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FILMIN – Crítica de “The Show”

Un inquietante y surrealista laberinto de pesadillas que deslumbra a la par que desconcierta

Polifacético, creativo, controvertido, ingenioso, satírico, enajenado, innovador…son muchos los calificativos que ha recibido el prolífico autor y guionista Alan Moore a lo largo de sus 67 años. De lo que no cabe duda alguna, se simpatice más o menos con su personalidad y opiniones, es que constituye uno de los talentos culturales más relevantes del siglo XX; y cuyo eco resuena todavía en la presente centuria. Guionista de novelas gráficas tan poderosas y rupturistas como V de Vendetta, Watchmen o La Broma Asesina, el genio de Northampton ha revolucionado prácticamente cualquier personaje o género que ha tocado; partiendo de la deconstrucción de lo preexistente (donde aplica su espíritu más vehementemente crítico) para edificar sobre nuevos cimientos que sirvan para reflexionar sobre dilemas filosóficos complejos que abarcan desde la política a la religión, pasando por la ética científica y la contracultura. Es pública y notoria la percepción de que Moore es, junto a Frank Miller, el responsable de que los cómics adquiriesen una nueva dimensión de madurez argumental que venía gestándose desde los años 70 y que se consumarían con varias historias que no tuvieron nada que envidiar a obras maestras de la literatura; tanto contemporánea como pretérita. Sus esporádicas incursiones fuera del medio de las viñetas (del cual parece presuntamente haberse retirado tras décadas de éxitos y frustraciones) se habían limitado hasta ahora a la publicación de dos novelas, donde pudo dar rienda suelta a su célebre tendencia a las descripciones profusas (un rasgo que, intencionada o casualmente, comparte con Tolkien o Lovecraft) y agrandó todavía más su leyenda. Sin embargo, tras allanar el terreno con diversos cortometrajes dirigidos por su compañero y amigo Mitch Jenkins, Alan Moore se ha resulto por fin a adentrarse en el escabroso terreno cinematográfico. Hastiado de décadas de blockbusters comerciales y grandes franquicias superheroicas, el responsable de From Hell ha recurrido a la osadía intelectual que le caracteriza para intentar aportar su punto de vista acerca de cómo debería ser el cine moderno. Esta afirmación suena preocupantemente pretenciosa (admitámoslo: Alan Moore es un escritor MUY PRETENCIOSO, haciendo la mayoría de sus obras objeto de interés hacia mi persona por esa valentía indomable que le caracteriza), y pese al inequívoco prestigio acumulado durante décadas, esta decisión creativa ha generado tanto escepticismo como expectación. ¿Habrá merecido la pena el experimento? Vamos a verlo.

Jimmy's End, el corto surrealista y noir de Alan Moore
“Soy Alan Moore, y te sedusco con mis poderes chamánicos”. Su barba y su melena enmarañada son de las más reconocibles de la historia de la cultura popular.
FUENTE: https://hipertextual.com/

Genio y figura

Alan Moore es para mí como uno de esos amigos íntimos con los que discutes mucho y muy frecuentemente, pero a los que admiras sin vacilar y cuya participación en cualquier proyecto propicia que estés mucho más implicado y atraído por él. Sus propuestas, aunque discutibles, siempre están fundamentadas y trascienden la simple opinión para perseguir una finalidad que suele sustentarse en la que es una de las obsesiones esenciales de Moore: la transformación social y el derribo de los paradigmas filosóficos conservadores. Este autor no suele acomodarse en la nostalgia, sino que por contra busca la provocación y la reinterpretación de lo conocido. Y The Show no es ajena a esta inquietud tan revolucionaria del siempre subversivo Alan Moore. El guionista británico traslada a este film esa fascinación casi reverencial hacia su ciudad, Northampton, hasta el punto de querer convertirla en una urbe mítica al estilo de la Londres victoriana o de la Silent Hill de los videojuegos de Konami (que ya resultaba ostensible en algunas de sus obras previas como la inconmensurable novela Jerusalem). Expandiendo muchas de las ideas que ya aparecían en su colección de cortos recopilada con el nombre de “The Show Pieces”, Alan Moore explora los límites entre la realidad y la fantasía; empleando el mundo de los sueños y una suerte de realismo mágico humorístico como nexo de unión entre ambos planos de existencia. Este énfasis en los mundos oníricos y en el surrealismo como vehículo para ahondar en los límites del conocimiento humano nos remite a otros artistas como David Lynch, cuyo Twin Peaks y (en menor medida) su cautivadora Mulholland Drive se revelan rápidamente como fuentes de inspiración y/o de comparación. No obstante, a diferencia del afamado director estadounidense, Alan Moore no deja prácticamente lugar a la abstracción sin función narrativa evidente. Como buen narrador de historias, el escritor de Northampton hilvana una trama que toma prestados los tropos y ademanes de varios géneros (el cine negro, el policíaco, el thriller psicológico, los superhéroes y el terror más fantástico) para canalizarlos al servicio de una trama muy personal que se siente como un cómic más de Alan Moore pero trasladado a la gran pantalla desde su fuente original y sin adulterar. Lo que en otras manos podría culminar en un batiburrillo incomprensible y tedioso, adquiere en The Show una identidad tan peculiar y a la vez tan llamativa que, bien por pura curiosidad o bien por genuina pasión, nos induce a seguir pegados a la pantalla para deleitarnos con el próximo giro de guion o la siguiente frase de diálogo. Moore consolida su intención de materializar un universo propio a través de esta película, y logra este propósito con creces. El ambiente lúgubre y macabro que impregna las calles de Northampton durante la noche contrastan con una estilizada y fría paleta de colores diurna en la cual los propios personajes actúan y sienten de modo diferente en ambos momentos del día.

