático de Shorta y favoreciendo que el espectador trace analogías y medite acerca de los resultados derivados de las conductas que ejercen los personajes de la cinta. Otros actores como Özlem Saglanmak (Abia) e Issa Khattab (Iza) tienen breves pero significativas apariciones que ostentan una identidad y relevancia argumental muy marcadas; además de interpretar papeles carismáticos.

¿Somos lo que somos, o lo que creemos que somos?

La brutalidad policial a examen en el thriller danés "Shorta"

Los eventos que transcurren en Shorta nos recordarán a muchas revueltas sociales recientes, y combinan temas tan candentes y espinosos como el terrorismo islámico, la marginalidad, el racismo y el controvertido papel de la policía en todos estos asuntos. Shorta no se esconde, y sin recurrir al sermón fácil dibuja un retrato realista y con un punto trágico de esta realidad ineludible. FUENTE: https://www.eldiario.es/

Shorta es una metáfora de plena actualidad sobre el racismo, la exclusión social, el abuso de poder, la brutalidad policial, la coherencia ética en situaciones límite y las consecuencias sociales de la violencia como herramienta de control político. De hecho ya su primera escena resulta tan potente y reveladora que nos hará recordar a tragedias recientes que han asolado los informativos de medio mundo, y que (fascinantemente) tuvieron lugar mientras los directores de este film estaban montando su tráiler promocional. ¿Casualidad? Puede, pero no tanto. Gran parte de los agravios, las aberraciones, los actos compasivos y las decisiones que toman todos los colectivos interferentes en los sucesos que rodean a la trama están directamente basados en hechos reales o son alarmantemente verosímiles, hasta el punto de llegar a reconocernos a nosotros mismos o a otras personas de nuestro entorno en ellos. Los acontecimientos que tienen lugar en Shorta son de por sí demoledores, pero se vuelven todavía más impactantes cuando tenemos en cuenta que nos está arrojando a la cara lacras vigentes en nuestra sociedad actual sin ningún tipo de histrionismo o de edulcoramiento. Lo que se ve es lo que hay en el mundo, y es capaz (o debería serlo) de estremecernos sólo con pensar en la prolija cantidad de historias similares que están materializándose en el mundo día tras día. Y todo ello está sazonado con varios giros de guion imprevisibles que nos desconcertarán por su capacidad de sorpresa o su impacto emocional.

La película se sitúa en la Dinamarca actual, en el contexto de una operación policial de arresto e interrogatorio de un presunto terrorista y cuya conclusión deja en mal lugar a la policía danesa. El taciturno agente Jens Høyer es asignado a una patrulla «rutinaria» (que no lo es tanto por el tumulto social que palpita bajo una calma frágil) junto con el extravagante y campechano policía Mike Andersen. Las circunstancias asociadas a su ruta de vigilancia terminarán por conducirles inexorablemente al gueto de Svalegarden, barrio de origen del joven delincuente que acapara portadas y titulares y no se muestra demasiado receptivo a la presencia de las fuerzas del orden en sus calles. Este cóctel de factores, unido al inherente menosprecio del agente Andersen por otras etnias y por los residentes en ese humilde distrito, será el caldo de cultivo perfecto para que se desate la hecatombe más salvaje.

Crítica de la película Shorta El peso de la ley

FUENTE: https://losinterrogantes.com/

Todo el sustrato de crítica social no es impedimento para que Shorta sea una película rabiosamente entretenida y adictiva. Sus 108 minutos discurren con admirable fluidez (exceptuando algunos breves tramos donde la historia pierde algo de contundencia), y corre el riesgo de que se nos pase tan rápido que no advirtamos varios de los por otra parte bien situados detalles narrativos y visuales que nos regala la película. La obra se toma su tiempo para presentar a sus personajes, fraguar el conflicto y plantar semillas argumentales que posteriormente irá desarrollando con astucia y destreza. Puede parecer que el desenlace está alargado, pero cuando asistimos a sus últimas escenas esta sensación se disipa para descubrir que la película nos tiene guardadas unas últimas sorpresas perturbadoras y alguna un poco más esperanzadora. Y no diré más para no estropearos la experiencia. Esta película se merece que la disfrutéis en una sala de cine; con un buen sonido, a poder ser.

No obstante, no todo es bueno en Shorta: El Peso de la ley. Pese a la impecable factura técnica, a sus buenas interpretaciones y a su robusta historia, el film adolece de algunos problemas que lastran el resultado final y la distancian de la categoría de obra maestra. Tanto las personalidades como las actitudes de los dos policías protagonistas responden a los arquetipos más tópicos de este género de intriga policíaca, y resulta complicado empatizar con ellos durante los primeros compases del film (menos mal que su progresión dramática es portentosa). Además, algunos giros de guion están algo forzados o vienen ocasionados por casualidades difíciles de creer y justificadas en base a puras conveniencias de los guionistas y directores Frederik Louis Hviid y Anders Ølholm. Si estos pocos conceptos hubieran estado igual de bien pulidos y sutilmente introducidos como el resto, tal vez estaríamos hablando del mejor thriller del año con independencia de los estrenos que tengamos de ahora en adelante. Aún así, y pese a ello, Shorta continúa siendo una excelente película de acción y reflexión; un producto de los que escasean en una cartelera que (por suerte, y también por desgracia) vuelve a estar invadida por historias ramplonas o adoctrinadoras que no inducen al espectador a razonar a la vez que se divierte. Los temas principales de los que trata son relevantes y están bien tratados, su metraje está idóneamente ajustado, sus personajes generan interés y es una obra apta para aficionados al cine de suspense, de acción y de reivindicación social. Estamos ante una película que destapa las vergüenzas de todos, en mayor o menor medida; porque todos somos cómplices de las injusticias sociales más generalizadas. Bien sea por acción, o bien por omisión. ¿Somos buenos porque nacimos para serlo, o porque nos reprimimos para no vulnerar la ley? ¿Somos malvados porque nacimos con un defecto genético, o porque cuando todos asumen que lo somos al final acaban convenciéndonos? Shorta no tiene todas las respuestas, pero seguro que te ayuda a encontrar las tuyas propias. Que al final son las que cuentan. Un abrazo a todos y a todas, mucha salud y mucho cine. Hasta la semana que viene.

VALORACIÓN: 8,5

TRAILER:

 

 

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