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Publicado el

03
febrero
2021

Soul

La película con más alma de un 2020 histórico (para bien y para mal)º

Lo prometido es deuda. Tal y como prometí hace tiempo a los que me venís siguiendo desde que comencé mi andadura en Lockout MAG, no podía centrarme en el nuevo año sin antes comentar la que para mí ha sido una de las mejores películas del 2020. Pixar nos trae una nueva joya del cine, de animación y en general (y ya van…); de manera que como buen friki cinéfilo me veía con la imperiosa necesidad de analizarla y transmitiros mis sensaciones e impresiones después de haberla visto en dos ocasiones y haber podido reposar sus reflexiones. Porque sí; Soul es cine para todos los públicos, pero tal y como otros han comentado no deja de ser uno de los mayores exponentes de ese cine de animación «adulto» con el que Pixar lleva ya décadas obsequiándonos. Sin mayor dilación, vamos al turrón.

Eh, tú, gafotas, ¿ya te he dicho que Soul mola mucho?

La era Pixar

Poca duda cabe de que vivimos en la era Pixar, al que ya califico directamente como el mejor estudio de animación de la historia del cine. ¿Empiezo fuerte eh? Puede parecer una afirmación excesivamente categórica, pero teniendo en cuenta lo que han logrado trasladar al lenguaje cinematográfico desde aquella maravillosa Toy Story en el año 1995 hasta el día de hoy, resulta evidente que han superado con creces todo lo que otras grandes compañías han ofrecido como alternativa durante todo este sorprendentemente breve intervalo de tiempo. Y digo sorprendentemente, porque en apenas 25 años Pixar ha revolucionado la industria del cine de animación para todos los públicos y lo ha elevado a unas cotas de calidad tecnológica, argumental, psicológica y de rendimiento comercial sin precedentes en la historia del celuloide. Tendríamos que remontarnos a los orígenes mismos del cine de animación de masas de la mano de Walt Disney para encontrarnos con una revolución a su altura. O al menos en Occidente; ya que por supuesto no se me olvida la que para mí y para muchos es la otra gran fabricante de sueños animados a nivel mundial: los estudios Ghibli de los genios Hayao Miyazaki e Isao Takahata.

Centrándonos exclusivamente en Pixar, debo matizar que no considero a este estudio el mejor porque absolutamente todas sus películas sean perfectas. Como cualquier otra productora ha tenido sus esporádicos tropiezos o momentos de acusado agotamiento de fórmula (la trilogía de Cars, Monsters University, Brave…); sin embargo, lo que define a Pixar es su prodigiosa estabilidad. Prácticamente todos los años este estudio ha estrenado al menos una película que supone garantía de calidad y que, en muchos casos, también proporciona algún toque distintivo único y especial. La marca Pixar, pocos pueden negarlo, es sinónimo de cine de animación que entretiene y sorprende a partes iguales. Bien sea por su desbordante imaginería visual, la profundidad y emotividad de sus historias, su impresionante construcción de personajes, sus canciones inolvidables o (en las que para mí son sus más sobresalientes obras) un delicioso cóctel perfectamente equilibrado de todos estos ingredientes. Maravillas futuristas como Wall-E, que anticipó y nos advirtió acerca de muchos de los retos científicos y tecnológicos que nuestra sociedad tendría que afrontar; joyas como Coco, que además de ofrecernos una conmovedora visión de la cultura mexicana sabía tratar con madurez temas tan espinosos como la muerte, la familia y la vocación musical; peliculones como Toy Story 3, que cerraban una saga excepcional (sin contar el epílogo de Toy Story 4) instándonos a pensar acerca de la amistad y la transición de la juventud a la edad adulta; reinvenciones del género superheroico como Los Increíbles… Y así podríamos seguir hasta mañana.