Seré todavía más claro: The Show es un film complejo y exigente. Hay un relato lineal y consistente que puede seguirse y que satisfará a los aficionados al cine negro con retazos de fantasía y de ciencia ficción, mas gran parte de su contenido más valioso se perdería por el camino. Esta película merece ser disfrutada con calma y sin agobios, ya que su ritmo es lento y la densidad de sus referencias y de sus planteamientos sobrepasa a la mayoría de películas que se pueden ver hoy en día en cualquier cine o plataforma de streaming. Desde el propio nombre que adopta el personaje interpretado por Tom Burke al comienzo del film hasta las conversaciones con personajes presuntamente fallecidos, mucho de lo que aparece en The Show tiene una doble o triple lectura. Esta distribución del contenido de la película en capas de complejidad acumulativas se plasma en una interacción muy estrecha entre narrativa e imágenes (atención a la excelente alusión acerca del “segundo plano”), donde el espectador puede verse abrumado con tantos detalles que le hagan desconectar ligeramente del relato. En mi caso no sucedió así, y cada nuevo cartel, nuevo personaje o nuevo detalle de diálogo que se revelaba me enganchaba todavía más a este microcosmos “Mooriano”. Tal vez la obra deja cabos sueltos en varias subtramas, pero se ha de tener en cuenta que esta película es más una presentación o “episodio piloto” de lo que ya ha anunciado el propio Alan Moore como un proyecto televisivo que le emparenta todavía más con Twin Peaks. Aún así The Show nos ofrece suficientes misterios y respuestas a éstos como para estar meses debatiendo y analizando prácticamente cada fotograma. Desde su habitual acidez y cinismo contracultural, Alan Moore somete a su socarrón examen la música postmoderna, la ambigüedad moral, las intromisiones de los vigilantes enmascarados y sus riesgos potenciales hacia la privacidad, el poder de la poesía y de los sueños, la estigmatización social y los turbios chanchullos de los bajos fondos. Esta mescolanza, junto a otros asuntos que no desvelaré para evitar los temidos spoilers, hacen de este film un producto que parece extraído de una de las mejores novelas gráficas de Moore pero perfectamente ajustado al lenguaje cinematográfico. Definitivamente el bueno de Alan no ha venido a reinventar el cine tratando de convertirlo en un cómic andante, sino que (tal y como hizo con las viñetas) juega con los códigos prestablecidos para lanzarse en un tripi lisérgico repleto de momentos brillantes que oscilan permanentemente entre la comedia negra y el thriller fantástico y de intriga. Es tan complicado encasillar este film en los códigos del cine convencional como satisfactorio tener que inventarse categorías nuevas para describirlo. Gracias, Alan Moore, porque te ha bastado con tu primer guion serio para cines para dinamitar las actuales tendencias del cine independiente y abrir una nueva vía llena de posibilidades y experimentaciones dentro del apasionante universo que has construido. Independientemente de que haya secuela televisiva o cinematográfica, yo ya estoy completamente dentro.