25 años de pura magia, fantasía y sentimientos. Muy pocos han conseguido igualar puntualmente el talento de este estudio; prácticamente nadie ha sido capaz de mantenerlo durante tanto tiempo e incluso de superarse sistemáticamente.
FUENTE: https://www.prensalibre.com/

Mantener la esencia sin repetir la fórmula

Muchos os preguntaréis…¿toda la turra anterior sobre Pixar y sus virtudes eran necesarias? Sí, porque me apetecía hablar del tema y así me desahogo con vosotros.

Trollface - Wikipedia

Ahora hablando en serio. Era relevante llevar a cabo un breve recorrido a través de la historia y la identidad de Pixar porque Soul condensa gran parte de las inquietudes temáticas que han caracterizado al estudio y particularmente a algunos de sus directores y guionistas más destacados; y a la vez preserva ese espíritu innovador que nos traslada a mundos de fantasía que paradójicamente se sienten muy reales. Soul no es su obra cumbre, pero sí se acerca a esas posiciones de honor que ocupan aquellos films que lograron conquistar a la vez nuestros corazones y nuestros cerebros.

¿Y quién es el responsable de todo ello? Pues en este caso el bueno de Pete Docter, también llamado «este señor tan majete que podéis ver en la foto»:

FUENTE: https://www.ft.com/

Este buen tipo, responsable de otros interesantísimos proyectos de esta misma casa como Inside Out (con la que esta película alberga más paralelismos), Up o Monstruos S.A se ha encargado junto a Kent Powers de dirigir y escribir el guion de esta película. Un valor seguro dentro del estudio, Docter suele caracterizarse por abordar proyectos donde se indaga en historias con un fuerte componente psicológico y filosófico acerca de los sentimientos humanos y nuestra relación con el mundo como individuos pensantes. Este rasgo diferenciador podría parecer pretencioso y excesivamente denso para una película que aspira a entretener a todos los públicos, pero ahí reside la que para mí es una de los más destacados atributos de Pixar en general y de Pete Docter en particular: sus historias son endiabladamente entretenidas y emocionantes. En Soul, tal y como ocurrió de manera soberbia en su anterior proyecto Inside Out, consiguen hacen insultantemente fácil lo difícil. Conceptos intrincadamente abstractos como la personalidad, la vocación, el temor a la muerte o el origen de la vida y de la mente atraviesan la pantalla en rápida sucesión mientras nos reímos, lloramos o nos fascinamos con sus personajes y entornos encantadores. Y eso solo está al alcance de los más grandes de esta industria.

[…] Soul condensa gran parte de las inquietudes temáticas que han caracterizado al estudio y particularmente a algunos de sus directores y guionistas más destacados; y a la vez preserva ese espíritu innovador que nos traslada a mundos de fantasía que paradójicamente se sienten muy reales.

Resulta harto difícil separar cuánto hay en ello de mérito individual, cuánto de inteligencia colectiva y cuánto de prestigio adquirido a lo largo de los años que les otorga un aura de aceptación pública con indiferencia de la calidad que ofrezcan sus obras. Sea como fuere, es incuestionable que Soul está muy bien dirigida. De hecho, es para mí una de las películas de Pixar en las que más se aprecia la inteligencia detrás de las «cámaras» de sus directores creativos. Cada escena parece planificada al milímetro para mostrarnos justo lo que convenientemente les interesa que veamos; y para ello tiran de recursos tan variados como transiciones visuales preciosas, hermosos planos panorámicos, planos largos y travelings siguiendo a los personajes (ya estaréis hartos de leer sobre ello en mis artículos jeje 😝), sobresalientes movimientos de cámara con significado narrativo… Soul es una galería de arte tanto como una lección de destreza cinematográfica. Y eso que la película transita por secuencias de intensidad dramática variable, en las que pese a ello todo brilla: sus escenas de acción son frenéticas y están exquisitamente planificadas; la comedia está bien medida y todos sus personajes saben utilizarla con carisma; y goza de esos instantes dramáticos que tanto nos entusiasman y que nos hacen llorar como una bolsa entera de cebollas (sí, a ti también, míster «YoNuncaLloroEnUnaPelícula»😏).