Un Mitch Jenkins que rebosa talento como director

The Show" la primera película Alan Moore: no falta humor británico ni  fantasía | La 100
La dirección de The Show es brillante, con pocos planos dejados al azar y una enorme creatividad visual.
FUENTE: https://la100.cienradios.com/

The Show es, sorprendentemente, un derroche de inventiva y habilidad del director Mitch Jenkins. Habitualmente asociado por su trayectoria profesional a la dirección de fotografía, el bueno de Jenkins despliega un extenso arsenal de recursos y técnicas que deslumbran e inquietan a partes iguales; sobre todo teniendo en cuenta que éste constituye su debut como director de cine. La simbiosis entre guion y dirección es plena, hasta el punto de que hay determinados juegos con la profundidad de cámara que son mencionados en los propios diálogos de manera sutil; y a su vez hay transiciones y planos específicos que sirven exclusivamente a propósitos narrativos. Puede que esperase una dirección más funcional y menos elaborada, y por éso me haya complacido tanto el trabajo que realiza Mitch Jenkins en esta película. Hay planos panorámicos que ambientan a la perfección, planos generales que encuadran a los personajes con mucha astucia, planos medios y cerrados que transmiten la atmósfera de desolación y tinieblas que envuelven a Northampton durante la noche, primeros planos que permiten a los actores recrearse en sus papeles y dar lo mejor de sí mismos, un dominio sensacional de la iluminación y de los espacios…todo ello respaldado por la excelsa fotografía de Simon Tindall. Los días son fríos y grisáceos en esta extraña ciudad, al tiempo que las noches bullen de colores cálidos (rojos, amarillos…) mientras imperan la depravación y la violencia. Si bien Moore aprovecha esta película para censurar vicios presentes y futuros de la Inglaterra contemporánea (tal y como lo vino haciendo durante sus obras pretéritas en el mundo del cómic), Jenkins retrata Northampton revistiéndola de una aureola de misticismo y encanto innato igual o más efectivo del que intentó transmitir el guionista inglés en sus novelas. Cada recoveco oculta enigmas irresolubles; y de hecho el personaje de Becky Cornelius (interpretado por Ellie Bamber) simboliza al propio Moore y su afán exhaustivo por conocer la historia y el folclore de su ciudad de manera enfermizamente pormenorizada; y no son escasas las ocasiones en las que nos toparemos con planos detalle de carteles u otros mensajes escritos donde se proporciona al espectador un vistazo a todo ese contexto y esa intrahistoria que la película sugiere pero que todavía no nos permite ver del todo. No hay una vasta abundancia de localizaciones, pero sí las suficientes como para que el montaje sea dinámico y la investigación efectuada por Fletcher Dennis (Tom Burke) y Siobhan Hewlett (Faith Harrington) resulte atractiva y sugerente.

Y si no fuera suficiente con lo anterior, el diseño de producción y el vestuario de The Show es cautivadoramente eficaz para el moderado presupuesto con el que ha contado este film. Desde los meticulosos y decadentemente opulentos interiores del desasosegante Jimmy’s End hasta el elaborado y suntuoso atuendo de algunos de los personajes más extravagantes del film (Frank Metterton, John Conqueror), todos los pormenores estéticos de esta película han sido cuidados con un nivel de escrupulosidad loable. Todo posee un aire de cuento gótico delicioso, en consonancia con parte de sus elementos narrativos, tornando la historia en un cóctel de eventos bizarros o satíricos con otros dolorosamente realistas o metafóricos (el abuso sexual masculino y la impunidad, la mentira…). Redondeado todo ello con la más que correcta banda sonora de Andrew Broder, Adam kidd Drucker y Alan Moore; la cual, además de favorecer esa inmersión tan especial en los escenarios de Northampton, aporta un puñado de buenos temas originales o reimaginados dotados de carisma y originalidad que engrandecen todavía más la calidad de The Show.