La recreación de la ciudad de New York que nos brinda Soul es impecable. Pixar sigue siendo el rival a batir en cuanto a calidad de la animación (con el permiso de Cómo Entrenar a Tu Dragón).
FUENTE: https://www.filmaffinity.com/

Y si es sensacional su dirección no lo es menos su impresionante despliegue visual. Pixar lleva bastantes años siendo referencia imprescindible en cuanto a calidad de la tecnología de animación, y en Soul vuelve a marcar techo en la industria. Ya no sólo en la construcción de mundos oníricos y fantásticos de una inmensa belleza (donde su aparente sencillez de diseño contrasta con su enorme personalidad artística que nos evoca a Interstellar y a artistas propios del cubismo e incluso del expresionismo abstracto); donde Soul es tan fiel que asusta es en la minuciosa construcción de Nueva York. Sus calles, el local de jazz, los túneles del metro, la peluquería …todo parece extraído del mundo real. De no ser por la (en mi opinión acertada) caracterización algo caricaturesca de los rostros de los personajes, Pixar podría habernos entregado perfectamente una película filmada casi completamente en imagen real sin ningún problema. No obstante considero una buena decisión mantener una estética cartoon realista, ya que seguimos hablando de cine de animación pese a su estimable fondo adulto.

Pixar vuelve a su tono más maduro

Porque sí, efectivamente Soul es una película que más bien parece destinada a adultos con ganas de divertirse que a niños. Obviamente éstos últimos fliparán con su creatividad visual, sus adorables personajes y su espectacular banda sonora (de la que hablamos con mayor nivel de detalle posteriormente); pero no puedo evitar describir la sensación de que tanto su trama como las ideas y reflexiones que pretende transmitir están orientadas a enseñar más a los mayores que a los «peques» de la casa. En un tono similar al empleado por la que para mí es su mejor película, Coco, Soul explora temas como la vocación musical y los conflictos familiares asociados a ella; pero a su vez adquiere unos matices muy próximos a la también excepcional Inside Out (Del Revés) cuando se interna en los misterios de la conciencia y de la personalidad humana que aquí representa a través del alma. Es necesario destacar que Soul no es una película religiosa ni lo pretende: su tratamiento del alma como reservorio de la identidad inherente a cada persona es más una metáfora de lo que todavía la neurociencia desconoce del funcionamiento del cerebro humano, y de la influencia moderada pero relevante que nuestra predisposición genética nos otorga antes incluso de crecer y desarrollarnos como personas. Naturalmente Soul es una película de animación para todos los públicos y recurre a innumerables analogías visuales en forma de alivios cómicos o trucos no verbales (todos y cada uno de ellos increíbles por su capacidad de simplificar conceptos filosóficamente complejos para que hasta un niño muy pequeño pueda intuirlos). Pese a ello, el simple hecho de no quedarse en las tramas típicas de jóvenes héroes salvando al mundo o a reinos imaginarios es muy de agradecer.

La especie de buddy movie que protagonizan este par de simpáticas almas durante el tramo central del film es, además de muy divertida, una gran historia de amistad y de redención. Pixar pocas veces defrauda en este sentido.
FUENTE: https://www.filmaffinity.com/

Uno de los factores que contribuye de manera fundamental a que Soul te absorba en su apasionante atmósfera reside en sus composiciones musicales. Trent Reznor y Atticus Ross, compositores habituales de David Fincher, aportan un toque etéreo y ochentero-espacial (con reminiscencias a Interestelar y Blade Runner 2049) a la música primordialmente jazzística de Jonathan Batiste; estableciendo claramente la distinción entre el mundo de las almas y el de los humanos. En ambas facetas la música es sobresaliente, desde el primer hasta el último tema «It’s All Right» (otro temazo más anotado en la lista de Pixar). Puede que no tenga el impacto emocional prolongado (salvo en momentos puntuales) de Up o Coco, pero tampoco es el propósito de esta película. Soul es una obra más densa, con más capas, que persigue conmover al espectador a un nivel casi más intelectual que emocional. Ello no excluye que al final la parte decisiva de la cinta (y la que menos funciona, dentro de la excelencia) sea la relación entre los dos protagonistas, sustancialmente previsible aunque con algunos giros llamativos. Sin embargo, donde Soul realmente brilla con fuerza es en su reflexión acerca de la vida, la muerte, el sentido de la vida y la necesidad de apreciar el milagro que implica poder vivirla. Ahí es donde la música no sólo acompaña, sino que refuerza el mensaje conformando una voz más que nos invita a adentrarnos en los recovecos más profundos de nuestra psique.

Como detalle curioso (aunque no anecdótico) debemos resaltar el soberbio doblaje original de Jamie Foxx (Joe), Tina Fey (22), Graham Norton (el chiflado Moonwind) y Angela Basset (Dorothea Williams). Todos los personajes son carismáticos y agradables, pero es en éstos donde se percibe un mayor cuidado en sus voces originales hasta el punto de que parezcan unirse a su homólogo animado integrando un solo ser. Poco puedo decir del doblaje en castellano, pero al menos en versión original es una delicia escuchar las voces tan variadas y encantadoras de estos peculiares individuos. Si bien es difícil destacar a algunos personajes sobre otros, tal vez 22 y Terry hayan sido los más divertidos (una por su tono cínico y sarcástico, el otro como una parodia inteligentísima del típico burócrata pagado de sí mismo que busca desesperadamente la admiración de sus compañeros de trabajo pese a ser consciente de que su trabajo es más rutinario y menos creativo que el de ellos). Sólo diré spoiler premios

Cuando preguntas la dirección de una calle y terminas yendo en dirección contraria. FUENTE: https://www.abc.es/

La premisa de Soul es tan curiosa como apasionante. Joe es un infatigable profesor de música de instituto hijo de un afamado músico de jazz, y que sueña sin éxito con seguir los pasos de su padre. Ya cercano a la mediana edad su anciana madre espera que éste se asegure por fin una cierta estabilidad laboral, pero Joe hará todo lo posible por satisfacer sus objetivos. Poco podía esperar el pobre Joe que sufriría un contratiempo inesperado que le forzaría a viajar a unos desconcertantes mundos de ensueño, más allá del cosmos y del entendimiento humano, que le harán replantearse sus principios y su actitud ante la vida. La película es estructural y narrativamente impecable durante prácticamente todo su perfectamente ajustado metraje (apenas 100 minutos), y su ritmo no trastabilla en ningún momento. El único detalle de la película que, pese a ganar con posteriores revisionados sigue sin resultarme consistente con el discurso general de la obra, es su desenlace. No tanto el final del personaje de 22, sino la caprichosa y demasiado edulcorada decisión de guion que experimenta el personaje de Joe. Tal vez una mayor profundización en la incógnita más allá de la vida o un cierre que conservara el tono maduro (cosa que sí sucedió en Coco o Toy Story 3 por ejemplo) predominante en la película no me habría chocado tanto. Soy consciente de que vivimos tiempos complicados y nunca nos viene mal un poco de optimismo vital: pero tanto la propia Soul como Pixar en general me habían habituado a una valentía argumental que aquí he echado en falta. Aún así el mensaje del film es precioso, y hay que reconocer que su secuencia final sigue estando deslumbrantemente bien ejecutada a nivel formal.