Unos personajes situados en el límite de la locura

The Show - Filmin
La galería de personajes estrambóticos, perturbadores y grotescos es bastante extensa. No todos tienen un desarrollo dramático significativo o una personalidad definida, pero la mayoría cumplen sus roles a la perfección.
FUENTE: https://www.filmin.es/

Northampton está repleta de individuos extraños y de conducta poco convencional, poca duda cabe de ello. Empezando por su protagonista Fletcher Dennis (un sensacional Tom Burke al que pudimos ver en Mank interpretando al mismísimo Orson Welles), cuya identidad se presenta como un misterio para el propio espectador que va desenmarañando progresivamente conforme avanza el film y cuya actitud impasible y experimentada contrasta con su férreo código de valores; siguiendo con una magnífica Faith Harrington (Siobhan Hewlett) que retoma su papel en los cortos previos y ejerce una función que se distancia de los tópicos de la “mujer fatal” asidua al cine negro clásico para convertirse en una víctima más de la singular conspiración que se está llevando a cabo en la trastienda onírica de esta ciudad. El papel de Alan Moore como Frank Metterton está sumergido en un halo de indescifrable secreto arcano que le otorga un carisma muy especial, pudiendo destacarse además que actúa bastante mejor de lo que cabría esperar. Otros exóticos sujetos, tales como el detective doble Tim (tanto el cambio a blanco y negro durante su primera aparición como el propio metalenguaje paródico de la voz en off resultan portentosos), el forense y “vampiro” que coopera con Dennis en la investigación e infunde una indescriptible sensación de incomodidad con su mera presencia, la sagaz e inmoral Sheila Atim como John The Conqueror (alter ego de los dueños del hampa y líderes de los bajos fondos vinculados a los thriller criminales pero con esencia claramente cercana a la naturaleza de Alan Moore) y otras personalidades igual o más excéntricas conforman una plantilla de lujo que dotan a la película de esa deliciosa síntesis de rareza y genialidad que tan bien le sientan. Pocos actores se limitan a cumplir sin que al menos algo en ellos nos llame la atención en un sentido positivo.

Con el Jimmy’s End como cimientos en torno a los cuales pivotan la mayoría de las incógnitas de la trama, The Show comienza donde finaliza el último de los cortos rodados por Alan Moore y Mitch Jenkins concluyó. No obstante, no es necesario haber visto ninguno de ellos para comprender los fundamentos y la evolución de la historia que relatan ambos artistas; pese a que su visionado enriquece la experiencia y aporta algunos matices a la cosmogonía de este Northampton tan atrayente y pesadillesco a la par. Moore parece decidido a crear una suerte de universo cinematográfico propio al margen de las grandes franquicias, y desde luego que con este arriesgado y sincero proyecto va por buen camino. No es una película para todo el mundo, desde luego: contiene rasgos cercanos al surrealismo, hay muchas metáforas y referencias difíciles de captar en un primer visionado, no hay actores ilustres ni excesivamente famosos en el reparto, el ritmo es sosegado, su final está demasiado abierto (y peligrosamente dependiente de su secuela televisiva), Alan Moore se extralimita en momentos contados explayándose en sus obsesiones personales y dejando ligeramente de lado la consistencia narrativa del film y se nota exageradamente que el tono lúgubre de la cinta se deja por el camino cualquier atisbo de emocionalidad que pudiera inferirse de la interacción entre sus personajes (Fletcher Dennis no es un tipo enamoradizo y deja claras sus prioridades en la manera en la que rechaza el contacto íntimo con las dos mujeres que sienten atracción hacia él; pero por todo lo demás, la sensación que me ha dejado The Show es prácticamente inmejorable. No solo Alan Moore no ha traicionado su estilo ni sus convicciones, sino que ha subsanado sus limitaciones presupuestarias y ha sorteado las atenazadoras exigencias del cine comercial actual para brindarnos un entretenimiento cerebral de primera magnitud que irradia originalidad y carácter propio por todos sus recovecos. Una de las películas más interesantes y novedosas de lo que he visto este año, e inequívocamente un estreno de lujo para el portento intelectual que es Alan Moore pese a sus frecuentes salidas de tono. The Show es una apuesta segura gracias a su desbordante imaginación y a una valentía escasa en una industria generalmente mucho más proclive al conservadurismo y la reiteración que a la reinterpretación y al rupturismo formal y argumental que atesora este film. The Show podrá verse en Filmin a partir del viernes 20 de agosto. A todos los fans de Alan Moore, del cine vanguardista o del buen cine en general (si estáis dispuestos a dejar aparcados los prejuicios), no os recomiendo que dejéis escapar esta pequeña joya. Avisados quedáis. Un abrazo a todos y a todas, mucha salud y mucho cine. Hasta la semana que viene.

VALORACIÓN: 8.8

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