Soul es una obra de arte magnífica y encantadora, que pese a sus ligeros defectos se erige en una de las películas más interesantes y completas de la exitosa trayectoria de Pixar. Enigmática, sensible, encantadora, comprometida, original, con ingeniosos y trascendentes diálogos…se me acaban los objetivos para valorarla sin entrar en un terreno excesivamente subjetivo (incluso teniendo en cuenta que esta crítica de por sí es una apología a la subjetividad). Tal vez puede resultar pesada para cierto tipo de público que espere un entretenimiento más liviano y sencillo, y su final podría haberse pulido un poco más; pero por todo lo demás, Soul es una de las mejores películas del año (la mejor de 2020 estrenada en USA que haya atravesado nuestras fronteras). Una hermosa alegoría que nos invita disfrutar de la vida, a no idealizar nuestros sueños sin antes agradecer el inmenso regalo que es vivir en sí mismo y a saber apreciar y escuchar a las personas que tenemos a nuestro alrededor. Una joya que, como tantas otras otras obras de Pixar, trasciende el mundillo de la animación infantil y juvenil para ofrecernos algo más; mucho más, teniendo en cuenta el turbulento contexto social en el que vivimos: esperanza y ganas de vivir.

VALORACIÓN: 9.5

TRAILER:

Y ahora tened cuidado, chicos, que vamos a entrar de lleno en territorio SPOILERS a cuchillo y sin piedad ninguna. Los que aún no hayáis tenido el placer de disfrutarla ya estáis tardando en entrar en Disney+ y echarle los dos ojos y el resto de sentidos.

¡¡¡¡¡SPOILER ALERT!!!!!! ¡¡¡DANGER!!!

Una idea tan loca como bonita

Pete Docter relató en una entrevista que se le ocurrió la premisa de este film observando el comportamiento de su propio hijo. Los bebés parecen estar dotados de una cierta personalidad prácticamente desde su nacimiento, sin que hayan tenido tiempo suficiente para que el ambiente y sus propias experiencias les hayan podido modelar una. Debe haber algo detrás de esa especie de «identidad subyacente», y a falta de una explicación científica completa de este misterio Docter articula una bellísima explicación alegórica que combina elementos de psicología, física teórica, espiritualidad y filosofía. Aunque insisto en que nadie se confunda: Soul no es una película religiosa, como bien se encargan de aclarar con suma elegancia los monitores de almas «Jerrys a un desorientado Terry»:

– «¿Esto es el cielo?

– Jajajajaja. No.

– ¿Es el I-N-F-I-E-R-N-O?

– Es fácil confundirse. Esto no es el Mas Allá. Es el Más Atrás.»

En unas pocas líneas de diálogo Docter y compañía han explicado al espectador que Joe ha estado a punto de morir; pero que se está debatiendo entre la vida y la muerte en un coma profundo que le permite abandonar el tránsito hacia el Más Allá (que habría estado genial poder desentrañar, pero que se queda en una bella visión similar a la de un agujero negro brillante de nuevo a lo Interestelar) y retroceder hacia la escuela de almas (conciencias) donde se forjan hasta que se encuentran preparadas para habitar en un cuerpo humano. Los rasgos que condicionan la personalidad de un individuo presentan un indudable componente innato, y aquí Soul nos lo demuestra a la vez que derriba el mito de «la vocación» inquebrantable y de que luchar hasta conseguir nuestros sueños nos asegura la felicidad eterna. Aquí es donde Pixar nos da un buen puñetazo de realismo, a diferencia de muchas otras películas (en teoría incluso más adultas y violentas) donde esta perspectiva idealizada se mantiene por miedo al rechazo del espectador.

FUENTE: https://www.20minutos.es/

Pixar sabe dar donde duele

Y si todavía no os he convencido de que esta gente de Pixar son unos maestros en la construcción de diálogos inteligentes, aquí os dejo las divertidísimas y acertadas reflexiones de 22 sobre el lado oscuro de la vida y las profesiones:

«No se puede destrozar un alma aquí. Para eso está la Tierra»

– «¿Y bibliotecaria? Molan.

– Sí, mucho. ¿Quién no querría un trabajo ingrato que puedes perder en cualquier momento por los recortes? Aunque me gusta lo de chistar a la gente porque sí».

La Pixar más crítica y gamberra no se queda aquí, sino que la vemos presente en varios elementos más del film. En nuestro egocentrismo inconsciente que nos impide profundizar verdaderamente en nuestras relaciones interpersonales (la secuencia de la peluquería es muy reveladora en este sentido); en nuestra incapacidad para expresar de manera sincera nuestras inquietudes a nuestros seres queridos (la última discusión entre Joe y su madre lo ilustra perfectamente, y además presenta un juego con el montaje y las voces de los personajes excepcionalmente ejecutado); nuestra obsesión por encontrar una única profesión o actividad que le confiera sentido a nuestra vida cuando el mero hecho de vivir ya es suficiente justificación para orientarnos en la dirección que podamos y sepamos tomar en cada etapa… Soul nos confronta directamente con un hecho doloroso pero inexcusable: la vida no siempre es maravillosa, no siempre podremos hacer lo que nos apasiona en cada momento, y no existe algo así como un destino único para toda la vida; sino más bien un impulso que en cada momento nos prepara para seguir viviendo pese a las adversidades.

También profundiza Soul en nuestras emociones y sentimientos más arraigados: en nuestro miedo atávico y ancestral a la muerte (Joe se aferra a la vida pese a estar a las puertas de un Más Allá hermoso y deslumbrante); en nuestro temor a morir sin dejar huella en el mundo («Tengo miedo de que, si muriera hoy, mi vida no sirviera para nada»-, llega a afirmar Joe antes de reconciliarse con su madre); en la inquietud universal por encontrar aquella profesión que nos haga sentir realizados («la chispa»); y en la depresión existencial que nos acerca más a la muerte que a la vida cuando no conseguimos alcanzarla o nos obsesionamos con ella (los seres oscuros que deambulan por el limbo). Soul no ofrece una solución mágica para todas estas incertidumbres, pero sí nos dispensa un consejo muy valioso: debemos empezar por apreciar el regalo inmejorable que es la vida y el mundo que nos rodea, con sus injusticias y calamidades, y a partir de ahí reconstruir nuestra vida hacia donde sintamos y consideremos que alcanzaremos mayor felicidad. La película no nos aclara que va a hacer Joe una vez regresa a la vida; pero lo que sí podemos intuir es que va a disfrutarla y a hacer todo lo que hasta el momento se había negado a sí mismo por su crónica depresión vital (¿recuperar su antigua relación sentimental? ¿volver al instituto? ¿mejorar la relación su madre?). La película es tremendamente sagaz, ya que ante nuestras dudas lo que hace es proponernos soluciones que nos llevan a nuevas incógnitas. ¿Pero qué ha cambiado por el camino? Nuestra forma de percibirnos a nosotros mismos y a nuestro entorno. Ser incapaces de aceptar la realidad de nuestra existencia e intentar golpearnos contra un muro sistemáticamente hasta caer en la enfermedad y arrastrar al resto a nuestro funesto itinerario por creer que la vida se basa en una sola cosa (Joe) ,es igual de temible que ser poseídos por una actitud pesimista y nihilista absoluta ante la vida, desechando las alegrías que ésta pueda ofrecernos por miedo a no ser lo suficientemente buenos para conseguirlos (22).

La metáfora del pez buscando el océano y no siendo capaz de reconocerlo cuando lo ve por no querer valorar racionalmente lo que verdaderamente supone es uno de los momentos de catarsis emocional del film para el personaje de Joe. Éste por fin ha cumplido su anhelado sueño, pero entonces se sorprende al sentirse vacío. Cuando confundimos un sueño con toda nuestra vida, corremos el riesgo de que lo que amamos se convierta en rutina y terminemos hastiados. Aquí es cuando Joe termina de aprender que la vida en sí misma es el mayor de los dones: y que para poder hacer lo que realmente nos gusta antes tenemos que aprender a ordenar nuestras prioridades y a preocuparnos realmente por nuestra salud mental y física y la de los que nos rodean. FUENTE: https://www.fotogramas.es/

La hermosa escena de Joe tocando el piano y recordando a su padre nos traslada de nuevo a ese recurrente mensaje: es tan bello y tan inmenso el universo en el que habitamos, tan lleno de posibilidades, que mientras sigamos con vida prácticamente siempre vamos a encontrar situaciones en la vida que nos aporten felicidad y estabilidad mental. El arte en particular, y nuestras aficiones en general, son capaces de proporcionarnos esos momentos de iluminación casi espiritual que tan gráficamente representa la película, y que nos remiten tanto a la famosa inspiración de poetas y músicos como al «Eureka» científico o al éxtasis religioso que alcanzaban y alcanzan muchos creyentes. Sólo por esa sensación de goce que parece elevarnos del mundo hacia instancias superiores donde solo estamos nosotros y esa otra persona o circunstancia, y que puede ocurrir en pequeños detalles o en momentos cruciales, merece la pena vivir.

Un cerro de referencias con sentido

Desde Santa Teresa de Calcuta hasta Karl Jung, desfilan por delante de nuestros ojos muchas de las unánimemente consideradas como personalidades más ilustres de nuestra historia. Además de ofrecernos algunos de los momentos más desternillantes de la película, también nos instan a reflexionar: ¿son estas eminencias en sus respectivos campos, tan reverenciadas por sus cualidades y logros en el progreso material y cultural de la humanidad, los que logran disuadir a 22 de su actitud de que encuentre razones para vivir? No. Al final es un «simple» profesor de música de instituto, que se siente fracasado y que teme no ser recordado por haber conseguido nada en la vida, el que logra la transformación de 22 y de paso la suya propia. En Soul hay pocas cosas que estén dejadas al azar (tal vez el alma del pobre gato queda un poco olvidada hasta que regresa mágicamente a su cuerpo material), pero aunque existan se las perdonamos. Cuando una película logra impactarnos tanto a nivel emocional e intelectual, centrarnos en semejante nimiedades puede ser idéntico a señalar la luna y quedarnos mirando el dedo.

La presencia de personajes, tanto reales como ficticios, que intentan conectar con su esencia o con alguna entidad situada más allá de lo físico está presente a lo largo de gran parte de la trama de la película. Soul es un intento loable por sustentar esa necesidad tan humana de depositar nuestra creencia en seres o fenómenos superiores a nosotros (sin que sean necesariamente religiosos) a los cuales podamos venerar y con los cuales podamos contactar llevando a cabo determinados ritos (que pueden ser hasta simples posturas de meditación). La película reivindica una suerte de agnosticismo integrador del que todos podemos formar parte, puesto que compartimos anhelos y principios morales comunes. Creas en la existencia de dioses, de fuerzas sobrenaturales omnipresentes, de entidades naturales, de nuestro cerebro únicamente o de alienígenas procedentes de otros planetas, al final todos los seres humanos compartimos un mismo planeta en esta vida. Con independencia de lo que exista después de ella (cada uno interpretará lo que hay al otro lado de ese agujero negro) debemos esforzarnos por preservar y proteger lo que hemos recibido gracias al regalo de la vida: a nuestros padres por habérnoslo otorgado; a nuestros dioses por haberlo creado todo, o a quien sea. Lo realmente importante es que la vida puede desvanecerse en cualquier momento (Joe esquiva la muerte en varias ocasiones hasta que finalmente se da de bruces contra ella) y que, frente a esta fugacidad, lo mejor es aprovechar cada minuto y no condenarnos a una vida de desidia y resignación. No seamos como Terry o como el asesor financiero, que se hallan sumidos en una vida repetitiva y rutinaria de la cual solo extraen placer aprovechándose del infortunio ajeno en su propio beneficio: si hacemos algo, que sea porque queremos y porque realmente hemos razonado actuar de esa manera. Sin protocolos sociales innecesarios, sin imposiciones familiares, sin frustraciones ni estigmas sociales. Porque tal vez tener alma no sea creer en un fantasmita verde que asciende a los cielos cuando fallecemos; tal vez tener alma signifique disfrutar y preocuparnos de la vida que conocemos a cada momento, y no obcecarnos con una posteridad que desconocemos cuando llegará. Tal vez tener alma implique aprender a vivir como realmente necesitamos.

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